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El juguetito de Arcade Fire

The Arcade Fire

Lleva algunas semanas causando furor en internet un videoclip interactivo de Arcade Fire muy en la línea de los dos realizados para su anterior álbum (“Neon Bible” y “Black Mirror”). El nuevo vídeo, o “experiencia”, según los cánones de grandilocuencia tan de moda, se puede “vivir” aquí:

www.thewildernessdowntown.com

El lector curioso habrá comprobado que se trata de una aplicación html5 o algo así con GoogleChrome y no sé qué más capaz de conectar P2P a uno con su propia infancia y recuerdos, oiga. O eso dicen. Yo hice el jueguecito el otro día. Y me gustó ver mi casa desde arriba, sí, pero lo hice ya en 2005 con la novedad del GoogleEarth, programa que ya ni recuerdo tener instalado. Y no he entendido muy bien eso de escribir una postal al niño que fui. Me sentí como quien tiene un boli que no pinta o quien manda un mail de prueba. Quiere eso decir que mi postal a mi yo de la infancia consistió en un rayajo y un “holaholaholahola”. Profundo.

Tengo la impresión (esto es una opinión personal) de que hoy en día se corre el riesgo de considerar cada último juguete de este tipo como la reinvención de algún tipo de lenguaje. El vídeo en cuestión me parece curioso, sí, y no se puede negar que aventura nuevos modos de publicitar las canciones. También es cierto que entierra al videoclip tradicional, hecho no tan notable en tanto que éste ya lleva muerto bastante tiempo. Pero el juguete no pasa de ser un accesorio del tema que suena de fondo (”We used to wait”), accesorio que no necesito para saber que el tema es excelente, como excelente es el último disco de Arcade Fire. No sé, es como si se pretendiera (cosas del marketing, supongo) que cada nuevo “cachivache” (toma vocablo arcaico – muy a juego con el post- ) de Steve Jobs, cada efecto especial “aún más allá”, cada nuevo par de gafas 3D y, en general, cada novedad de este tipo anticipase una nueva revolución cultural que fagocite a la precedente con la misma velocidad con la que un Madrid -Barça roba el título de “partido del siglo” al anterior.

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Tarantino elige su top20 desde 1992

La cadena de televisión Sky pide a Tarantino que haga una lista de las 20 mejores películas de los últimos 17 años, es decir, su top 20 de films estrenados desde su debut como director (Reservoir Dogs se estrenó en 1992).

Que el cine de Tarantino bebe de mil y una fuentes (no sólo kung fu, blaxploitation y demás serie B) ya se sabía. Que su gusto cinematográfico es heterogéneo, también. Y de que dicho gusto es (cuanto menos) discutible no cabía duda.

Poca novedad por tanto. Pero allá va:

Como veis, hay de todo: de Lars von Trier a Jackie Chan, de Woody Allen a cine de terror coreano, de taquillazos (Matrix, Speed) a entrañables revisiones de serie B en clave de comedia (la mil y una veces reivindicable Zombies Party).

La primera de la lista es esa historia de niños orientales adoctrinados para matar que hizo furor en los videoclubs hace más bien poco llamada Battle Royale (ya, yo tampoco). El resto (sin un orden en particular, simplemente alfabético) son:

Todo lo Demás (Anything Else), de Woody Allen
Audition, peli de terror japonesa de 1999
Blade: sí, la de Wesley Snipes
Boogie Nights, de Paul Thomas Anderson
Dazed & Confused, de Richard Linklater (no la conocía)
Dogville, de Lars von Trier
El Club de la Lucha (Fight Club), de David Fincher
Fridays: una comedia con Chris Tucker y ice Cube (ni idea)
The Host: una peli de terror coreana
El Dilema (The Insider), de Michael Mann: la de Russell Crowe y Pacino de las tabaqueras
Joint Security Area, de Park Chan-wook
Lost In Translation, de Sofia Coppola
Matrix
Memories of Murder, otro film coreano
Police Story 3: no es sino Supercop, de Jackie Chan
Shaun of the Dead (infaustamente titulada Zombies Party en España)
Speed
Team America: la de marionetas de los creadores de South Park
Unbreakable (El Protegido) de M.Night Shyamalan

Y como no puedo evitar entrar al trapo, entro:

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Malditos Bastardos

Malditos Bastardos
Inglourious Basterds (2009) de Quentin Tarantino

Lo confieso: no sé escribir criticas de cine. Se supone que se trata de expresar en 350 palabras las sensaciones producidas por una tira de celuloide de 35mm, sin entrar en detalles de la trama, pues el objetivo de todo crítico (¿no lo es, al fin y al cabo?) es autojustificar lo triste de su trabajo (¿alguien puede vivir con la conciencia tranquila criticando todo lo que va a ver de gratis?) buscando una justificación más alta: ejercer de manipulador de las voluntades de los hombres, decidiendo con su pluma si estos irán o no a ver tal o cual película. Y está claro: contarles el final no es un modo elegante de alejarlos del cine. El crimen de intenciones artísticas es algo mucho más sutil y elaborado.

Estamos, pues, de acuerdo: es complicado criticar una película sin contar detalles del argumento. Quiere esto decir que lo que sigue no es sino un destripamiento de la trama, personajes y del final del film que nos ocupa. Avisado queda:

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GrindHouse: Planet Terror + Death Proof

Grindhouse

Grindhouse (2007), de Robert Rodriguez y Quentin Tarantino

(Nota: contiene “spoilers”)
Grindhouse fue inicialmente concebida como una sesión doble de cine de serie B, con Planet Terror en primer lugar,  seguida por Death Proof y, entre medias, una serie de trailers totalmente delirantes de películas imaginarias ideados y realizados por la troupe de “amiguetes” del tándem Tarantino-Rodríguez (Eli Roth, Rob Zombie o Edgar Wright).

El proyecto fue estrenado como sesión doble en EEUU, pero los malos resultados en taquilla obligaron a recuperar la inversión en Europa, con lo que ambas películas se estrenaron por separado y con escenas adicionales (las versiones originales no llegaban a los 80 minutos en EEUU, mientras que en Europa ambas sobrepasan los 110 minutos).

Frente a la tradicionalmente vilipendiada figura del “malvado productor”, es bien cierto que a Tarantino a veces le viene bien un productor que frene sus desvaríos.  Fue Harvey Weinstein quien le paró los pies cuando el de Tennessee quiso estrenar Kill Bill como un film único de cuatro horas, pero Weinstein, con buen criterio, vino a señalar que dos horas de miembros cercenados, katanas de Hattori Hanzo, música vibrante y coñonetas en acción, seguidas de otras dos horas de introspección, ritmo pausado y de primeros planos a lo Sergio Leone no es, ni mucho menos, un plato que se sirva frío. Es mas bien un desafío para el espectador….

Lo mismo ocurre con este Grindhouse. La decisión de separarlas en más que acertada, pues el ritmo de ambas partes es totalmente diferente. Planet Terror es una auténtica feria, un divertimento contínuo en el que el ritmo no decae….En Death Proof, en cambio, Tarantino se permite 50 minutos para presentar a sus personajes, para posteriormente arrancar su festival, interrumpirlo durante otros 20 minutos y concluir a lo grande.

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