
Lleva algunas semanas causando furor en internet un videoclip interactivo de Arcade Fire muy en la línea de los dos realizados para su anterior álbum (“Neon Bible” y “Black Mirror”). El nuevo vídeo, o “experiencia”, según los cánones de grandilocuencia tan de moda, se puede “vivir” aquí:
El lector curioso habrá comprobado que se trata de una aplicación html5 o algo así con GoogleChrome y no sé qué más capaz de conectar P2P a uno con su propia infancia y recuerdos, oiga. O eso dicen. Yo hice el jueguecito el otro día. Y me gustó ver mi casa desde arriba, sí, pero lo hice ya en 2005 con la novedad del GoogleEarth, programa que ya ni recuerdo tener instalado. Y no he entendido muy bien eso de escribir una postal al niño que fui. Me sentí como quien tiene un boli que no pinta o quien manda un mail de prueba. Quiere eso decir que mi postal a mi yo de la infancia consistió en un rayajo y un “holaholaholahola”. Profundo.
Tengo la impresión (esto es una opinión personal) de que hoy en día se corre el riesgo de considerar cada último juguete de este tipo como la reinvención de algún tipo de lenguaje. El vídeo en cuestión me parece curioso, sí, y no se puede negar que aventura nuevos modos de publicitar las canciones. También es cierto que entierra al videoclip tradicional, hecho no tan notable en tanto que éste ya lleva muerto bastante tiempo. Pero el juguete no pasa de ser un accesorio del tema que suena de fondo (”We used to wait”), accesorio que no necesito para saber que el tema es excelente, como excelente es el último disco de Arcade Fire. No sé, es como si se pretendiera (cosas del marketing, supongo) que cada nuevo “cachivache” (toma vocablo arcaico – muy a juego con el post- ) de Steve Jobs, cada efecto especial “aún más allá”, cada nuevo par de gafas 3D y, en general, cada novedad de este tipo anticipase una nueva revolución cultural que fagocite a la precedente con la misma velocidad con la que un Madrid -Barça roba el título de “partido del siglo” al anterior.



