
Das Weisse Band – Eine Deutsche Kindergeschichte, de Michael Haneke (2009)
Un pueblo del norte de Alemania en los meses previos al estallido de la Primera Guerra Mundial. Una serie de extraños acontecimientos, al parecer motivados por una voluntad oculta de aplicar castigos rituales, sacuden al pueblo. ¿Quién está detrás de estos actos?
Hasta ahí el planteamiento de la historia en tanto que película de asesino en serie o whodunit, que diría Hitchcock.
Y a partir de ahí, pura alegoría: sugerente, inquietante, fascinante. Haneke crea una gama de personajes-arquetipo que se adhieren a la memoria del espectador, proponiéndole nuevas preguntas y proporcionando nuevas respuestas semanas después del visionado. Entre esos personajes destacan por encima de todo los niños, que parecen directamente sacados de El Pueblo de Los Malditos, pero también el pastor obsesionado con la pureza del alma; el médico cruel y corrupto de puertas adentro, que sin embargo vende una imagen de corrección de puertas afuera; la familia de campesinos oprimida por el patrón, con el conflicto padre-hijo sobre la mansa aceptación de esa opresión; el barón y la baronesa, ésta última parte consciente de la corrupción y miseria subterráneas que ahogan al pueblo.
Con todos estos personajes Haneke construye un intrincado juego de espejos en el que cualquier interpretación es válida. Sin embargo él mismo ha pretendido irónicamente, y con un punto de maliciosidad, centrar toda la atención en los niños para resaltar una interpretación por encima de todas: desde el título original (La Cinta Blanca – Una historia de niños alemanes), al contexto histórico: se desarrolla en Alemania en 1913, luego estos niños serán futuros nazis. Conclusión apresurada: he aquí las causas.

