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Remakes: Valor de Ley y Cisne Negro

Valor de Ley y Cisne Negro. Nos han gustado ambas, aunque una más que otra, y cada cual a su manera. Son muy diferentes, si bien cada una es, también a su manera, un remake. “La crítica”, ese sujeto múltiple, en ocasiones un poco borrego y por lo general mustio, ha tratado bien a ambas, aunque tenemos la impresión de que a la primera le ha hecho pagar un peaje de entrada que la segunda también merecía.

Valor de Ley

True Grit (2010), de Joel & Ethan Coen

Ya dijimos por aquí que la versión que más nos gusta del cine de los hermanos Coen es aquélla en la que tiran de historias propias, sin adaptar novelas ni rehacer clásicos. Valor de Ley es ambas cosas: una nueva adaptación de la novela de Charles Portis, tras la de Henry Hathaway de 1969 con John Wayne como protagonista. Nos acercamos, por tanto, con reservas. Los hermanos se defienden, dicen haberse basado sólo en la novela, y no haber revisado el clásico de Wayne. Han hecho bien: ese film ha envejecido fatal, es soso, es plomizo, anacrónico hasta para su época, ñoño. Por lo visto en su día sólo sirvió para que Wayne se llevara el óscar que “no mereció” por Centauros del desierto o El hombre que mató a Liberty Valance. Lo de los Coen, afortunadamente, es otra cosa.

Pero ha bastado mentar el film de Wayne para que el análisis preventivo de la nueva Valor de Ley haya arrancado con un “sí, pero…” por parte de los mismos que ignoraron, el año pasado, su última (e interesantísima) creación original. Y es muy injusto, porque lo que los Coen han hecho en Valor de ley va mucho más allá del remake al uso: es casi una égloga, una oración fúnebre por el único género artístico genuinamente cinematográfico y, por ende, originalmente americano.

El film de 1969 era ya un bicho raro para su época. Se estrenó en plena tendencia desmitificadora de la épica del cine del oeste, casi a la vez que Grupo Salvaje y en pleno reinado del “spaghetti western”. Pero parecía un animal de otra era, con su reivindicación del viaje iniciático por verdes praderas en busca de los malos a ritmo de Elmer Bernstein. Asomaba, si bien tímidamente, la fatalidad de los destinos de esos hombres condenados a matar sin remedio, pero era todo amago. La película terminaba en un cementerio, quizá autoconsciente de que su discurso era ya de otros tiempos.

Los Coen la desentierran del cementerio, y ahora que el western está humillado (El bueno, el feo y el malo), muerto (Grupo Salvaje) y ha dejado testamento (Sin Perdón), ruedan una procesión de muertos vivientes oscura, tenebrosa, vibrante, a través del viaje iniciático de una niña que arranca con la muerte de su padre y termina con la muerte de su mundo, ese Oeste americano que la película resucita como si de una sesión de espiritismo de tratara. Pero el viaje, paradójicamente, es enormemente vitalista, con esa relación que establece con dos soberbios caraduras en medio de la omnipresencia de la muerte. Los Coen nos recuerdan así, una vez más, que el western está vivo y muerto al mismo tiempo. Y que los fantasmas existen, pues John Wayne sigue cabalgando entre nosotros, aunque ahora se llame Jeff Bridges. Si todos los remakes fueran así…

Cisne Negro

Black Swan (2010), de Darren Aronofsky

Uno tiene ya, en los primeros minutos de Cisne Negro, la certeza de que quien está tras la cámara anda sobrado de talento. Es hipnótico, es fascinante, es una espiral ascendente de desemboca en un excelente relato de terror de angustia casi insoportable. Magnífica Natalie Portman, y no menos los secundarios, empezando por esa Barbara Hershey que echábamos de menos desde Hannah y sus hermanas, a la que Aronofsky resucita convertida en una especie de ama de llaves de Rebeca, en una de esas madres hitchcockianas posesivas, alocadas, observadoras permanentes, acechantes en cualquier esquina de la casa.

Pero el modelo de Cisne Negro no es sólo ése, ni lo es El Lago de los Cisnes, que Aronofsky se limita a tomar como pretexto para construir su pesadilla. No, el germen en la sombra de Cisne Negro es otro, y es tan evidente que, forzando un poco, el film es casi más remake que lo de los Coen: Aronofsky, Tchaikovsky……..Polanski.

La deuda de Cisne Negro con Repulsión (1965) y con el cine de Polanski en general es tan grande que casi anula las muchas virtudes del film; éste retoma los mismos temas: la inseguridad y frigidez sexual como motor de la paranoia y las alucinaciones, la casa como cárcel, la mujer frágil víctima de hombres dominantes y fuerzas irreales que escapan a su control, etc. Cisne Negro es un cruce entre Repulsión, La Semilla del Diablo y La muerte y la doncella, y tan es así que cuando Natalie Portman sale de sus ensayos del Lincoln Center uno casi espera que doble unas cuantas manzanas y vaya al Dakota a consolarse mutuamente con su amiga Mia Farrow y mostrarse, la una a la otra, los mismos arañazos en la espalda de origen desconocido.

Valor de Ley y Cisne Negro. Remakes, cada uno a su manera. Los Coen cogen un género entero y lo desmenuzan, juegan con él, lo homenajean y lo reentierran tras divertirse a lo grande. Aronofsky vuela alto con su cisne y logra dos horas de gran cine, pero sus referencias vuelan más alto que él.

Alex de la Iglesia en Venecia

Debido a la escasez de medios de esta maravillosa página el enviado espacial a la Mostra de Venecia, ha tenido que quedarse en casa, y desde allí haciendo llamadas, y por stream informa de las novedades de Venecia.

En todo los rondos se comenta la lamentable selección de peliculas de la Mostra de Venecia. No es que Malas Artes lo sepa de su propia esperiencia porque todavia no ha conseguido la acreditación necesaria para acercarse, pero todo lo que transmiten sus compañeros es una Mostra insulsa y con pocas noticias, con un cine sin interes, más repito por si alguien no lo ha cogido que “no nos han dado la acreditación”.

Natalie Portman, como es tipico en ella, deslumbro no solamente por su presencia, hermosura e inteligencia si no por la actuación en “Cisne Negro” pelicula que he llegado a oir cuyo final llega a ser “gore” por la propia autodestrucción de la bailarina que interpreta.  Son muchos, pero aun sin confirma, que Natalie supera en creces a la propia película.

En otro lado, y casi tocandose, esta “Machete” que, me sorprede que se presente a la Mostra, ha demostrado que Robert Rodriguez lo mejor que hace es el salvaje, y para ello nada mejor que un Mexicano con ganas de sangre para inundar la sala de violencia sin sentido, dicen quien lo ha visto que el guión se deshace en ilogica demasié, lo cual, y no sorprende a LMA, acabo por cubrir de risas extensas matanzas y macarradas.

Según parece la pelicula de Sofia Coppola a gustado, pero resulta algo repetitiva respecto a “Lost In Translation”, lo cual querra decir que si te gusto que vayas a verla. Algunos dicen que es mejor, y otras que nada puede superar a Bill Murray perdido en un hotel en Japón. Pero al menos parece que todos reconocen que gusto, sembró aplausos y Sofia sigue demostrando que ha heredado el talento de su padre.

Además podríamos decir que  ”Pocoyo” ha conseguido el reconocimiento de la academia Italia. Pero vayamos a lo que quería contar. Mientras todo esto ocurría Alex de la Iglesia tenía que presentar su película “Balada Triste de Trompeta” el 6 de Septiembre. El film ha tenido una acogida extraña en la Mostra, pero parece que nadie a quedado indiferente. Unos dicen que es un toque de verdadero cine, otros que se han quedado extrañados ante el film, pero lo que no parece nadie contar y en exclusiva lo presenta LMA, es que siguendo el blog de Alex de la Iglesia de la pelicula, podemos primero ver reflejado el trauma que es sacar adelante una pelicula y que esta se terminó el 2 de septiembre, 4 días antes de presentarla al certamen.

Una vez presentado, y supongo que tras haberla visto con mayor descanso, Alex la retoque pero mientras tanto el LMA intentaremos conseguir una entrada para su estreno en Madrid el 17 de Diciembre.

Esto es lo que tiene ser un Enviado especial.