Te interesa



Creative Commons LicenseTodos los contenidos están bajo una licencia de Creative Commons.

Películas “menores”: La Soga

Rope 1948

Recuperamos en Las Malas Artes la sección de películas “menores” en las carreras de sus creadores.

La Soga (Rope, 1948), de Alfred Hitchcock

Dos jóvenes que comparten piso en Manhattan estrangulan a un tercero por un extraño concepto del crimen como obra de arte, como acto culminante del “superhombre”. Introducen el cuerpo en un arcón y organizan una fiesta utilizando el mismo como mesa. Entre los invitados figura su profesor de la universidad (James Stewart), referente intelectual de los protagonistas, que desconoce que sus ideas (malinterpretadas) acaban de inspirar un crimen.

El punto de partida o situación ya está sobre la mesa (nunca mejor dicho). Arranca el suspense. Aquí la novedad: Hitchcock, defensor a ultranza del uso del montaje como eje básico del lenguaje cinematográfico, decide rodar la película como un plano secuencia continuado de 80 minutos, sin cortes.

El experimento se llama “La Soga” y es una auténtica joya, la excepción en la carrera de Hitchcock. Durante esos 80 minutos el film contradice una de las lecciones básicas del maestro, que en el resto de su cine explotó el montaje con ejemplos clásicos como el siguiente: un joven presenta su novia a su madre, y ésta desaprueba la relación. La situación se puede resolver sin diálogo, sólo con cortes: plano medio del joven y su novia, sonrientes, “madre, te presento a mi novia”. Cortamos: primer plano de la madre, rígida, seria, inquietante. Cortamos: pie de la novia da un paso atrás. Cortamos: primer plano de la cara del joven, cambiada, cruce de temor y desaprobación.

En La Soga, por el contrario, Hitchcock crea la ilusión de una cámara que se mueve en un plano único sin cortes por el interior de un apartamento durante 80 minutos. El rodaje supuso un desafío técnico sólo equiparable al de “La Ventana Indiscreta” (película rodada desde una ventana) y por lo visto fue cualquier cosa menos divertido: las primeras cámaras en color eran pesadísimas, los raíles hacían un ruido infernal que era prácticamente imposible eliminar en postproducción; los actores se movían por el set siguiendo indicaciones en el suelo, y por lo visto en ocasiones se sentaban en una silla del decorado sin saber si la silla seguiría estando ahí o un miembro del equipo la habría retirado para dejar pasar a la cámara.

Los rollos de película, además, tenían una duración máxima de 10-12 minutos. Por este motivo, Hitchcock utiliza elementos del apartamento (una pared, la chaqueta de un personaje, etc) para parar el plano secuencia, cortar, cambiar el rollo y seguir rodando desde el punto de parada.

¿Y por qué semejante desafío técnico? Pues bien, la película incluye un corte, sólo uno, hacia la media hora de proyección: uno de los asesinos bromea recordando un episodio de los tiempos de la universidad, un día en que su compañero de piso intentó, sin éxito, estrangular un pollo. Éste, cada vez más superado por los remordimientos, reacciona violentamente, muy alterado. Corte: rostro de James Stewart. El ojo se ha acostumbrado durante media hora a esa especie de vals de la cámara y de repente ese corte, quizá no percibido físicamente por el espectador, sí activa algo en su subconsciente: en ese momento sabemos que en la cabeza de James Stewart se acaba de manifestar una sospecha. Y Hitchcock ha concebido el film como un único plano secuencia para capturar ese momento, esa revelación, ese….corte.

Pero, por supuesto, no todo en el film es virtuosismo técnico: el suspense de Hitchcock siempre reside en la psicología de los protagonistas, en sus tormentos interiores, en sus deseos reprimidos. Aquí se trata de dos homosexuales de la Manhattan de 1948 que conciben la comisión de un crimen como único modo de lograr la aceptación de su mentor, como liberación catártica, como la única de sus acciones que puede vehicular la aprobación del estrato social superior al que ambos creen pertenecer.

La Soga, antítesis del cine de Hitchcock que acaba siendo su síntesis: virtuosismo técnico al servicio del suspense psicológico. Y montaje, siempre montaje.

Nos la clavan …

Y nos dejamos. Hace algunas semanas os hablábamos de la infame Ley del desarrollo sostenible y su Disposición Final Primera y nos adheríamos al Manifiesto promovido por distintos “blogueros”, medios, empresarios, asociaciones y sobre todo varios cientos de miles de individuos en contra de este sinsentido o, peor, atropello.

Después del revuelo en Internet, en la calle y hasta en los despachos políticos, de las promesas y declaraciones, ayer se presentó el nuevo Anteproyecto de Ley sin ninguna mejora que no se pueda considerar mero maquillaje.

Como en lasmalasartes nos preciamos de ser gente comprometida con la cultura y las artes -sobre todo las malas, que reverenciamos hasta tal punto tomamos de ellas nuestro nombre-, dado además nuestro reconocido deber de servicio público informativo o al menos nuestro derecho a decir y difundir lo que nos venga en gana, vamos a hacer un breve resumen de la situación usando, sin miedo de que nos enchironen, lo que otros más informados han dicho sobre el tema:

Continúe leyendo – Nos la clavan …

Las malas artes

Espero me disculpen la licencia de titular este post como el propio blog, pero espero convendrán conmigo en que es adecuado si analizamos las artes utilizadas por el Gobierno, las gestoras de derechos y sus lobies, los artistacos (los de la España cañí, los que salen por la tele tan enfadaos), los medios que los jalean y les dan cuartelillo, la llamada “industria musical” y demás caterva al haber colado en la nueva y flamante “Ley del desarrollo sostenible” (anteproyecto todavía; todavía) así, como de rondón, un artículo tan polémico como el del corte de servicios de Internet a aquellos usuarios a los que se les presuponga violación de derechos de autor. A ver si nadie se da cuenta, total las leyes son un coñazo … lo que decía: malas artes.

¿Y desde cuando se habla de política en lasmalasartes?, podréis preguntaros algunos. Después de remitiros con amabilidad pero con firmeza a nuestro ideario particular, me limitaré a argumentarlo con otro suceso acontecido esta misma mañana y protagonizado por los representantes autoproclamados de la cultura de este país.

Al grito de “En cinco años esto desaparece. No habrá ni canciones ni música”, una comandita de viejas glorias y nuevos bodrios han protestado muy dignos delante del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, poniendo como precio a pagar, si el Gobierno y la Sociedad en general no accede a sus peticiones, algo tan grave y a la vez etéreo como nuestra “credibilidad como país”.

¿Desaparece la música en cinco años? Pues entonces en lasmalasartes nos interesa.

Y aquí señores nos preguntamos: ¿Y qué carajo es lo que desaparece? ¿Las canciones y la música? Joder, qué pretensión, qué vanidad, que onanística autosatisfacción !!!! Un fenómeno cultural como la música y sus canciones, que ha acompañado al hombre desde que vivía en cuevas acurrucado alrededor de un fuego, que ha movido montañas, que ha enamorado, del que se ha dicho que es el alimento del alma, ¿desapareciendo en cinco años? No lo creemos. Debe ser un chiste, un juego de palabras, un chascarrillo, una chanza, una chacota. En fin, que no creo que esperen que una insensatez de ese calibre pueda ser tomada en serio por nadie. Entonces, ¿qué es lo que desaparece? Evidentemente su modelo de negocio, su modo de ganar dinero (a espuertas). O al menos se transforma. Como todo en esta vida, y mucho más en la sociedad de la información y del continuo cambio en la que vivimos. Las cosas evolucionan. Adáptate o muere. Pero ese es otro post.

Como decíamos, debe ser un chiste, sí, pero .. ¿a que entretiene? Porque parece que ese era precisamente el objetivo. Disculpen que piense mal (dice el refrán que acertaré), pero qué casualidad más casualidosa que ambos eventos sucedan en el mismo día: el gobierno cuela el polémico artículo que dará poder a las gestoras, a las productoras, a las distribuidoras (¿a quién? parece que no lo especifica demasiado) para castigar con su puño vengador al que no quiera pagar 20€ por un CD y no encuentre otro medio (español) de acceder al mismo valor, poniendo algo más que en duda su libertad de expresión; al mismo tiempo, un grupo de artistas capitaneados por Promusicae alzan la voz, lloran, braman y protestan (por el mal que les haría que no saliera esta ley adelante, claro). Y los demás somos todos tontos. Y nos pueden entretener, despistar, timar a voluntad.

¿Lo somos?

Sesame street meets Daft Punk

Como espero mañana (hoy!) comentario del festival en el que tocó Nacho Vegas y al que han asistido miembros insignes de LMA, este post no estará mucho tiempo en cabecera. El suficiente para que os partáis (espero) el ojete como he hecho yo.

Merece la pena verlo entero, tiene momentos estelares cómo los solos de Chema el panadero !! Mítico.

100 años de efectos de cine

Sin ánimo de daros mucho que pensar en una agradable tarde de sábado como es esta, en la que algunos todavía notaréis los efectos de una más agradable aún noche de viernes, y con cierta sensación de desazón porque este mi post de estreno no alcance el nivel de profundidad reposada pero a la vez vanguardista que este lugar exige, os dejo un simpático video que he encontrado brujuleando por interné.

100 años de efectos visuales en el cine, en 5 minutitos de nada. Da gusto observar cómo no hacen falta supercomputadores ni megapaquetes de software diseñados ad-hoc para que te creas una historia y disfrutes con ella (Billy, adhesión instantanea, espero). Por cierto, que recuerdos de niñez con pelis de después de comer de los domingos como Jasón y los argonautas o El ladrón de Bagdag !!

Tenéis la lista completa de películas en “más información” del video de Tutubo.

Salud !