Te interesa



Creative Commons LicenseTodos los contenidos están bajo una licencia de Creative Commons.

Cuatro grandes libros sobre cine

…o cómo admitir que no se me ocurre otra manera de relanzar la sección de libros de Las Malas Artes.

Cuatro libros imprescindibles sobre cine:

El cine según Hitchcock1) “El cine según Hitchcock”, de François Truffaut: corrían los primeros años 60 y Hitchcock estaba en el momento más alto de su carrera, acababa de rodar su mayor éxito (Psicosis), tras una década plagada de taquillazos (Extraños en un tren, Crimen perfecto, La ventana indiscreta, Con la muerte en los talones, etc) y comenzaba la preproducción de Los pájaros.

Todo este éxito corría paralelo a un desprecio permanente de la crítica especializada, que lo tenía por un mero artista circense entretenedor de masas que debía su éxito al morbo gratuito. El inesperado reconocimiento llegó entonces desde Francia, donde un grupo de jóvenes críticos franceses de la revista Cahiers du cinéma, algunos de ellos a la postre cineastas de la Nouvelle Vague, supieron ver más allá de la imagen (alimentada por el propio Hitchcock, que disfrazaba en sus apariciones públicas su enorme timidez con un aluvión de superficialidad sarcástica y bufona) de entertainer sin apiraciones artísticas, para reivindicar al director como cineasta absoluto

Cineasta absoluto: dícese de aquél que se sirve exclusivamente de recursos puramente cinematográficos (montaje, travellings, iluminación, contraplanos, etc) para expresar su arte, dejando en segundo plano los heredados de otras artes. Así, recursos anteriores al advenimiento del cine (la historia, los actores, etc) se convierten, en el cine de Hitchcock, en comparsas al servicio de su cámara, que lo gobierna todo. ¿Historia? ¿Actores?. Dos lecciones del maestro: “La verosimilitud en una historia es inútil”. Y, por supuesto, “los actores son ganado”.

El responsable de esta nueva mirada a la filmografía del cineasta británico fue François Truffaut, que le propuso una semana de conversaciones en jornadas de ocho horas diarias para repasar por completo su filmografía:

Hitchcock y Truffaut

El cuestionario es minucioso, seguro de sí mismo, sabe lo que busca… y lo encuentra: de repente, el bufón superficial, el socarrón hueco reconoce su deuda con el cine expresionista alemán, con los genios del cine mudo, con las vanguardias del surrealismo. Y destripa su propia técnica, que se revela enormenente minuciosa, de precisión quirúrgica en la exploración de las emociones por medio de la cámara.

El impacto del libro es enorme, y es gracias a él por lo que Hitchcock goza hoy de ese apelativo válido a medias de “genio del suspense”. Genio, sí. Del suspense, no.

Y es que por una extraña paradoja del destino mucha gente hace ahora su primer acercamiento a Hitchcock buscando, de nuevo, la superficialidad. Creyendo que estarán dos horas “pegados a sus butacas”, como si 50 años de evolución en la creación de suspense no existieran porque Hitchcock, cual Coca Cola, dispone aún de la única fórmula, original e inimitable, de crear tensión en una sala de cine. Y claro, Hitchcock les defrauda porque no saben que la materia de sus films es otra. Esta gente busca en Hitchcock a un Peter Jackson de los años 50. En vano, por supuesto.

El libro vuelve a ser, por tanto, necesario.

Este modelo de entrevistas prosperó, por fortuna, y hoy disponemos de excelentes variaciones del Hitchcock – Truffaut:

billy wilder2) Conversaciones con Billy Wilder, de Cameron Crowe : el director (Jerry Maguire, Casi Famosos, Vanilla Sky) Cameron Crowe, mejor escritor de cine que director, vio en 1998 la posibilidad de saldar una deuda histórica con el Hitchcock-Truffaut y con el cine en general: Billy Wilder, a sus 92 años, seguía gozando de una lucidez y una memoria prodigiosas, aderezadas con un sentido del humor aún más socarrón a causa de los años.

Cameron Crowe le propone, por tanto, repasar el modelo Truffaut, a lo que Wilder accede a (mal disimulados) regañadientes: las primeras páginas del libro constituyen el autorretrato (delicioso) de Crowe totalmente ninguneado por el genio, todo un juguete en sus manos hasta que Wilder, más por (de nuevo, mal disimulada) vanidad ante tantas alabanzas del cineasta novato que por una voluntad real de dejar un testamento cinematográfico a las nuevas generaciones, accede a someterse al cuestionario.

Crowe construye éste hábilmente, repasando la filmografía de Wilder sin obviar los aspectos más trágicos de su accidentadísima biografía (como su huida de Berlín o el asesinato de su familia en Auschwitz). Pero, a diferencia de Truffaut, aprovecha para conocer la opinión de Wilder sobre otros cineastas y películas. Surgen entonces las perlas, tales como:

- La admiración absoluta de Wilder por Forrest Gump.
- Su anecdotario de Hollywood: imprescindible la anécdota de Marilyn Monroe, su suegra y el retrete.
- Su sinceridad al hablar de Kubrick; sobre Barry Lyndon: “dedicó seis meses a intentar hallar la forma de fotografiar a una persona a la luz de las velas, sin luz artificial. Y, la verdad, a nadie le importa un pito si es la luz de las velas o no”.
- Su definición de Woody Allen: “Hace tres películas al año”.

Hablando de Woody Allen:

Eric Lax3) Conversaciones con Woody Allen, de Eric Lax:
del cual ya hablamos por aquí en su día, presenta una novedad con respecto a los anteriores. Y es que no constituye el recuerdo concentrado en una semana de conversaciones de toda una carrera cinematográfica, sino que se basa en más de treinta años de entrevistas. Además, Eric Lax, aprovechando que se halla ante un creador total (en el sentido de que Allen controla absolutamente todos los aspectos de sus películas) aprovecha para ofrecernos, de primera mano, un manual práctico en fascículos sobre cómo crear una película, pues el libro está estructurado en las siguientes secciones:

1.- La idea
2.- El guión
3.- Selección del reparto, actores e interpretación
4.- Rodaje, platós, localizaciones
5.- Dirección
6.- Montaje
7.- La elección de la música
8.- La profesión de cineasta

Un libro genial de reciente publicación (llega hasta Vicky Cristina Barcelona) que, además, acaba de salir en bolsillo (a 8′95 oiga!).

Por último, producto nacional. Del que vale la pena:

Fernandez Santos4) “La Mirada Encendida: escritos sobre cine”, de Ángel Fernández-Santos: probablemente Ángel Fernández-Santos (fallecido en 2004) haya sido el mejor crítico de cine de España, inimitable por tener un estilo tremendamente propio, capaz de crear literatura a partir de la crítica cinematográfica sin contar nada de la película en cuestión, pero diciéndolo todo.

El libro es una excelente antología de 40 años de textos, recopilada y editada por gente de cine (Víctor Erice y Carlos F. Heredero) en un auténtico volumen de lujo. Un tipo de publicación de las que, por desgracia, escasean en España: y es que recoge textos publicados en varios medios (sobre todo en EL PAÍS, del que Fernández-Santos fue crítico durante más de veinte años) que abarcan mil géneros, cinematografías, corrientes y estilos, desde la crítica pura a la crónica in situ de festivales, pasando por el ensayo (sobre la profesión de guionista, el cine español, los géneros cinematográficos…) y las necrológicas de grandes figuras del séptimo arte. Éstas últimas impresionan realmente: es difícil imaginar a un crítico recibiendo la noticia del fallecimiento de un ilustre del cine por la mañana que sea capaz, antes del cierre de edición, de elaborar un retrato tan explícito y luminoso de actores y directores de todos conocidos, descubriéndonos nuevos matices y destapando las razones del hechizo de éstos sobre nosotros, razones de las que nosotros mismos nunca habíamos sido conscientes. Iluminando, en definitiva, nuestros propios mecanismos de percepción del cine. De ahí el título del libro.

Y capaz, como digo, de crear literatura de verdad a partir de una crítica de cine.

Descomunal este libro. Llevo 150 páginas. La buena noticia es que me quedan 500.