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Avatar

Poster de la película

Poster de la película

Avatar (James Cameron, 2009)

7/10

Hoy he visto Avatar.

Y vaya por delante que me ha gustado. Me ha impresionado, entretenido, me ha hecho saltar en el asiento y alucinar con la belleza de muchas de sus escenas y lo adecuado de su banda sonora. Lo que no debe resultar raro tratándose de una superproducción de este calibre, con el añadido de lo avanzado de la tecnología utilizada aquí, responsable de acercar por primera vez el cine en 3D al gran público, fuera de los documentales del IMAX.

Es la película más cara de la historia (entre 237 y 460 mill€) y la que con total probabilidad será la más taquillera, en tres semanas ya ocupa la tercera posición con 1.100 mill € (negocio redondo este del cine, eh?). La primera versión del guión es del 94; Cameron ha estado desde entonces a que la tecnología fuera la adecuada. Parte del presupuesto se ha destinado a desarrollar un sistema de cámaras estereoscópicas para rodar directamente en 3D, otra parte a movilizar el monstruo de 4.000 procesadores y 104TB de RAM necesario para renderizar esta película. Y es que todos los números asociados a esta creación son astronómicos. Se ha dicho de ella que ha revolucionado la forma de hacer cine, que supone un cambio de paradigma y cosas aún más grandilocuentes. Y precisamente con el cristal de estos datos la voy a observar.

Para los vagos y los atareados, ahí va mi recomendación: id a verla. Merece la pena. Y vedla en 3D, que mola más. Avatar mooooolaaa, mola Avatarrrll (léase con acento manchego).

Aviso a navegantes, a partir de aquí vienen los Spoilers. Si no la habéis visto y os molesta que os cuenten datos de las pelis … NO SIGÁIS LEYENDO!

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Sobre la ciencia-ficción / El Día de la Creación

J. G. Ballard - El día de la creación

Ánimo con él que es pequeñito.

J. G. Ballard – El día de la creación (1987)
Minotauro, 2003

7,8 / 10

Después de unas semanas dándole vueltas, hoy inauguramos la sección literaria de Las Malas Artes. No conseguía decidirme por un título digno de tan alto honor; lo único que tenía claro era que iba a ser un título de ciencia ficción. ¿Por qué lo tenía tan claro? Bueno, en primer lugar porque es uno de mis géneros preferidos. Segundo, por estadística: últimamente dos de cada tres de mis lecturas. Tercero, pensando en desterrar (o al menos intentarlo) algunos de los prejuicios asociados a la ciencia-ficción. Si no son suficientes motivos, como diría hunky, pues porque y punto. ¿Y sobre cuál de ellos debíamos escribir? Pues el último y tema resuelto.

– Modo apología ON –

Tras el avance del espectadoraleatorio, hay que aclarar que esto de la ciencia ficción no va (exclusivamente) de dragones, mazmorras, sables láser, elfos o naves espaciales. De hecho, no tiene por qué ver necesariamente con ninguno de esos temas. Usando las palabras de Philip K Dick, diremos que la ciencia ficción trata más bien sobre sociedades alternas derivadas de alguna manera de la nuestra, desfiguradas por el esfuerzo mental del autor, que dan lugar a acontecimientos que no ocurren en nuestra sociedad ni en ninguna del presente o del pasado; esta desfiguración, coherente y auténticamente nueva, estimulará el intelecto del lector y abrirá su mente a ideas que hasta entonces no había imaginado. Suena bien, ¿no? Convendréis entonces conmigo en que la ciencia ficción puede ser un medio válido de exploración del pensamiento humano: la filosofía, la ética, la sociedad, la psicología y comportamiento humanos o la propia Historia pueden ser deformados a la luz de toda suerte de reglas imaginadas. Curiosamente, las conclusiones extraídas de este ejercicio mental bien pueden muchas veces ayudarnos a razonar sobre nuestra propia sociedad y nosotros mismos, dándonos nuevos cristales a través de los que observarlos.

La ciencia ficción sirve también para imaginar futuros, estirando los límites de lo establecido, y muchas veces la ciencia ficción de hoy es la realidad de mañana. Recordemos por ejemplo cómo las “alocadas” ficciones del mítico Julio Verne se han convertido en realidad no tantos años después (en su segunda novela París en el Siglo XX, no publicada hasta su descubrimiento en 1994, ya imaginó cosas como el consumismo capitalista, Internet o la silla eléctrica); o como las tres leyes de la robótica ideadas por el grande Isaac Asimov se usan en el desarrollo de la robótica en el “mundo real”.

Bien, en este punto ya hemos acumulado algunas importantes conclusiones: a) la ciencia-ficción no es (exclusivamente) territorio de freaks y quinceañeros, b) la ciencia-ficción puede desarrollar y aportar ideas interesantes a infinidad de géneros, c) la ciencia-ficción, qué carajo, mola. Y sí, aún noto algunas de vuestras burlonas miradas en mi cogote. Un respeto, leches.

– Modo apología OFF –

Pero pasemos sin más dilación al tema que hoy nos ocupa: El día de la creación, de James Graham Ballard.

Llevaba tiempo detrás de leer algo de Ballard. “El día de la Creación” no es su obra más famosa, ahí tenéis para demostrarlo a “Crash” o “El Imperio del Sol”, acompañadas en la fama literaria por sus respectivas versiones cinematográficas (Billy?); en mi caso, al ser el primer libro que leo (devoro es más preciso) de J.G., es de la única que puedo hablar.

El protagonista de esta hipnótica obra es un médico de la OMS destinado en Port-la-Nouvelle, una remota ciudad de un inventado país del áfrica central, cercana al Chad y Sudán, por si eso ayudara a situarla en alguno de vuestros mapas. Antes floreciente por la explotación de tabaco a cargo de una multinacional francesa, ahora se encuentra abandonada tras los conflictos entre guerrillas de insurgentes y fuerzas del gobierno y asediada por el desierto que avanza inexorable para sepultarla. Tan sólo quedan rezagados algunos personajes, dispares y estupefactos, que acompañarán al Dr. Mallory en el desarrollo de su propia y desmesurada obsesión.

Ballard describe un mundo decadente lleno de edificios herrumbrosos, bases mineras, industriales y militares agotadas y olvidadas, vegetación muerta, polvo y basura acumulándose en la orilla de lagos secos. En medio de este escenario catastrófico la mayoría de personajes vagan, arrastrando sus mezquinos y ridículos intereses, buscando sin buscar un asidero que les reconduzca de sus fracasos y ruinas.

De repente, cuando parece que el territorio está definitivamente condenado al olvido, el doctor Mallory libera por casualidad una fuente que acabará convirtiéndose en un gigantesco río que cambiará el paisaje. La promesa de un Segundo Nilo que irrigará todo el bajo Sáhara trayendo fertilidad y riqueza a los yermos territorios hace sonreír a todos por breves instantes. A todos salvo al Doc Mal, que se considera creador del río y a la vez ofendido por su presencia, largo tiempo buscada. Este amor/odio le empuja irremediablemente en un largo viaje en busca de sus fuentes y que arrastra consigo a los demás personajes hacia una fatalidad anunciada.

Por si fuera necesario añadir decadencia a la escena, todo el relato se entrelaza con el del nabokoviano amor del doctor por su compañera de viaje, una tribal niña de doce años, salvaje y de motivaciones incomprensibles, que se convierte en la otra obsesión del doctor. Este oscuro ángel de la guarda, que a veces parece fruto de los delirios febriles del doctor, le acompaña y cuida a la vez que dirige y empuja su irracional misión.

El día de la Creación se lee de un tirón. A pesar de su prosa densa y de las oscuras, opresivas y a veces obscenas descripciones del entorno que lo rodea, el río mítico, verdadero protagonista de la obra, consigue atraerte a lo más profundo junto con sus empecinados inquilinos, en un crescendo de intensidad comparable a la del propio río.

En el caso de Ballard y de esta obra en concreto, su ciencia-ficción no es del tipo premonitorio ni futurista del que hemos hablado antes. Tampoco hacen apareción elfos ni sables láser. Sin embargo la exploración del comportamiento psicológico de personajes reales en los presentes alterados, irreales, opresivos y a menudo distópicos como éste, hacen de esta lectura una interesante experiencia.

No dispongo todavía de capacidad de comparación, pero espero pronto, queridos lectores, poder hablarles de otra obra de Ballard que alcance el 10/10.

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