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Nos la clavan …

Y nos dejamos. Hace algunas semanas os hablábamos de la infame Ley del desarrollo sostenible y su Disposición Final Primera y nos adheríamos al Manifiesto promovido por distintos “blogueros”, medios, empresarios, asociaciones y sobre todo varios cientos de miles de individuos en contra de este sinsentido o, peor, atropello.

Después del revuelo en Internet, en la calle y hasta en los despachos políticos, de las promesas y declaraciones, ayer se presentó el nuevo Anteproyecto de Ley sin ninguna mejora que no se pueda considerar mero maquillaje.

Como en lasmalasartes nos preciamos de ser gente comprometida con la cultura y las artes -sobre todo las malas, que reverenciamos hasta tal punto tomamos de ellas nuestro nombre-, dado además nuestro reconocido deber de servicio público informativo o al menos nuestro derecho a decir y difundir lo que nos venga en gana, vamos a hacer un breve resumen de la situación usando, sin miedo de que nos enchironen, lo que otros más informados han dicho sobre el tema:

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Las malas artes

Espero me disculpen la licencia de titular este post como el propio blog, pero espero convendrán conmigo en que es adecuado si analizamos las artes utilizadas por el Gobierno, las gestoras de derechos y sus lobies, los artistacos (los de la España cañí, los que salen por la tele tan enfadaos), los medios que los jalean y les dan cuartelillo, la llamada “industria musical” y demás caterva al haber colado en la nueva y flamante “Ley del desarrollo sostenible” (anteproyecto todavía; todavía) así, como de rondón, un artículo tan polémico como el del corte de servicios de Internet a aquellos usuarios a los que se les presuponga violación de derechos de autor. A ver si nadie se da cuenta, total las leyes son un coñazo … lo que decía: malas artes.

¿Y desde cuando se habla de política en lasmalasartes?, podréis preguntaros algunos. Después de remitiros con amabilidad pero con firmeza a nuestro ideario particular, me limitaré a argumentarlo con otro suceso acontecido esta misma mañana y protagonizado por los representantes autoproclamados de la cultura de este país.

Al grito de “En cinco años esto desaparece. No habrá ni canciones ni música”, una comandita de viejas glorias y nuevos bodrios han protestado muy dignos delante del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, poniendo como precio a pagar, si el Gobierno y la Sociedad en general no accede a sus peticiones, algo tan grave y a la vez etéreo como nuestra “credibilidad como país”.

¿Desaparece la música en cinco años? Pues entonces en lasmalasartes nos interesa.

Y aquí señores nos preguntamos: ¿Y qué carajo es lo que desaparece? ¿Las canciones y la música? Joder, qué pretensión, qué vanidad, que onanística autosatisfacción !!!! Un fenómeno cultural como la música y sus canciones, que ha acompañado al hombre desde que vivía en cuevas acurrucado alrededor de un fuego, que ha movido montañas, que ha enamorado, del que se ha dicho que es el alimento del alma, ¿desapareciendo en cinco años? No lo creemos. Debe ser un chiste, un juego de palabras, un chascarrillo, una chanza, una chacota. En fin, que no creo que esperen que una insensatez de ese calibre pueda ser tomada en serio por nadie. Entonces, ¿qué es lo que desaparece? Evidentemente su modelo de negocio, su modo de ganar dinero (a espuertas). O al menos se transforma. Como todo en esta vida, y mucho más en la sociedad de la información y del continuo cambio en la que vivimos. Las cosas evolucionan. Adáptate o muere. Pero ese es otro post.

Como decíamos, debe ser un chiste, sí, pero .. ¿a que entretiene? Porque parece que ese era precisamente el objetivo. Disculpen que piense mal (dice el refrán que acertaré), pero qué casualidad más casualidosa que ambos eventos sucedan en el mismo día: el gobierno cuela el polémico artículo que dará poder a las gestoras, a las productoras, a las distribuidoras (¿a quién? parece que no lo especifica demasiado) para castigar con su puño vengador al que no quiera pagar 20€ por un CD y no encuentre otro medio (español) de acceder al mismo valor, poniendo algo más que en duda su libertad de expresión; al mismo tiempo, un grupo de artistas capitaneados por Promusicae alzan la voz, lloran, braman y protestan (por el mal que les haría que no saliera esta ley adelante, claro). Y los demás somos todos tontos. Y nos pueden entretener, despistar, timar a voluntad.

¿Lo somos?