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Girls – Album

Girls - Album (2009)
Girls – Album (2009)

True Panther Sounds / Matador – 2009
8/10

Buenas noches, bienvenidos, hijos del rock and roll. Retomamos la sección de música, siempre con la rabiosa actualidad que caracteriza a este blog para hablarles de estos chicos: Girls. Si hace 10 años llevábamos pantalones de campana porque revivíamos los 60-70 y desde hace unos 5 no hay quien se libre de los dichosos 80, señores, ha llegado el momento del revival de los 90. Les advierto ya de antemano que estos tíos les van a gustar, aunque la primera pregunta que se harán será, seguramente, la siguiente:

- Pero ¿qué demonios? ¿A nadie se le había ocurrido llamarse “Girls” antes?

Pues parece ser que no. Una vez más, la condición humana nos sorprende.

Pero dejemos (o no) las frivolidades a un lado y hablemos del grupo. Cómo no, los amigos Christopher Owen y JR White son de San Francisco. De ahí seguramente el nombre del grupo, las florecillas y todas esas cosas. Su biografía es demasiado perfecta como para que nos la creamos entera, pero nos debemos a nuestra labor informativa y se la vamos a contar.

Nuestro Christopher nació y se crió en la secta “Niños de Dios”, la típica secta del post-hippismo americano en la que puedes juntar relatos de prostitución, niños raptados, fanatismo religioso y suicidios sin que nadie te lo discuta. [inserte su relato truculento aquí]. Es un tío atormentado el amigo Chris. Afortunadamente, la música le salvó. Al parecer, casi todo en los “Niños de Dios” giraba alrededor de la música: las liturgias, las celebraciones, las violac… las liturgias, las celebraciones… Casualidades de la vida, allí conoció al guitarrista de Fleetwood Mac, que le regaló su primera guitarra y le enseñó a tocar. Años después, nuestro protagonista escapaba de la secta para acabar con sus huesos en San Francisco, donde tras unirse a un par de bandas, conoció a JR White. La relación cuajó y grabaron este disco.

Pero dejémonos de preámbulos y hablemos claro: ¿a qué suena “Album”? Pues suena a muchas cosas y a muy pocas a la vez. Cojan ustedes ese espíritu a punto de romperse de la música americana de los 60, la fragilidad, inocencia y sinceridad de los Beach Boys o de Buddy Holly, y mézclenlo con una pizca justa de lo-fi noventero. Piensen en The Jesus and Mary Chain, por ejemplo, o incluso en los Smiths o Pulp. Métanle si quieren un cover de Daniel Johnston en sus conciertos. Bien, una vez que tienen todo eso en la enorme coctelera que es su cabeza, agítense y pulsen play en el siguiente vídeo:

“I don’t wanna cry my whole life through” repite una vez tras otra Owen, pero poco a poco nos va envolviendo con un hilo, luego un manto, de sonido, de guitarras distorsionadas, de amagos de percusión… Y piensas “ahí viene otra vez… ¡cuánto daño ha hecho el post rock!”. Pero no, no llega a estallar nunca. Te deja ahí, en una nube, como pensando “y ahora qué Owen?”. Y Owen responde con “Headache” y te das cuenta de que estos tíos van más en serio de lo que parece.

Y es que, una vez que te sacudes de esos dos hits que son “Lust for Life” y “Laura“, lo que quedan son un puñado de buenas canciones, algo de surf (”Big Bad Mean Motherfucker“), baladas de “prom-night” (”Ghost Mouth“), algo de shoegaze (”Morning Light“) e incluso alguna candidata a banda sonora de Twin Peaks (”Lauren Marie“).

Escúchenlo y saquen sus propias conclusiones. Para la redacción de LMA, “Album” es un buen disco, pero si dudan, si no les convence lo que leen, sólo déjenme hacerles una pregunta: mírenme a los ojos y sin titubear, díganme si “Laura” o “Lust for Life” merecen o no merecen estar entre las mejores canciones del año. Les dejo con ambas para que se decidan.

Les comento, no obstante, que si buscan un poco, encontrarán esa otra versión del vídeo de Lust for Life de la que tanto se ha hablado. Demasiado explícito, tal vez, el tema del micrófono… y es que, bueno, uno no ve todos los días ese tipo de escenas en las que… Bueno, ya me callo. Les dejamos con “Laura”.

Hey Girl!!! – Romeo Castellucci

7/10

Llevo dos días pensando en cómo hablar de esta obra, si hablar bien, si hablar mal, o si todo lo contrario.  He pensando en leer sobre el autor Romeo Castellucci, profundizar en su obra y poder explicar con más detalle lo que vi, y lo que entendí. También he pensado en leer otras  críticas para analizar lo que otros decían y poder llevar una opinión construida, pero tengo la impresión  de que simplemente me llevarían a pensar otras cosas que no serían mi opinión y como  se reza en nuestros estatutos “nosotros tenemos razón”, y por esa razón espero que teméis como misa negra, que para eso no es domingo , lo que creo que podré escribir. Estoy generando expectativas que, ojalá pueda cumplir. (Para inspirarme me llevo de mochila a The Antlers, ¡¡Gracias Jos!!)

Os podéis ya imaginar que esta obra no es ninguna obra clásica, sino algo que podíamos definir como “teatro visual”.  Contrario al teatro “clásico” que se define más por el texto, y la presencia del o los actores, en “Hey Girl!!!” el director  autor de la obra nos lleva a un viaje alucinante de escenas de excelente calidad técnica y emotiva, que envuelven y desconciertan al espectador que si no está dispuesto a subirse en su nave, será mejor que deje el teatro y disfrute de unas cervezas o perderá su tiempo. Si está dispuesto, y se libera, podrá disfrutar de un gran momento teatrál, donde una excelente actriz, Silvia Costa, nos conduce por el viaje mentál de una mujer, según la visión de Romeo Castellucci y interpretación mía y de Jos.

Hasta aquí, todos podréis decir que me ha gustado, y podré decir que sí, “me ha gustado una de las mayores rayas de teatrales que he visto”, junto con HamletMachine, y algunas performance sin sentido que he tenido que aguantar, mención especial al ballet de sonidos urbanos que vi hace años. Pero que me haya gustado no es por mero esnobismo o por quedar de guay ante la galería, sino por dos principales razones; la primera, como ya he dicho antes, la gran calidad de ejecución e interpretación en escena, las hermosísimas ideas plasticovisuales que se desarrollaron en escena, y la capacidad de transmisión que aunaban la actriz y la escenografía, y segundo, y extremadamente importante, porque duraba menos de una hora, bueno o eso creí yo, realmente fue hora y media.

Y es que me parece básico, si quieres rallarte y maravillar al público con tu vómito de ideas yo las aguanto durante una hora, porque a partir de ahí empezaré a pensar sobre el color del techo de mi cocina, o me entrará hambre, y si eres un genio, y Castelluci me lo ha parecido te daré una propina de treinta minutos.

Si he de decir algo bueno sobre la obra, debería explicar como hacía tiempo que no veía una escena de desnudo en escena que estaba cargada de sentido, en donde no puedes comprender la escena sin su cuerpo desnudo, y que si la imaginas con ropa carece de sentido. Este sentido no solo está dado por la construcción de la escena sino por la capacidad corporal de la actriz que expresa con cada gesto, y que rigidez lo que significaba la escena. No se basaba en mostrar un cuerpo desnudo y, como en muchos casos se quiere provocando al público o llenando de obscenidad el escenario. Por primera vez, veo en escena al cuerpo como es un vehículo de transmisión, un lienzo donde la actriz se divierte para hablar al público y contarle sus sentimiento, sin necesidad de la palabra o tan siquiera la mirada, que hasta ese momento no tiene.

Asi que resumiendo, creo que ya os he puesto en preaviso para esta obra, ya sabéis que iréis a ver. Yo fui sin saber, y arrastre conmigo a otro más. Es una obra que según he ido digiriendo me ha gustado cada vez más, ¿la volvería a ver? Esa es mi gran duda. Os dejo el Trailer hecho para el festival de Rotterdamse.

Me dejo en el tintero el uso de la luz, y el sonido, la aplicación del teatro de máscaras y el sentido que yo le dí a la obra, también la crítica al Teatro Maria Guerrero(CDN) por arriesgarse con estas obras (bravo!!) pero una reprimenda por no haber substitulado las pocas frases que se decían en la obra,…pero ahora quiero leer sobre Romeo Castellucci, y sobre una pregunta que me hago siempre despues de ver estas obras ¿Qué es teatro?

The Antlers – Hospice

The Antlers - Hospice (2009)

The Antlers - Hospice (2009)

Frenchkiss – 2009
9.1/10

Tengo una resaca del infierno. Hoy es día de desfile militar y resuenan los aviones por encima de mi cabeza, como si estuvieran a punto de soltar una bomba H sobre mi cerebro. Me encanta el olor a Napalm quemando neuronas por la mañana. Pienso en que debería escribir algo sobre The Antlers, que se me están resistiendo y me doy otra vuelta en la cama.

Hacía ya años que no me enganchaba a un disco conceptual. Las prisas de esta vida moderna no nos dejan tiempo más que para volar por encima de los discos, uno tras otro. Ojo, utilizo la etiqueta “conceptual” por desdén, la verdad, porque a lo que realmente me refiero es a los discos que te cuentan una historia, de principio a fin, no a los que giran alrededor de un concepto. Ahí sí que hay muchos ejemplos en la historia reciente de la música (Sufjan Stevens, Arcade Fire, Bon Iver, Grandaddy…). Para el primero de los tipos (llamemosles discos-historia), me tengo que remontar al Downward Spiral de Nine Inch Nails, donde Trent Reznor nos contaba la historia de un hombre atormentado que camina por su propia espiral descendente, entre la autodestrucción, la frustración y el odio, hasta ¡bang! pegarse un tiro en la cara, dejando antes una escalofriante nota de suicidio.

Pues bien, nada menos que 15 años después (sí, amigos, sí… nos hacemos viejos), me encuentro atrapado en este disco, sin poder salir.

Hospice es un disco jodido. Muy jodido. No recomendado para gente en horas bajas. O tal vez sí, para ver que se puede estar ahí, en la mierda, y salir. Que la luz que se filtra entre las rendijas de las persianas viene de ahí fuera. Y que ahí fuera es intensa. Pero claro, eso no lo aprendemos en el disco. Lo sabemos porque Peter Silberman, el creador de The Antlers, sigue ahí, dando conciertos y viviendo. La historia les recordará a la del disco de Bon Iver: después de un acontecimiento sobre el que no hay demasiados detalles, un tío barbudo se encierra en su apartamento de Brooklyn, evitando todo contacto con conocidos o amigos, es decir, en completo aislamiento social, durante -atención- un año y medio. Pasado ese tiempo emerge de la oscuridad con un disco entre las manos.

El disco tiene un poco de Bon Iver, sí, pero también tiene un poco de Arcade Fire (y no sólo por la temática fúnebre), y de Múm, como les contaremos más abajo. Es lento, oscuro y con una carga emocional a veces excesiva. Algunos dirán que impostada y falsa, pero yo no he podido encontrar la falsedad en todo esto, qué quieren que les diga. Inténtenlo y comenten.

Hasta aquí, lo que sería la reseña normal. Estén contentos de que haya sabido resumir el disco en dos líneas. Les recomiendo, en cualquier caso, enchufar los altavoces, ir a Spotify y seguir el disco con nosotros. Metan en su mochila el disco y una guía para entender lo que murmuran The Antlers en sus canciones. Y cuidado: a partir de aquí, spoilers.

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El disco cuenta la historia de una persona (supuestamente Silberman) que trabaja en el hospital Sloan-Kettering de Nueva York, donde conoce a Sylvia, una niña con cáncer de huesos. La descripción de la niña, en un estado de desesperación y frustración enfermizo, nos pone la piel de gallina. Desgraciadamente, desde el principio sabemos como va a acabar la historia. En “Kettering“, la segunda canción del disco, nuestro protagonista conoce a Sylvia:

You said you hated my tone, it made you feel so alone
So you told me I had to be leaving.

But something kept me standing by that hospital bed
I should have quit but instead I took care of you.

You made me sleep and uneven, and I didn’t believe them
When they told me that there was no saving you

La fiereza del tramo instrumental después de estos versos nos recuerda a los islandeses Múm. Hay algo de ese post-rock orgánico en las canciones de Antlers, aunque también hay algo de Godspeed You Black Emperor, algo de Arcade Fire y algo de la voz de Bon Iver.

Y entonces, cuando tenemos claro que durante la siguiente media hora vamos a presenciar la lenta muerte de una niña en un hospital, hay un giro inesperado en “Atrophy“. ¿A quién habla Silberman aquí? En lo que parece la descripción de la lenta destrucción de la relación de pareja del protagonista, los sentimientos de culpa y desesperación se suceden, seguidos de la fenomenal “Bear“, todo un himno pop, en la que la pareja decide abortar, no porque no puedan mantener al niño, sino porque tienen miedo de su propia relación:

There’s a bear inside your stomach, the cub’s been kicking you for weeks
And if this isn’t all a dream, well then we’ll cut him from beneath.

Well we’re not scared of making caves or finding food for him to eat,
We’re terrified of one another and terrified of what that means.

¿Cuál es la relación entre esta historia y la de Sylvia? ¿Es Sylvia una mórbida proyección de la relación de Silberman con su novia? ¿Es su muerte la muerte de su matrimonio? ¿O son dos historias paralelas que influyen una sobre la otra de manera imparable? En “Thirteen” es Sylvia la que habla, tras una soberbia introducción instrumental, arrugándonos el corazón cuando la oímos suplicar “Pull me out… Pull me out… Can’t you stop this all from happening? Close the doors and keep them out”. Aunque no sabemos qué Sylvia es.

Two” es, con el permiso de “Bear” el mejor tema del disco. Aquí llegamos a otro punto de inflexión en la historia, cuando los médicos confirman a nuestro protagonista que Sylvia va a morir. La letra salta entre su relación con la niña y la relación con su novia hasta el “momento-pelos-de-punta”, cuando escuchamos la fina voz de Silberman cantando “Well no one’s gonna fix it for us, no one can. You say that, ‘No one’s gonna listen, and no one understands.’ So there’s no open doors and there’s no way to get through, there’s no other witnesses, just us two.”.

A partir de aquí, la oscuridad del disco llega a su punto cumbre en “Shiva“, donde como pueden suponer, Sylvia muere y el protagonista de Hospice entra en su proceso de aislamiento, al recibir de la niña su enfermendad y convertirse en su huésped: una transmutación de la imposibilidad de vivir, un intercambio de cromos si quieren o, como subtitulan los Antlers, un intercambio de catéter, al que ahora se enchufa Silberman, no Sylvia. “Wake” es la descripción de este aislamiento, pero por fin, vemos algo de esperanza entre toda esta mierda de desesperación y soledad. Los coros Arcade Fire del final de la canción (”don’t ever let anyone tell you you deserve that”) nos elevan, aunque sea durante segundos, al cielo.

Y me llamarán loco, pero veo en “Epilogue” cierto optimismo y cariño hacia la historia vivida. Una especie de recapitulación, de lección aprendida, vivencia procesada y utilizada para aprender a vivir. Retomando la melodía de Bear (y la melodía de “Sylvia – an introduction” del EP “New York Hospitals“), The Antlers se sacan de la manga un fin de disco optimista, que la verdad, era lo último que podíamos esperar.

Este es un disco, en definitiva, tremendamente emocional, morboso si quieren, en el que cada canción es fundamental para contarnos una historia. Y sé que me acusarán de fantasear con él como quien fantasea con una película de antena 3 de después de comer. Pero pruébenlo. Y luego me cuentan.