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Nebraska y revisiones

Bruce Springsteen - Nebraska

Nebraska (1982) fue el primero de los álbumes “oscuros” de Springsteen. Su historia es conocida, pero se la contamos porque somos así:

Tras la exitosa gira del álbum The River con la E Street Band, Springsteen empieza a preparar un nuevo álbum con la banda, para lo cual se encierra sólo en su casa y comienza a componer y grabar demos de nuevos temas con una guitarra, una armónica y una grabadora de cuatro pistas.

La progresiva oscuridad que ya despuntaba en temas del mayormente festivo (y aborrecible para su legión de detractores) The River en canciones como Wreck on the Highway, Point Blank o la propia The River se hace cada vez más patente en los nuevos temas que Springsteen graba en solitario: estos abarcan nuevos espacios geográficos (Nueva Jersey deja de ser la única parada), la narración en primera persona se hace más frecuente (”My name is Joe Roberts” comienza uno de ellos) y, sobre todo, el ámbito temático es mucho más trágico: el “héroe springsteeniano” de la clase trabajadora no es ya un simple soñador en paro: es también un delincuente común, un sinvergüenza sin escrúpulos. También un psicópata. Un asesino al que sólo redimen sus recuerdos de la infancia.

Springsteen registra pues unos 15 temas nuevos con la grabadora en su casa, y comienza a preparar los arreglos con el resto de la E Street Band en estudio para dar forma al nuevo álbum. Todos los temas llegan a grabarse con el acompañamiento de la banda, pero a Springsteen no le convence el resultado, no logra alcanzar con la banda el novedoso tono que las nuevas canciones han tomado en sus grabaciones en solitario. Y entonces toma una decisión arriesgadísima y totalmente insólita: tira las sesiones con la banda a la basura y decide que el nuevo álbum lo compongan 10 de los temas grabados en su casa tal y como fueron registrados. La cinta grabada en casa. Punto.

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Tulsa – Espera la pálida

Tulsa - Espera la pálida

Tulsa - Espera la pálida

Subterfuge – 2010
4/10

El segundo disco suele ser la prueba que se pide a todo grupo prometedor para demostrar que de verdad valen. Una banda normal se tira años ensayando y creando canciones para grabar su primer disco, pero si éste tiene éxito y quieren seguir en boca de la gente, tienen que darse prisa en juntar otras 10 canciones y sacar rápido el segundo. Esto a veces no tiene tanto que ver con el artista como con la discográfica, que pretende aprovechar los esfuerzos de marketing hechos para promocionar el primer disco, pero claro, el artista se ve obligado a revalidar su trabajo creador en un tiempo récord.

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Discos Menores: Nirvana – In Utero

Querido lector, permítanos hacerle la siguiente pregunta: ¿de cuántos artistas ha oído hablar de los que no ha escuchado más de dos canciones? Me refiero a artistas consagrados, tipo la Velvet, Neil Young, Tom Waits, Nick Cave… o no tan consagrados, pero de esos que usted oye por ahí que son “clave” en la historia de la “música moderna”.

Supongo que son muchos. Vamos, ya son muchos en nuestro caso (y no olvide que nosotros sabemos mucho más que ustedes), así que imaginamos que su aturdimiento es grande cuando salen del confort de Kiss FM. La vida ésta que nos ha tocado vivir no nos deja tiempo para escuchar con atención las discografías enteras de los grupos clave de la historia del rock. ¿Qué hacemos entonces? Buscar en un blog, en una revista o en un amigo con algo de criterio, una recomendación que nos ayude a empezar por algún lado. Lo que eso produce normalmente es que acabemos en el disco clave de ese artista (clave según los críticos, claro) y no escuchemos nada más.

Siempre encontrarán en las famosas listas que tanto le gusta hacer a todo el mundo (nosotros incluidos… si no tenemos una es más por falta de tiempo que de interés), siempre encontrarán en ellas, decía, el Born To Run de Springsteen, o el Swordfishtrombones de Tom Waits. Es como si Dylan no hubiera hecho nada antes (o después) del Highway 61 y la Velvet sólo hubiera grabado el disco del plátano. Pero hay algo más, ¿no? Siempre hay algo más… Por eso, en esta sección vamos a intentar ocuparnos de determinados discos que no son tan reivindicados en esos momentos de las listas de “Lo mejor de…” .

Arrancamos, pues, con el In Utero de Nirvana. Un disco ensombrecido por la gigantez de su hermano mayor, el Nevermind, y por la frescura de Bleach. Un disco, sin embargo, muy especial, por muchas razones…

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La Roux – La Roux

Laroux

Polydor – 2009

6/10

En mitad de mucha gente alguien me dice “Tienes que escuchar a La Roux, Son la Polla”. Y ahí que vamos.


Sin saber donde me meto me encuentro con un grupo Electropop, una voz preciosa y ritmo, mucho ritmo que primero te hará mover la cabeza y poco a poco todo el cuerpo.  Me llama la atención especialmente una canción pegadiza y con ritmo, la maldita se me ha quedado enganchada en la mente tras escucharla unas 5 veces,  “In for the Kill” que ha resultado ser el nuevo Single del grupo.

(quería pegaros el vídeo pero la discográfica de La Roux no lo permite)

Sintetizadores a muerte,  con buenos ritmos y una eléctrica no demasiado sobrecargada, se junta con la sugerente voz de Elly en un disco que tiene más de una perla. Merece la pena escucharles.

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Muse – The Resistance

Muse - The Resistance
Muse – The Resistance

Warner Bros – 2009
3/10

Documento encontrado entre unos papeles tirados en el portal de mi casa en noviembre de 2009.

La música que más me gusta
Una redacción de (el nombre del chaval está emborronado) – 2º de ESO – B

Este año he descubierto cuál es la música que más me gusta: en octubre, mi hermano mayor me compró el último disco de Muse. Se llama “The Resistance” y es una especie de alegoría de cómo tenemos que ser fuertes y luchar contra todo aquello que no nos deje ser nosotros mismos.

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Defensa de Jeff Tweedy

wilco_2009

Jos, he comentado un par de cosas en tu crítica de lo último de Wilco, pero no me haces ni caso tronco… Publico, pues, un artículo con el único propósito de tocar un poco las narices…

No, en serio, ya me he oído y reoído, y reoído (y reoído) tooodo el catálogo de Wilco.

También me he informado un poquillo, desde mi total ignorancia de esto de la creación musical (¿¿¿¿qué es un bemol???, ¿qué sostiene un sostenido?), me he informado como digo de cómo graba los discos esta gente…y digo (o, mejor dicho, creo haber entendido algo de todo esto y por tanto puedo intentar formular una opinión) que estás siendo un poco injusto con el amigo Tweedy:

Así pues, discografía de estos pollos:

- A.M (1995): country, entretenidillo. Olvidable.

- Being There (1996): simple y directo, un poco country, un poco roquerillo. Buen disco.

- Summerteeth (1999): popero, fresco, denso (16 temas) sin decaer en ningún momento. Un discazo.

- Yankee Hotel Foxtrot (2001-2002): éste ya más experimental, cero country. Mucho trabajo de la banda (se ve en el documental) y valor añadido de las mezclas posteriores. Enorme, monumental, apoteósico, hostia en verso, 10.0 en pitchfork. Sí, totalmente de acuerdo.

- A Ghost is Born (2004): experimentación al límite, Tweedy como cerebro total de la banda (con Bennett ya fuera), haciendo primero las mezclas con ordenador (ProTools) y después enseñando los temas a la banda. Primero las mezclas y después la grabación del disco. Todo lo contrario que Yankee Hotel Foxtrot. Y le sale un disco raro, con momentos de mirarse al ombligo en plan hago lo que quiero cooon mi pelo (Spiders Kidsmoke), y con ramalazos de excéntrico incurable (ese tema de 15 minutos de ruido).

Un disco tan inesperado que es castigado por pitchfork: ¿hacéis un disco de 10.0 y ahora nos venís con esto?. Pues toma, un 6.6 y a casa. Entre los motivos para tan baja calificación se alude a falta de cohesión (Less cohesive than any other Wilco release). ¿Tan malo es eso? Estaremos de acuerdo en que en el mundo hay pocos discos y, generalizando, pocas cosas más perfectas que el White Album de los beatles…y es el disco menos cohesionado del mundo, con tres solistas (Lennon, McCartney y Harrison) pariendo y grabando temas a su bola para meterlos en el disco. ¿Y Ringo? Pues por detrás, “contribuyendo al sonido beatle”, como siempre. Y como demuestra esta foto:

BiciRingo

Me estoy saliendo del tema.

Volviendo sobre A Ghost is Born: que digo que no puedo estar más en desacuerdo con pitchfork, que me parece un discazo de un sólo autor (Tweedy) injustamente menospreciado en general; que tiene de todo, todo bueno, y hasta un temazo en el bonus disc (Kicking Television). Para mí, lo segundo mejor de Wilco junto con Summerteeth, justo detrás del Yankee Hotel Foxtrot.

¿Qué vino después? Ah, sí:

- Sky Blue Sky (2007) : de repente, cero experimentacion, folk/country/rock, vuelta a lo simple…y a lo simplón. Masticadito, rollete, aburrido, y a veces (On and On and On) aburridísimo…. Lo peor de Wilco, totalmente de acuerdo. Y, por fin:

- Wilco (the album)(2009): de nuevo vuelta a lo simple, pero esta vez con algo más de fuste. Algo así como Sky Blue Sky…. si Sky Blue Sky hubiera sido un buen disco o, al menos, un disco mejor de lo que es.

Así que al segundo intento de volver a hacer un disco sencillo les ha salido una cosa algo mejor. ¿Quén sabe? Puede que a la tercera les salga un disco folk/country/rock tan sencillo….como genial.

Yo lo creo posible. Tengo fe en el amigo Tweedy.

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Girls – Album

Girls - Album (2009)
Girls – Album (2009)

True Panther Sounds / Matador – 2009
8/10

Buenas noches, bienvenidos, hijos del rock and roll. Retomamos la sección de música, siempre con la rabiosa actualidad que caracteriza a este blog para hablarles de estos chicos: Girls. Si hace 10 años llevábamos pantalones de campana porque revivíamos los 60-70 y desde hace unos 5 no hay quien se libre de los dichosos 80, señores, ha llegado el momento del revival de los 90. Les advierto ya de antemano que estos tíos les van a gustar, aunque la primera pregunta que se harán será, seguramente, la siguiente:

- Pero ¿qué demonios? ¿A nadie se le había ocurrido llamarse “Girls” antes?

Pues parece ser que no. Una vez más, la condición humana nos sorprende.

Pero dejemos (o no) las frivolidades a un lado y hablemos del grupo. Cómo no, los amigos Christopher Owen y JR White son de San Francisco. De ahí seguramente el nombre del grupo, las florecillas y todas esas cosas. Su biografía es demasiado perfecta como para que nos la creamos entera, pero nos debemos a nuestra labor informativa y se la vamos a contar.

Nuestro Christopher nació y se crió en la secta “Niños de Dios”, la típica secta del post-hippismo americano en la que puedes juntar relatos de prostitución, niños raptados, fanatismo religioso y suicidios sin que nadie te lo discuta. [inserte su relato truculento aquí]. Es un tío atormentado el amigo Chris. Afortunadamente, la música le salvó. Al parecer, casi todo en los “Niños de Dios” giraba alrededor de la música: las liturgias, las celebraciones, las violac… las liturgias, las celebraciones… Casualidades de la vida, allí conoció al guitarrista de Fleetwood Mac, que le regaló su primera guitarra y le enseñó a tocar. Años después, nuestro protagonista escapaba de la secta para acabar con sus huesos en San Francisco, donde tras unirse a un par de bandas, conoció a JR White. La relación cuajó y grabaron este disco.

Pero dejémonos de preámbulos y hablemos claro: ¿a qué suena “Album”? Pues suena a muchas cosas y a muy pocas a la vez. Cojan ustedes ese espíritu a punto de romperse de la música americana de los 60, la fragilidad, inocencia y sinceridad de los Beach Boys o de Buddy Holly, y mézclenlo con una pizca justa de lo-fi noventero. Piensen en The Jesus and Mary Chain, por ejemplo, o incluso en los Smiths o Pulp. Métanle si quieren un cover de Daniel Johnston en sus conciertos. Bien, una vez que tienen todo eso en la enorme coctelera que es su cabeza, agítense y pulsen play en el siguiente vídeo:

“I don’t wanna cry my whole life through” repite una vez tras otra Owen, pero poco a poco nos va envolviendo con un hilo, luego un manto, de sonido, de guitarras distorsionadas, de amagos de percusión… Y piensas “ahí viene otra vez… ¡cuánto daño ha hecho el post rock!”. Pero no, no llega a estallar nunca. Te deja ahí, en una nube, como pensando “y ahora qué Owen?”. Y Owen responde con “Headache” y te das cuenta de que estos tíos van más en serio de lo que parece.

Y es que, una vez que te sacudes de esos dos hits que son “Lust for Life” y “Laura“, lo que quedan son un puñado de buenas canciones, algo de surf (”Big Bad Mean Motherfucker“), baladas de “prom-night” (”Ghost Mouth“), algo de shoegaze (”Morning Light“) e incluso alguna candidata a banda sonora de Twin Peaks (”Lauren Marie“).

Escúchenlo y saquen sus propias conclusiones. Para la redacción de LMA, “Album” es un buen disco, pero si dudan, si no les convence lo que leen, sólo déjenme hacerles una pregunta: mírenme a los ojos y sin titubear, díganme si “Laura” o “Lust for Life” merecen o no merecen estar entre las mejores canciones del año. Les dejo con ambas para que se decidan.

Les comento, no obstante, que si buscan un poco, encontrarán esa otra versión del vídeo de Lust for Life de la que tanto se ha hablado. Demasiado explícito, tal vez, el tema del micrófono… y es que, bueno, uno no ve todos los días ese tipo de escenas en las que… Bueno, ya me callo. Les dejamos con “Laura”.

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The Antlers – Hospice

The Antlers - Hospice (2009)

The Antlers - Hospice (2009)

Frenchkiss – 2009
9.1/10

Tengo una resaca del infierno. Hoy es día de desfile militar y resuenan los aviones por encima de mi cabeza, como si estuvieran a punto de soltar una bomba H sobre mi cerebro. Me encanta el olor a Napalm quemando neuronas por la mañana. Pienso en que debería escribir algo sobre The Antlers, que se me están resistiendo y me doy otra vuelta en la cama.

Hacía ya años que no me enganchaba a un disco conceptual. Las prisas de esta vida moderna no nos dejan tiempo más que para volar por encima de los discos, uno tras otro. Ojo, utilizo la etiqueta “conceptual” por desdén, la verdad, porque a lo que realmente me refiero es a los discos que te cuentan una historia, de principio a fin, no a los que giran alrededor de un concepto. Ahí sí que hay muchos ejemplos en la historia reciente de la música (Sufjan Stevens, Arcade Fire, Bon Iver, Grandaddy…). Para el primero de los tipos (llamemosles discos-historia), me tengo que remontar al Downward Spiral de Nine Inch Nails, donde Trent Reznor nos contaba la historia de un hombre atormentado que camina por su propia espiral descendente, entre la autodestrucción, la frustración y el odio, hasta ¡bang! pegarse un tiro en la cara, dejando antes una escalofriante nota de suicidio.

Pues bien, nada menos que 15 años después (sí, amigos, sí… nos hacemos viejos), me encuentro atrapado en este disco, sin poder salir.

Hospice es un disco jodido. Muy jodido. No recomendado para gente en horas bajas. O tal vez sí, para ver que se puede estar ahí, en la mierda, y salir. Que la luz que se filtra entre las rendijas de las persianas viene de ahí fuera. Y que ahí fuera es intensa. Pero claro, eso no lo aprendemos en el disco. Lo sabemos porque Peter Silberman, el creador de The Antlers, sigue ahí, dando conciertos y viviendo. La historia les recordará a la del disco de Bon Iver: después de un acontecimiento sobre el que no hay demasiados detalles, un tío barbudo se encierra en su apartamento de Brooklyn, evitando todo contacto con conocidos o amigos, es decir, en completo aislamiento social, durante -atención- un año y medio. Pasado ese tiempo emerge de la oscuridad con un disco entre las manos.

El disco tiene un poco de Bon Iver, sí, pero también tiene un poco de Arcade Fire (y no sólo por la temática fúnebre), y de Múm, como les contaremos más abajo. Es lento, oscuro y con una carga emocional a veces excesiva. Algunos dirán que impostada y falsa, pero yo no he podido encontrar la falsedad en todo esto, qué quieren que les diga. Inténtenlo y comenten.

Hasta aquí, lo que sería la reseña normal. Estén contentos de que haya sabido resumir el disco en dos líneas. Les recomiendo, en cualquier caso, enchufar los altavoces, ir a Spotify y seguir el disco con nosotros. Metan en su mochila el disco y una guía para entender lo que murmuran The Antlers en sus canciones. Y cuidado: a partir de aquí, spoilers.

—————————————————————————–

El disco cuenta la historia de una persona (supuestamente Silberman) que trabaja en el hospital Sloan-Kettering de Nueva York, donde conoce a Sylvia, una niña con cáncer de huesos. La descripción de la niña, en un estado de desesperación y frustración enfermizo, nos pone la piel de gallina. Desgraciadamente, desde el principio sabemos como va a acabar la historia. En “Kettering“, la segunda canción del disco, nuestro protagonista conoce a Sylvia:

You said you hated my tone, it made you feel so alone
So you told me I had to be leaving.

But something kept me standing by that hospital bed
I should have quit but instead I took care of you.

You made me sleep and uneven, and I didn’t believe them
When they told me that there was no saving you

La fiereza del tramo instrumental después de estos versos nos recuerda a los islandeses Múm. Hay algo de ese post-rock orgánico en las canciones de Antlers, aunque también hay algo de Godspeed You Black Emperor, algo de Arcade Fire y algo de la voz de Bon Iver.

Y entonces, cuando tenemos claro que durante la siguiente media hora vamos a presenciar la lenta muerte de una niña en un hospital, hay un giro inesperado en “Atrophy“. ¿A quién habla Silberman aquí? En lo que parece la descripción de la lenta destrucción de la relación de pareja del protagonista, los sentimientos de culpa y desesperación se suceden, seguidos de la fenomenal “Bear“, todo un himno pop, en la que la pareja decide abortar, no porque no puedan mantener al niño, sino porque tienen miedo de su propia relación:

There’s a bear inside your stomach, the cub’s been kicking you for weeks
And if this isn’t all a dream, well then we’ll cut him from beneath.

Well we’re not scared of making caves or finding food for him to eat,
We’re terrified of one another and terrified of what that means.

¿Cuál es la relación entre esta historia y la de Sylvia? ¿Es Sylvia una mórbida proyección de la relación de Silberman con su novia? ¿Es su muerte la muerte de su matrimonio? ¿O son dos historias paralelas que influyen una sobre la otra de manera imparable? En “Thirteen” es Sylvia la que habla, tras una soberbia introducción instrumental, arrugándonos el corazón cuando la oímos suplicar “Pull me out… Pull me out… Can’t you stop this all from happening? Close the doors and keep them out”. Aunque no sabemos qué Sylvia es.

Two” es, con el permiso de “Bear” el mejor tema del disco. Aquí llegamos a otro punto de inflexión en la historia, cuando los médicos confirman a nuestro protagonista que Sylvia va a morir. La letra salta entre su relación con la niña y la relación con su novia hasta el “momento-pelos-de-punta”, cuando escuchamos la fina voz de Silberman cantando “Well no one’s gonna fix it for us, no one can. You say that, ‘No one’s gonna listen, and no one understands.’ So there’s no open doors and there’s no way to get through, there’s no other witnesses, just us two.”.

A partir de aquí, la oscuridad del disco llega a su punto cumbre en “Shiva“, donde como pueden suponer, Sylvia muere y el protagonista de Hospice entra en su proceso de aislamiento, al recibir de la niña su enfermendad y convertirse en su huésped: una transmutación de la imposibilidad de vivir, un intercambio de cromos si quieren o, como subtitulan los Antlers, un intercambio de catéter, al que ahora se enchufa Silberman, no Sylvia. “Wake” es la descripción de este aislamiento, pero por fin, vemos algo de esperanza entre toda esta mierda de desesperación y soledad. Los coros Arcade Fire del final de la canción (”don’t ever let anyone tell you you deserve that”) nos elevan, aunque sea durante segundos, al cielo.

Y me llamarán loco, pero veo en “Epilogue” cierto optimismo y cariño hacia la historia vivida. Una especie de recapitulación, de lección aprendida, vivencia procesada y utilizada para aprender a vivir. Retomando la melodía de Bear (y la melodía de “Sylvia – an introduction” del EP “New York Hospitals“), The Antlers se sacan de la manga un fin de disco optimista, que la verdad, era lo último que podíamos esperar.

Este es un disco, en definitiva, tremendamente emocional, morboso si quieren, en el que cada canción es fundamental para contarnos una historia. Y sé que me acusarán de fantasear con él como quien fantasea con una película de antena 3 de después de comer. Pero pruébenlo. Y luego me cuentan.

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National Geographic y DePedro

DePedro

DePedro - Nacional Geográfico

Ayer en Radio 3, escuché algo que para mí fue la noticia del día: National Geographic ha montado una discográfica. Vamos, la montó hace tiempo, pero incomprensiblemente me enteré ayer.

Espero que no les parezca baladí el tema. Se va a dedicar a la noble tarea de apoyar a grupos de la llamada ”world music”.

Pero la noticia no acababa aquí. Como habrán intuido por el título del post, National Geographic ha lanzado un sello sí, pero lo importante es que su primera referencia es… DePedro.

Toma ya.

World Music de la buena. Y nacional. Nacional de verdad, que hasta el tío escogió su nombre artístico porque sonaba “kind of Mediterranean, kind of Spanish“. Te cagas.

Por lo menos han escogido una buena representación de lo Español. Un disco que suena Español, vamos. Español de Arizona. De Tucson, concretamente, que es donde se grabó. Vale, que suena a música americana, que parece que son Calexico los que tocan… pero bueno, ¿no descubrimos nosotros América? ¿Qué hay más español que América? Además, puede que la música sea algo parecida a la de Calexico, pero joder, las letras son en castellano, idioma que DePedro lleva a otro nivel. Un nivel transfronterizo, universal.

Vamos a intentar conducirles a través del enmarañado proceso compositivo de este artista que es DePedro. Sacaremos nuestro primer ejemplo del hit “Como el viento“, definida en la web de National Geographic como ”una especie de canción de amor”:

Esta mañanita te has vestido de felicidad
Como tó-los días desde que te veo caminar
Siempre luchando entre toda esta mediocridad
Siempre aguantando a los que te quieren pisar

Apoteosis. Éxtasis. Clímax.

Felicidad rima con Mediocridad y Caminar con Pisar. ¿Que no tiene sentido? Pero, vamos a ver, ¿no entienden que su letra es abstracta? No está hecha para que la comprendan ustedes, que no son gente de mundo, mucho menos de National Geographic.

En ”Te sigo soñando“, DePedro quiere enseñar sus raíces al mundo. Para ello convierte al Dúo Dinámico en un par de espaldas mojadas:

Si alguna vez huí de mi vida contigo
Perdóname cariño, estaba distraído
No veía color en esta marea
Había mucho calor en la frontera

Me sigues gustando, te sigo soñando
Es esta la forma que tengo, cariño, de demostrarlo

Ahí subyace la cultura hispánica del mestizaje: música y letra de banda sonora de película de Marisol, pero cantada desde la frontera. La humanidad somos uno sólo, querido lector. Quitémonos las cadenas.

Es la dura vida del emigrante, la que retrata DePedro en sus canciones. La del pueblo pobre y oprimido, por eso escribe canciones como “La Memoria“, que en palabras de los de Nat Geo Music (así se llama el sello) compuso “inspired by a trip to Mexico and the poverty and injustice he saw there”. “Compromiso” es la palabra que mejor define su música.

Pero DePedro no sólo homenajea al emigrante, al viajero. Él es humilde y como decíamos antes, le gusta revisitar su España natal. Se ha criado aquí y podemos verlo y oírlo. Por eso hace una canción, un homenaje más bien, en el que toma prestada la voz y estilo de Santiago Auserón. Porque nadie mola más que Santiago Auserón. O al menos nadie que conozcamos… Escuchen “Comanche“. Su letra es premeditadamente simple, parece hecha para que gente como nosotros pueda entenderla, por lo que no la reproduciremos aquí, que nos interesan cotas más altas de expresividad.

Después pasen a “¿Qué puedo hacer por ti?“. Cierren los ojos. ¿No lo ven? ¿No lo sienten? No, no es Juan Perro, es DePedro. Nuestro artista consigue una sinergia tal con el ex-Radio Futura que nos resulta difícil distinguirles. Una muestra más de la maestría del artista que nos ocupa.

Se trata, por fin, de la justicia histórica. Por fin una entidad americana utiliza nuestra música, nuestra world music, para inaugurar un sello. Y no me vengan con eso del menosprecio norteamericano a otras culturas. Se trata de un reconocimiento a la buena música y la poesía de nuestro país. Les hemos dejado para el final los versos que seguramente convencieron al más alto ejecutivo de Nat Geo Music. La bella canción “Miguelito

Ay Miguelito,
quédate un ratito
Nos gusta oir tus canciones
Esas tan bonitas que tú compones

Arte.

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Wilco – Wilco (The Album)

Nonesuch – 2009
6,5/10

Sabemos que llegamos con unos meses de retraso a esta crítica, pero es que seguimos consternados. ¿Hemos perdido a Wilco para siempre? Ahí les dejamos la pregunta, queridos lectores. En la redacción estamos decepcionados con la última entrega de los de Tweedy. Parece que “Sky Blue Sky”  ha marcado un antes y un después en la carrera de Wilco…

Pero volvamos atrás por un momento…

En el hypeadísimo pero aún así recomendable documental de 2002 “I am trying to break your heart”, la banda nos mostraba el proceso compostivo que les llevó a crear una de las piezas clave del rock en lo que llevamos de milenio: el fabuloso “Yankee Hotel Foxtrot”. De manera abiertamente morbosa se nos enseñaban las rencillas entre los que entonces eran los dos cerebros del grupo: Jeff Tweedy y Jay Bennett y, aunque entonces nos pareció un poco sonrojante y poco creíble el intento de imitación del “Let it be” (filmando piques de patio de colegio entre JT y JB sobre como mezclar la introducción de “Heavy Metal Drummer”), hoy revisitamos la película con otros ojos.

Suponemos que conocen la historia, pero como nos encanta hablar, escribir y hacernos los entendidos, se la resumiremos: Jeff y Jay forman un dúo compositivo, en el que, supuestamente el primero pone las canciones y el segundo la experimentación instrumental que las hace (más) grandes. A Jeff parece que no le gusta el peso que va cogiendo Mr. Bennett en el grupo y acaba echándole del grupo. Delirios, celos y acusaciones delante de la cámara, pero al final, Jay sale de la banda por la puerta de atrás, mientras el mundo coloca a sus ex-compañeros la corona de reyes del rock gracias al álbum que él ayudó a crear. Vaya palo, Jay.

“A lot of times when you’re playing, if you don’t have any kind of sonic landscape behind you, everything kind of turns into a folk song” decía el bueno de Jay en la película. Pero como les adelantábamos, no nos llegó a convencer del todo aquella historia. Quedaba demasiado bien en la pantalla. Además, ninguno de los discos que sacó Bennett tras salir de Wilco demostraban la irrefrenable inquietud experimentadora que se le presuponía.

Como sabrán, Jay Bennett murió en Mayo de este año, poco antes de que llegara a las tiendas el disco que hoy nos ocupa, rodeado de morbosidad de culebrón: días antes de su muerte demandó a Tweedy por impago de derechos de imagen en el citado documental y royalties de las canciones que había ayudado a componer. Todo, al parecer, con el fin de conseguir dinero para una necesaria operación de cadera que no podía pagarse. Una cadera que hizo que una noche se pasara con los calmantes.

Y aquí en la redacción, estamos empezando a pensar que nos equivocamos al no creernos lo que veíamos en aquel documental. Que Jay Bennett era parte fundamental del engranaje de Wilco.

Si “Sky Blue Sky” ya nos pareció un paso atrás (salvando el gran “Impossible Germany”), ¿qué les podemos decir de este disco? Ya lo han leído por ahí, seguro. “Wilco vuelve a sus raíces“. “El sexteto finalmente se siente cómodo consigo mismo“. “Consolidan su estilo con una coherente declaración de identidad“. ¿Se lo traducimos? La palabra es “coñazo”, queridos lectores. Coñazo y autocomplacencia.

Eso sí, siempre hablando en el contexto de lo que son y han sido Wilco. Si otro grupo hubiera grabado este disco, tal vez estaríamos hablando de un álbum notable (o incluso de lo mejor del año… si no me creen, esperen a ver en cuántas listas aparece el Wilco – The Album), pero al igual que las madres no exigen lo mismo a los hijos con sobresalientes que a los hijos con suspenso en matemáticas, nosotros no nos conformamos con este disco. Le quitaríamos la paga a Tweedy y le castigaríamos sin salir.

El primer single del disco, “You and I” es una de esas baladas bonitas “marca de la casa”: los coros de Feist dan en el clavo, haciendo de la canción una amateur declaración de amor de coche bajo la lluvia… convirtiéndola en extrañamente cercana. Lo que pasa es que es tan simplona, que a la tercera escucha empieza a dar algo de repulsión. Preferimos con mucho “One Wing”, en la que retomamos la vieja fórmula Wilco de intensidad sobre un clásico verse-chorus-verse en cuyo preámbulo nos dejamos llevar por la estupenda (como siempre) batería de Glens Kotche.

Y hablando de los músicos… ¿qué pasa con Nels Cline? El que nos maravillaba en directo, aquel del que decíamos que era uno de los mejores guitarristas del mundo… Normal, porque ya se sabe, viene del jazz. Sí, sí, del jazzzzz. Juro que le he visto incendiar conciertos con esos golpes secos tan característicos de su forma de tocar, pero coño… ¿Qué le pasa a su garra? ¿Y qué es eso de clavar dos solos iguales en dos canciones del mismo disco? Comparen ustedes los momentos centrales de Deeper Down y Solitaire y sabrán de qué les hablamos.

Les retamos, ya puestos, a recordar Solitaire durante más de 30 segundos. Si lo consiguen, no hay duda: este disco es para ustedes.

Lo de Black Bull Nova es de lo que más rabia nos da. En lo musical, Spiders (Kidsmoke) nos gustaba más y, la letra… decir que no nos convence es un eufemismo. Menos mal que tenemos piezas como Country Disappeared, en la que recuperamos los estribillos con intensidad o You Never Know, que parece obra póstuma de George Harrison. De esta segunda parte del disco, muy setentera, muy Tom Petty, y en ocasiones, muy facilona, destacamos la directa y sincera I’ll Fight, que sí que convence de que Tweedy va a luchar y matar e ir a donde haga falta… 

Esperemos que sea por hacer, de nuevo, un disco redondo. Nos lo debe. O le dejamos sin paga.

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