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Existen ahora mismo dos películas en cartel dirigidas por sendos prestidigitadores de la imagen, indagadores de lo malsano el uno y de la violencia urbana el otro, maestros de la cámara, del “tempo”, del ritmo, de la creación de tensión en una sala de cine que, visto lo visto, se mantienen en buena forma (si bien uno de ellos lo tiene bien complicado para poder seguir dando guerra).
Son ambas peliculas narrativamente imperfectas: una dispara con veneno hacia políticos sin nombre pero bien identificables, y erra en parte el tiro al acabar disparando a todas partes y a ninguna. La otra pretende engañar (o quizá engaña haciéndonos creer que lo pretende) y sorprender a espectadores ya muy curtidos en esto de los giros argumentales (100 años de cine dan para mucho) y no lo consigue, o lo consigue a medias.
Pero ambas películas son herederas de la mejor tradición del thriller clásico, y cuando este género cae en manos de semejantes cirujanos de precisión acostumbrados a navegar por terrenos pantanosos y aguas turbias, surge cine, del de verdad, del bueno. Son ambas películas, pues, historias imperfectas, pero que esconden la oculta y al mismo tiempo elocuente genialidad de los mejores trabajos de dirección.

No hablamos, pues, de historias, tramas ni personajes. Ni de juicios tipo “no me gustó la última de Coppola porque al final…” o “La historia que me cuenta Eastwood empieza de tal manera…”. No. Hablamos únicamente de la dirección de películas, y la defendemos, pues a día de hoy se persiste, en ocasiones, en no saber desligar la dirección de escenas de su escritura, y se tachan de “mediocres” historias efectivamente absurdas, pero contadas (¡dirigidas!) con pasión. Ya dijimos al respecto algo por aquí en su día de M. Night Shyamalan a cuento de El Protegido. La distancia, en Shyamalan, entre lo que cuenta y cómo lo cuenta es perfectamente salvable e identificable, pero no siempre resulta tan fácil diferenciar el qué del cómo, lo cual suele llevar a juicios apresurados.
Porque no saber desligar lo que se cuenta del cómo se cuenta lleva, por ejemplo, a cosas como calificar de “absurda” la escena de Con la Muerte en los Talones en la que Cary Grant es atacado por un avión. Efectivamente, si uno quiere matar a Cary Grant y lo cita en un desierto, caben pocos medios más absurdos para hacerlo que un vuelo rasante con un avión. Podría venir un tipo con una pistola, pero eso sería la vida. Podría ser citado en una habitación pequeña y oscura, con un tipo con pistola, pero eso sería banal y rápidamente olvidable. Así, si lo que uno pretende es crear tensión partiendo del más difícil todavía, no en un cuarto oscuro, no en un espacio cerrado, no con una puerta que chirría, no con un grito, no con un subidón de música justo en el momento del susto, sino sin música, sin diálogo, en el desierto y a pleno sol, y uno lo consigue con estudiadísimas posiciones de cámara, lenguaje mudo, puramente cinematográfico, un montaje estudiado y una perfecta planificación, dicha escena se convierte en un portentoso trabajo de dirección. Y, como tal, en un portentoso momento de cine, que perturba y fascina, incomoda, se queda en la retina y vuelve a veces, ya convenga o no.
Hablamos, en resumen, de directores, y dos de los grandes acaban de imprimir de un golpe nuevas imágenes en la biblioteca cinematográfica de nuestra retina.
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Creo que el mejor acercamiento a la historia de Invictus no es tanto ver el film de Clint Eastwood, sino leer el ensayo de John Carlin en que está basado dicho film: Playing the Enemy, titulado en España El Factor Humano: Nelson Mandela y el partido que salvó a una nación.
Las primeras 200 páginas del libro son magistrales: la vida de Mandela en la cárcel, su pragmatismo, que le lleva a olvidar la lucha armada de sus tiempos en Umkhonto we Sizwe y decantarse por la palabra, su propio carisma y la comprensión como modo de acercarse a los afrikaner, empezando por aprender su idioma y costumbres. Cómo aplica su plan ascendiendo progresivamente en la escala de autoridad: plan que comienza por los carceleros, sigue con el ministro de defensa, continúa con el jefe del servicio secreto y desemboca en las conversaciones secretas con el gobierno de P.W Botha para negociar su salida de la cárcel.
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Das Weisse Band – Eine Deutsche Kindergeschichte, de Michael Haneke (2009)
Un pueblo del norte de Alemania en los meses previos al estallido de la Primera Guerra Mundial. Una serie de extraños acontecimientos, al parecer motivados por una voluntad oculta de aplicar castigos rituales, sacuden al pueblo. ¿Quién está detrás de estos actos?
Hasta ahí el planteamiento de la historia en tanto que película de asesino en serie o whodunit, que diría Hitchcock.
Y a partir de ahí, pura alegoría: sugerente, inquietante, fascinante. Haneke crea una gama de personajes-arquetipo que se adhieren a la memoria del espectador, proponiéndole nuevas preguntas y proporcionando nuevas respuestas semanas después del visionado. Entre esos personajes destacan por encima de todo los niños, que parecen directamente sacados de El Pueblo de Los Malditos, pero también el pastor obsesionado con la pureza del alma; el médico cruel y corrupto de puertas adentro, que sin embargo vende una imagen de corrección de puertas afuera; la familia de campesinos oprimida por el patrón, con el conflicto padre-hijo sobre la mansa aceptación de esa opresión; el barón y la baronesa, ésta última parte consciente de la corrupción y miseria subterráneas que ahogan al pueblo.
Con todos estos personajes Haneke construye un intrincado juego de espejos en el que cualquier interpretación es válida. Sin embargo él mismo ha pretendido irónicamente, y con un punto de maliciosidad, centrar toda la atención en los niños para resaltar una interpretación por encima de todas: desde el título original (La Cinta Blanca – Una historia de niños alemanes), al contexto histórico: se desarrolla en Alemania en 1913, luego estos niños serán futuros nazis. Conclusión apresurada: he aquí las causas.
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INVICTUS (Clint Eastwood,2009)
7/10
Mandela acaba de llegar al poder tras luchar durante años contra el poder del gobierno del apartheid en Sudáfrica, con el fin de iniciar una nueva etapa en la historia de su país, pero para ello tendrá que luchar contra los perjuicios de ambos lados negros y blancos. Impidiendo las acciones revanchistas de los negros y eliminando el temor al nuevo gobierno negro de los boers que poseen el 80% de la riqueza del pais, que necesita de ese dinero para desarrollarse y convertirse en una nación próspera.
Allí es donde aparecen los Springsbok, el equipo de Rugby símbolo del gobierno del apartheid venerado por los blancos y odiado por los negros, que además de preferir la victoria de cualquier otro equipo, juegan al futbol y no saben, ni les interesa el rugby juego que por definión es de blancos racistas.
Pero en 1995 el Mundial de Rugby se juega en Sudáfrica, y Mandela se propone que el equipo símbolo de la sudáfrica blanca se convierta en el equipo de toda Sudáfrica. Y para ello, empujará al capitan de los Springboks, François Piennar, a la conquista del título, con lo mejor que ha aprendido en sus años de carcel, el poder de la palabra.
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 The Road
No sé si estarán de acuerdo conmigo si les digo que el otro fui a ver “The Road” y me pareció una de las mayores injusticias del cine de este año. Y es que resulta difícil de entender que una película como ésta no haya recibido ni una sola nominación a los Oscar de este año.
No me refiero al Oscar a la mejor película (aunque bueno, con 10 nominados este año…), o al Oscar al mejor actor, aún teniendo en cuenta lo soberbios que están Viggo Mortensen y Kodi Smit-McPhee que con sus 13 años se carga media película a la espalda. Me refiero al soberbio trabajo de Javier Aguirresarobe en la fotografía haciendo que veamos, olisqueemos y casi palpemos la desolación y la arrebatadora angustia de un mundo que ha dejado de ser, de existir.
La película nos cuenta, en efecto, una historia en un mundo, el nuestro, que ya ha terminado. Una nueva ración de cine post-apocalíptico del que ya hemos recibido unos cuantos best-sellers cinematográficos en los últimos años. De ahí nos llegaba una cierta pereza inicial al aproximarse al film, sobre todo porque no habíamos leído antes la novela homónima de Cormac McCarthy. Sólo sabía que este hombre ya nos había regalado “No country for old men”, de la que había salido la celebrada película de los hemanos Coen, y a pesar de lo que nos gustó aquella, la pereza asociada al riesgo de ver “otra peli de zombies” estaba ahí, palpable.
Pero le vamos a dar un gustazo al lector y vamos a confesar que nuestros prejuicios eran erróneos. En efecto, nos equivocamos. O más bien nos pre-equivocamos, porque ahora lo estamos enmendando.
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A Serious Man (2009), de Joel & Ethan Coen
Siguiendo con los Coen, ayer vi su último film. No ha reventado la taquilla precisamente, así que por una vez (y que sirva de precedente) no revelaré detalles que arruinen la película a los muchos que no la hayan visto.
Un tipo serio se ha vendido como el film más autobiográfico de los Coen hasta la fecha, un acercamiento irónico y crítico de los hermanos a una comunidad judía de Minnesota en los años sesenta como aquélla en la que ambos crecieron. Una versión 100% judía de Fargo. Sin nieve.
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Ayer vi la última de los hermanos Coen, A Serious Man. Estaba escribiendo la crítica y he empezado resumiendo lo que me parece la carrera de estos hermanos hasta hoy. No sé escribir y me he enrollado demasiado, pero no se queje, que así me da para dos posts, de los cuales éste es el primero. ¡Dos por el precio de uno, oiga!
Me gustan los Coen, siempre los he seguido, y casi siempre he disfrutado con sus películas, en mayor o menor medida. Por orden:
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Up in the Air (Jason Reitman,2009)
6,5/10
Un profesional del despido elegante y perfeccionista pasa su vida en el aire, entre aeropuertos y hoteles, de un lado a otro de Estados Unidos fuera de casa 300 días del año. Él es feliz tiene su propia filosofía, y allí donde puede la comparte. Esta seguro de sus bien definidas metas, de su trabajo, donde es el mejor. Soltero, guapo y con dinero es lo que podríamos decir un hombre de éxito, pero un día conoce a su alma gemela, fría, distante y viajera, al día siguiente su vida profesional, y por tanto su vida ya que no tiene otra, da un giro de 360 grados.
¿Tenemos una comedia romántica?
El director de Juno recogiendo una fama bien merecida, se embarca en la empresa de dirigir a George Clooney, de interpretar el sentido de la vida, de convertir una comedia romántica en una gran pelicula, y ganar varios Oscar.
¿Esta justificada la nota que le damos en malasartes?
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 Poster de la película
Avatar (James Cameron, 2009)
7/10
Hoy he visto Avatar.
Y vaya por delante que me ha gustado. Me ha impresionado, entretenido, me ha hecho saltar en el asiento y alucinar con la belleza de muchas de sus escenas y lo adecuado de su banda sonora. Lo que no debe resultar raro tratándose de una superproducción de este calibre, con el añadido de lo avanzado de la tecnología utilizada aquí, responsable de acercar por primera vez el cine en 3D al gran público, fuera de los documentales del IMAX.
Es la película más cara de la historia (entre 237 y 460 mill€) y la que con total probabilidad será la más taquillera, en tres semanas ya ocupa la tercera posición con 1.100 mill € (negocio redondo este del cine, eh?). La primera versión del guión es del 94; Cameron ha estado desde entonces a que la tecnología fuera la adecuada. Parte del presupuesto se ha destinado a desarrollar un sistema de cámaras estereoscópicas para rodar directamente en 3D, otra parte a movilizar el monstruo de 4.000 procesadores y 104TB de RAM necesario para renderizar esta película. Y es que todos los números asociados a esta creación son astronómicos. Se ha dicho de ella que ha revolucionado la forma de hacer cine, que supone un cambio de paradigma y cosas aún más grandilocuentes. Y precisamente con el cristal de estos datos la voy a observar.
Para los vagos y los atareados, ahí va mi recomendación: id a verla. Merece la pena. Y vedla en 3D, que mola más. Avatar mooooolaaa, mola Avatarrrll (léase con acento manchego).
Aviso a navegantes, a partir de aquí vienen los Spoilers. Si no la habéis visto y os molesta que os cuenten datos de las pelis … NO SIGÁIS LEYENDO!
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A veces uno va con sus mejores intenciones al cine y preparado para todo, pero ¿cómo te lo pagan los cines? Con peliculas vacias y huecas que pretenden contarte algo pero en realidad se basan en la nada,.. nada,.. nada (nos devuelve el eco de esta pelicula)
Cómo decir que Spike Jonze, el director de películas tan miticas como “Cómo ser John Malkovich” ha tenido el valor de acometer semejante adulterio fílmico. Pero es así, una bella estética, unos paisajes increíbles, un mundo sorprendente y una sensación constante de que algo tiene que ocurrir, que los personajes van a crecer, van a contar algo interesante o va a haber un cambio radical en la pelicula, pero no. No ocurre nada, y la sencilla razón por la que no ocurre nada es porque está basado en un cuento infantil de 10 páginas con menos de 30 palabras en cada una de ellas (He tenido el placer de tenerlo en mis manos).
Quizá porque estamos hablando de un largometraje basado en un libro con poco más de 300 palabras, algo más que este post, en lugar de criticar deberíamos alagar, aplaudir o ahuyar, siguiendo el consejo de la película
…auuuuuuu!!!! auuuuuuu!!!
Pero nada, no me sirve de nada. “De donde no hay, no se puede sacar” que decía mi abuela, y nuestro pobre director mucho ha hecho sacando una pelicula de su cuento infantil favorito.
Si queréis verla me parecerá maravilloso, sin duda existen peores peliculas, con peores escenas, peores actores, peores guiones, pero que no te dejarán con ese intento de “te lo voy a dar todo…pero no tengo nada”, y con esto digo que no es una mala pelicula (bien han eyaculado uno de los críticos de “El Pais”) pero en nada me llevó a mi mundo infantil, y ni me trasladó a ese lado salvaje que todos tenemos atado por las normas sociales.
El cuento de Maurice Sendak para los niños es maravilloso y se puede contar de mil maneras, pero desgraciadamente no da para una película.
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