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Tulsa – Espera la pálida

Tulsa - Espera la pálida

Tulsa - Espera la pálida

Subterfuge – 2010
4/10

El segundo disco suele ser la prueba que se pide a todo grupo prometedor para demostrar que de verdad valen. Una banda normal se tira años ensayando y creando canciones para grabar su primer disco, pero si éste tiene éxito y quieren seguir en boca de la gente, tienen que darse prisa en juntar otras 10 canciones y sacar rápido el segundo. Esto a veces no tiene tanto que ver con el artista como con la discográfica, que pretende aprovechar los esfuerzos de marketing hechos para promocionar el primer disco, pero claro, el artista se ve obligado a revalidar su trabajo creador en un tiempo récord.

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Discos Menores: Nirvana – In Utero

Querido lector, permítanos hacerle la siguiente pregunta: ¿de cuántos artistas ha oído hablar de los que no ha escuchado más de dos canciones? Me refiero a artistas consagrados, tipo la Velvet, Neil Young, Tom Waits, Nick Cave… o no tan consagrados, pero de esos que usted oye por ahí que son “clave” en la historia de la “música moderna”.

Supongo que son muchos. Vamos, ya son muchos en nuestro caso (y no olvide que nosotros sabemos mucho más que ustedes), así que imaginamos que su aturdimiento es grande cuando salen del confort de Kiss FM. La vida ésta que nos ha tocado vivir no nos deja tiempo para escuchar con atención las discografías enteras de los grupos clave de la historia del rock. ¿Qué hacemos entonces? Buscar en un blog, en una revista o en un amigo con algo de criterio, una recomendación que nos ayude a empezar por algún lado. Lo que eso produce normalmente es que acabemos en el disco clave de ese artista (clave según los críticos, claro) y no escuchemos nada más.

Siempre encontrarán en las famosas listas que tanto le gusta hacer a todo el mundo (nosotros incluidos… si no tenemos una es más por falta de tiempo que de interés), siempre encontrarán en ellas, decía, el Born To Run de Springsteen, o el Swordfishtrombones de Tom Waits. Es como si Dylan no hubiera hecho nada antes (o después) del Highway 61 y la Velvet sólo hubiera grabado el disco del plátano. Pero hay algo más, ¿no? Siempre hay algo más… Por eso, en esta sección vamos a intentar ocuparnos de determinados discos que no son tan reivindicados en esos momentos de las listas de “Lo mejor de…” .

Arrancamos, pues, con el In Utero de Nirvana. Un disco ensombrecido por la gigantez de su hermano mayor, el Nevermind, y por la frescura de Bleach. Un disco, sin embargo, muy especial, por muchas razones…

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Los Punsetes – Tus Amigos

Un poco de polémica para alegrar el día… Los Punsetes ultiman los detalles de lo que será su segundo LP, que se llamará, oh cielos, “LP2″. Antes de que el disco salga a la luz, nos dejan un avance en forma de videoclip.

Sabiendo del amor que hay en la redacción de LMA por este grupo madrileño, he pensado que estaría bien dejarles con este himno. Especial atención a partir del minuto 2:38. Algún lector se sorprenderá.

Escuchen, escuchen:

Tus Amigos

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Muere Jay Reatard


Jimmy Lee Lindsey Jr. - 1980 - 2010

Jimmy Lee Lindsey Jr. - 1980 - 2010

Hace ya 12 días (sentimos el retraso) falleció Jimmy Lee Lindsey Jr., más conocido como Jay Reatard, en su casa de Memphis a los 29 años de edad.

Este pedazo de músico empezó su carrera al dejar la escuela con tan sólo 15 años y deja un prolífico legado de 22 LPs y más de 100 publicaciones entre todas sus aventuras musicales, tanto en solitario como con las diversas bandas en las que estuvo implicado: The Reatards, Lost Sounds, Nervous Patterns, The Final Solutions, Destruction Unit, Terror Visions y Bad Times.

Piénsenlo: más de 100 discos entre LPs, EPs y singles en 9 bandas diferentes y en tan sólo 14 años.

Para su recuerdo y para que le escuchen si no lo han hecho aún, rescatamos de entre sus temas el sensacional “My Shadow”. Suban el volumen de su estéreo.

Muse – The Resistance

Muse - The Resistance
Muse – The Resistance

Warner Bros – 2009
3/10

Documento encontrado entre unos papeles tirados en el portal de mi casa en noviembre de 2009.

La música que más me gusta
Una redacción de (el nombre del chaval está emborronado) – 2º de ESO – B

Este año he descubierto cuál es la música que más me gusta: en octubre, mi hermano mayor me compró el último disco de Muse. Se llama “The Resistance” y es una especie de alegoría de cómo tenemos que ser fuertes y luchar contra todo aquello que no nos deje ser nosotros mismos.

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Little Joy – Little Joy

Confieso, queridos lectores, mi ignorancia y mi falta de contacto con el mundo de la moda musical, ya que ayer, cuando llegamos a la impecable sala Florida Park de Madrid para asistir a la primera jornada del Primavera Club, lo hacíamos con la única intención de ver a Marissa Nadler y a Devendra Banhart. Los chicos que tocaban en medio, unos tal “Little Joy” se me antojaban una gente con suerte, unos chavales a los que les había tocado la lotería: tocar delante de una sala repleta de gente, ansiosa de ver al magnífico, inigualable y sublime Devendra (Fabrizio Moretti dixit).

Y resulta que los chavales se marcaron un conciertazo. Nos levantaron de las cómodas butacas a las que el sopor Nadler nos había pegado para zurrarnos en la cara con una ración de “algo que suena como los Libertines o los Strokes, pero en brasileño”. Eso le decía a mi compañera de fatigas ayer entre modernos. Y hoy les busco en el Spotify y joder, es que la voz es muy “Stroke”. Demasiado Stroke tal vez, ¿no? Que mosqueo… Voy a ver qué dice wikipedia

Pues sí señores, el ex-batería de los Strokes montó con Rodrigo Amarante y la bella Binki Saphiro la banda que nos ocupa, durante la pausa que se ha dado (por poco tiempo) la banda aquella que devolvió las Converse All Star a los escaparates. Y les digo que estos tíos suenan muy bien. Tras escuchar por lo menos 2 veces el disco, lo cual es mucho más de lo que estos tiempos modernos le dejan a uno escuchar el último álbum de Bob Dylan, les puedo decir que, en efecto, como dice pitchfork, es súper “enjoyable”. Pero lo importante es que en su directo de ayer transmitieron. Transmitieron un montón de buen rollo, alegría y ganas de bailar. Emoción, señores, lo estaban disfrutando de lo lindo y eso hacía disfrutar al público. Tanto que fue incluso un alivio ver a Rodrigo Amarante salir al escenario a acompañar a Devendra Banhart minutos después.

Escuchen, camaradas, y después vayan a verles. Es una orden…

Girls – Album

Girls - Album (2009)
Girls – Album (2009)

True Panther Sounds / Matador – 2009
8/10

Buenas noches, bienvenidos, hijos del rock and roll. Retomamos la sección de música, siempre con la rabiosa actualidad que caracteriza a este blog para hablarles de estos chicos: Girls. Si hace 10 años llevábamos pantalones de campana porque revivíamos los 60-70 y desde hace unos 5 no hay quien se libre de los dichosos 80, señores, ha llegado el momento del revival de los 90. Les advierto ya de antemano que estos tíos les van a gustar, aunque la primera pregunta que se harán será, seguramente, la siguiente:

- Pero ¿qué demonios? ¿A nadie se le había ocurrido llamarse “Girls” antes?

Pues parece ser que no. Una vez más, la condición humana nos sorprende.

Pero dejemos (o no) las frivolidades a un lado y hablemos del grupo. Cómo no, los amigos Christopher Owen y JR White son de San Francisco. De ahí seguramente el nombre del grupo, las florecillas y todas esas cosas. Su biografía es demasiado perfecta como para que nos la creamos entera, pero nos debemos a nuestra labor informativa y se la vamos a contar.

Nuestro Christopher nació y se crió en la secta “Niños de Dios”, la típica secta del post-hippismo americano en la que puedes juntar relatos de prostitución, niños raptados, fanatismo religioso y suicidios sin que nadie te lo discuta. [inserte su relato truculento aquí]. Es un tío atormentado el amigo Chris. Afortunadamente, la música le salvó. Al parecer, casi todo en los “Niños de Dios” giraba alrededor de la música: las liturgias, las celebraciones, las violac… las liturgias, las celebraciones… Casualidades de la vida, allí conoció al guitarrista de Fleetwood Mac, que le regaló su primera guitarra y le enseñó a tocar. Años después, nuestro protagonista escapaba de la secta para acabar con sus huesos en San Francisco, donde tras unirse a un par de bandas, conoció a JR White. La relación cuajó y grabaron este disco.

Pero dejémonos de preámbulos y hablemos claro: ¿a qué suena “Album”? Pues suena a muchas cosas y a muy pocas a la vez. Cojan ustedes ese espíritu a punto de romperse de la música americana de los 60, la fragilidad, inocencia y sinceridad de los Beach Boys o de Buddy Holly, y mézclenlo con una pizca justa de lo-fi noventero. Piensen en The Jesus and Mary Chain, por ejemplo, o incluso en los Smiths o Pulp. Métanle si quieren un cover de Daniel Johnston en sus conciertos. Bien, una vez que tienen todo eso en la enorme coctelera que es su cabeza, agítense y pulsen play en el siguiente vídeo:

“I don’t wanna cry my whole life through” repite una vez tras otra Owen, pero poco a poco nos va envolviendo con un hilo, luego un manto, de sonido, de guitarras distorsionadas, de amagos de percusión… Y piensas “ahí viene otra vez… ¡cuánto daño ha hecho el post rock!”. Pero no, no llega a estallar nunca. Te deja ahí, en una nube, como pensando “y ahora qué Owen?”. Y Owen responde con “Headache” y te das cuenta de que estos tíos van más en serio de lo que parece.

Y es que, una vez que te sacudes de esos dos hits que son “Lust for Life” y “Laura“, lo que quedan son un puñado de buenas canciones, algo de surf (”Big Bad Mean Motherfucker“), baladas de “prom-night” (”Ghost Mouth“), algo de shoegaze (”Morning Light“) e incluso alguna candidata a banda sonora de Twin Peaks (”Lauren Marie“).

Escúchenlo y saquen sus propias conclusiones. Para la redacción de LMA, “Album” es un buen disco, pero si dudan, si no les convence lo que leen, sólo déjenme hacerles una pregunta: mírenme a los ojos y sin titubear, díganme si “Laura” o “Lust for Life” merecen o no merecen estar entre las mejores canciones del año. Les dejo con ambas para que se decidan.

Les comento, no obstante, que si buscan un poco, encontrarán esa otra versión del vídeo de Lust for Life de la que tanto se ha hablado. Demasiado explícito, tal vez, el tema del micrófono… y es que, bueno, uno no ve todos los días ese tipo de escenas en las que… Bueno, ya me callo. Les dejamos con “Laura”.

El “Manifiesto del 20 de Octubre”

Via jenesaispop y El Confidencial Musical, nos enteramos de que hoy 20 de Octubre se leerá en la Casa de la Villa de Madrid un “manifiesto a favor de la música” (sic.). Al parecer, la iniciativa ha surgido de unos trabajadores de Sony, pero no estará firmada por ninguna empresa, asociación o entidad. Sólo por personas físicas.

Para no influir en vuestro criterio, os dejamos aquí el comunicado en cuestión y os invitamos a comentarlo… Próximamente un post con los mejores comentarios :)

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La Música Es Cultura. La Música Es Empleo

Músicos, autores, compositores, intérpretes, managers, productores, editores, mayoristas, tiendas de discos, técnicos de sonido, promotores, distribuidores. El colectivo de profesionales que hacemos la música estamos orgullosos de nuestro trabajo. ¿Somos unos ingenuos por ello?

Hasta hace poco, además de ganarnos la vida con mayor o menor acierto, se nos reconocía que contribuíamos al enriquecimiento cultural de nuestro país. Constituye un gran privilegio ser partícipe de un proceso por el que millones de personas disfrutan todos los días con la música. Hemos estado presentes en sus vidas desde tiempo inmemorial, ya fuera a través de un disco de pizarra, un vinilo, un casete, un CD, los teléfonos móviles, la radio, un mp3 o las actuaciones en directo.

Somos los que propiciamos esas melodías que se incrustan en nuestros cerebros y corazones. Músicas que enamoran, consuelan, o curan; sonidos que alegran, rememoran, evaden, relajan o estimulan. Sí, nos gusta nuestro trabajo. Y sabemos que nuestro trabajo gusta y es necesario.

Ahora, sin embargo, ya no sentimos tantos motivos de orgullo.. Porque se ha extendido una cantinela según la cual nosotros no trabajamos, sino que vivimos de un bien al que la gente tiene derecho a acceder de forma gratuita y con total impunidad.

La realidad está muy lejos de todo eso. Nadie sabe cómo será la industria de la música dentro de 10 años, pero seguro que para entonces la música sigue ocupando ese mismo lugar decisivo en nuestras vidas. Por eso mismo nosotros, el colectivo de trabajadores que hace la música, seguimos aportando nuestra mejor imaginación, la mayor energía, el empuje más decidido. Pero lo hacemos solos. O casi. Tenemos a otros colegas que generan obras. Tenemos a nuestro público. Pero ningún apoyo más.

La piratería nos hace daño, desde luego. Mucho daño, aunque parece que sólo nos preocupa a nosotros y a nadie más. Pero la crisis es mayor y más profunda. Los espacios naturales donde nacen el pop y el rock son considerados meros tugurios perseguidos por las Administraciones cuando deberíanser espacios culturales. La música en directo carece de espacios escénicos adecuados. Parece como si no hubiera motivos para seguir ejerciendo la profesión que mejor conocemos y desempeñamos. Ese oficio con el que muchas personas ponen unas gotas de felicidad en sus vidas.

No, no somos unos tipos quejumbrosos. Más bien al contrario: no queremos resignarnos. Cuando nos roban y nos quejamos, se nos ignora. Cuando los empleos que genera el sector se reducen a un tercio se nos dice que debemos cambiar el modelo. Y, eso sí, cuando pedimos apoyo se nos da la espalda porque hay otras prioridades, muchísimo más importantes, indudablemente.

Hace ya demasiado tiempo que estamos solos. Ni los sucesivos inquilinos de la Moncloa ni los parlamentarios que toman asiento en los hemiciclos nos han incluido jamás entre sus prioridades. Tenemos la sensación de no contar para nadie, de no existir. Con una excepción, claro: cuando se vislumbran elecciones de por medio. Insistimos que esto no es una queja, sino la expresión de nuestra perplejidad. De nuestra indignación. Si la música forma parte decisiva del patrimonio intangible de nuestro país, ¿por qué los políticos no se preocupan lo más mínimo por ella?

Para avanzar se necesita empuje, y con el nuestro podrán contar siempre. Todas las semanas surgen nuevas iniciativas para comercializar la música en la red de forma innovadora y beneficiosa para todas las partes: usuarios, autores e industria cultural. Los tiempos cambian y nosotros evolucionamos con ellos. Pero cada vez que avanzamos, alguna piedra se nos despeña por el camino.

Queremos un compromiso por la música, una apuesta verdadera para el desarrollo de una industria que tiene mucho que aportar a la sociedad. Queremos responsabilidad de todos los actores sociales en la lucha contra la sangría de las descargas ilegales. Queremos seguridad jurídica para seguir haciendo bien nuestro trabajo. Queremos apoyo y respeto para una industria que lleva el nombre de nuestro país a todas partes.

Si la música es cultura y empleo, queremos en definitiva, que se actúe en consecuencia de una vez por todas. Exigimos respeto.”

45 años de la muerte de Cole Porter

Hoy escuchando al genial Juan de Pablos, me he enterado que hoy, 15 de Octubre, hace 45 años que murió el

Cole Porter

Cole Porter

grandísimo Cole Porter, alcoholizado y solo en su casa, después de una intensísima vida de millonario de libro, del tipo de millonario que hace fiestas en su mansión y las llena con, a saber, miembros selectos de la alta sociedad, una pequeña representación de la bohemia de la ciudad y cuerpos desnudos en la piscina. Un concepto éste, el de millonario de libro, que inventó él.

Creador de melodías inolvidables como “I’ve got you under my skin”, “Begin de Beguine”, “I get a kick out of you”, “My heart belongs to daddy” y muchas otras, así como reponsable de la reinvención de Broadway a principios de los años 30, perteneció a ese irrepetible grupo de artistas del Tin Pan Alley, responsables de la identidad musical de los EEUU durante la primera mitad del siglo XX.

¿Sus mejores intérpretes? Judy Garland, Frank Sinatra, Ella Fitzgerald… Os dejamos sin más con una pieza del mago Porter.

The Antlers – Hospice

The Antlers - Hospice (2009)

The Antlers - Hospice (2009)

Frenchkiss – 2009
9.1/10

Tengo una resaca del infierno. Hoy es día de desfile militar y resuenan los aviones por encima de mi cabeza, como si estuvieran a punto de soltar una bomba H sobre mi cerebro. Me encanta el olor a Napalm quemando neuronas por la mañana. Pienso en que debería escribir algo sobre The Antlers, que se me están resistiendo y me doy otra vuelta en la cama.

Hacía ya años que no me enganchaba a un disco conceptual. Las prisas de esta vida moderna no nos dejan tiempo más que para volar por encima de los discos, uno tras otro. Ojo, utilizo la etiqueta “conceptual” por desdén, la verdad, porque a lo que realmente me refiero es a los discos que te cuentan una historia, de principio a fin, no a los que giran alrededor de un concepto. Ahí sí que hay muchos ejemplos en la historia reciente de la música (Sufjan Stevens, Arcade Fire, Bon Iver, Grandaddy…). Para el primero de los tipos (llamemosles discos-historia), me tengo que remontar al Downward Spiral de Nine Inch Nails, donde Trent Reznor nos contaba la historia de un hombre atormentado que camina por su propia espiral descendente, entre la autodestrucción, la frustración y el odio, hasta ¡bang! pegarse un tiro en la cara, dejando antes una escalofriante nota de suicidio.

Pues bien, nada menos que 15 años después (sí, amigos, sí… nos hacemos viejos), me encuentro atrapado en este disco, sin poder salir.

Hospice es un disco jodido. Muy jodido. No recomendado para gente en horas bajas. O tal vez sí, para ver que se puede estar ahí, en la mierda, y salir. Que la luz que se filtra entre las rendijas de las persianas viene de ahí fuera. Y que ahí fuera es intensa. Pero claro, eso no lo aprendemos en el disco. Lo sabemos porque Peter Silberman, el creador de The Antlers, sigue ahí, dando conciertos y viviendo. La historia les recordará a la del disco de Bon Iver: después de un acontecimiento sobre el que no hay demasiados detalles, un tío barbudo se encierra en su apartamento de Brooklyn, evitando todo contacto con conocidos o amigos, es decir, en completo aislamiento social, durante -atención- un año y medio. Pasado ese tiempo emerge de la oscuridad con un disco entre las manos.

El disco tiene un poco de Bon Iver, sí, pero también tiene un poco de Arcade Fire (y no sólo por la temática fúnebre), y de Múm, como les contaremos más abajo. Es lento, oscuro y con una carga emocional a veces excesiva. Algunos dirán que impostada y falsa, pero yo no he podido encontrar la falsedad en todo esto, qué quieren que les diga. Inténtenlo y comenten.

Hasta aquí, lo que sería la reseña normal. Estén contentos de que haya sabido resumir el disco en dos líneas. Les recomiendo, en cualquier caso, enchufar los altavoces, ir a Spotify y seguir el disco con nosotros. Metan en su mochila el disco y una guía para entender lo que murmuran The Antlers en sus canciones. Y cuidado: a partir de aquí, spoilers.

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El disco cuenta la historia de una persona (supuestamente Silberman) que trabaja en el hospital Sloan-Kettering de Nueva York, donde conoce a Sylvia, una niña con cáncer de huesos. La descripción de la niña, en un estado de desesperación y frustración enfermizo, nos pone la piel de gallina. Desgraciadamente, desde el principio sabemos como va a acabar la historia. En “Kettering“, la segunda canción del disco, nuestro protagonista conoce a Sylvia:

You said you hated my tone, it made you feel so alone
So you told me I had to be leaving.

But something kept me standing by that hospital bed
I should have quit but instead I took care of you.

You made me sleep and uneven, and I didn’t believe them
When they told me that there was no saving you

La fiereza del tramo instrumental después de estos versos nos recuerda a los islandeses Múm. Hay algo de ese post-rock orgánico en las canciones de Antlers, aunque también hay algo de Godspeed You Black Emperor, algo de Arcade Fire y algo de la voz de Bon Iver.

Y entonces, cuando tenemos claro que durante la siguiente media hora vamos a presenciar la lenta muerte de una niña en un hospital, hay un giro inesperado en “Atrophy“. ¿A quién habla Silberman aquí? En lo que parece la descripción de la lenta destrucción de la relación de pareja del protagonista, los sentimientos de culpa y desesperación se suceden, seguidos de la fenomenal “Bear“, todo un himno pop, en la que la pareja decide abortar, no porque no puedan mantener al niño, sino porque tienen miedo de su propia relación:

There’s a bear inside your stomach, the cub’s been kicking you for weeks
And if this isn’t all a dream, well then we’ll cut him from beneath.

Well we’re not scared of making caves or finding food for him to eat,
We’re terrified of one another and terrified of what that means.

¿Cuál es la relación entre esta historia y la de Sylvia? ¿Es Sylvia una mórbida proyección de la relación de Silberman con su novia? ¿Es su muerte la muerte de su matrimonio? ¿O son dos historias paralelas que influyen una sobre la otra de manera imparable? En “Thirteen” es Sylvia la que habla, tras una soberbia introducción instrumental, arrugándonos el corazón cuando la oímos suplicar “Pull me out… Pull me out… Can’t you stop this all from happening? Close the doors and keep them out”. Aunque no sabemos qué Sylvia es.

Two” es, con el permiso de “Bear” el mejor tema del disco. Aquí llegamos a otro punto de inflexión en la historia, cuando los médicos confirman a nuestro protagonista que Sylvia va a morir. La letra salta entre su relación con la niña y la relación con su novia hasta el “momento-pelos-de-punta”, cuando escuchamos la fina voz de Silberman cantando “Well no one’s gonna fix it for us, no one can. You say that, ‘No one’s gonna listen, and no one understands.’ So there’s no open doors and there’s no way to get through, there’s no other witnesses, just us two.”.

A partir de aquí, la oscuridad del disco llega a su punto cumbre en “Shiva“, donde como pueden suponer, Sylvia muere y el protagonista de Hospice entra en su proceso de aislamiento, al recibir de la niña su enfermendad y convertirse en su huésped: una transmutación de la imposibilidad de vivir, un intercambio de cromos si quieren o, como subtitulan los Antlers, un intercambio de catéter, al que ahora se enchufa Silberman, no Sylvia. “Wake” es la descripción de este aislamiento, pero por fin, vemos algo de esperanza entre toda esta mierda de desesperación y soledad. Los coros Arcade Fire del final de la canción (”don’t ever let anyone tell you you deserve that”) nos elevan, aunque sea durante segundos, al cielo.

Y me llamarán loco, pero veo en “Epilogue” cierto optimismo y cariño hacia la historia vivida. Una especie de recapitulación, de lección aprendida, vivencia procesada y utilizada para aprender a vivir. Retomando la melodía de Bear (y la melodía de “Sylvia – an introduction” del EP “New York Hospitals“), The Antlers se sacan de la manga un fin de disco optimista, que la verdad, era lo último que podíamos esperar.

Este es un disco, en definitiva, tremendamente emocional, morboso si quieren, en el que cada canción es fundamental para contarnos una historia. Y sé que me acusarán de fantasear con él como quien fantasea con una película de antena 3 de después de comer. Pero pruébenlo. Y luego me cuentan.