
“I do believe there’s a cure…for whatever bioterrorism is out there, and it lies within Keith Richards” (Robin Williams)
I picture nuclear war and two things surviving: cockroaches… and Keith Richards! He’s saying: “Where did everybody go-o? I saw a bright light and thought we were on …” (Bill Hicks)
Decía Goebbels que las mentiras, de tanto repetidas, se convierten en realidad. Algo parecido sucede con los clichés. Éstos se repiten tanto que pierden su esencia. Sexo, drogas y rock n’ roll, dicen. Y olvidamos que eso, antes de una frase hecha o un eslogan anticuado al que se agarran los publicistas musicales para vender al “bad boy” de turno, fue el leit-motif real de gente como Keith Richards, cuya autobiografía (puesta en muy necesario orden y concierto por el periodista James Fox) devuelve los clichés del rock n’ roll a la esencia pura. A los dedos y las cuerdas. A los días en que se creaban tres singles por semana ajustados a los dos minutos que pedían las radios. A la época en los que esto que ahora escribo no sonaba, como suena ahora, a nostalgia casposa y sí, a frase hecha. Esa época en la que una estrella del rock, una de verdad, botella de Jack Daniel’s de más de 100ml al brazo y vista perdida al frente, se bajaba de un avión a cuyo pie le recibían tres chófers de limusina:

Detalle, el de la limusina, muy bien apuntado por Jimmy Fallon en esta descacharrante entrevista al citado que define muy bien al personaje.
La autobiografía lo tiene todo para satisfacer a un público morboso. Ahí están las pullas a Jagger, las confesiones de alcoba, el supuesto cambio de sangre en Suiza, Altamont y los Hell’s Angels, las cenizas de su padre, el cocotero, etc. Y mucho más: hay niños de 7 años que salen de gira con papá y son los únicos autorizados a despertarle antes del concierto, pues el resto temen que papá, de mal despertar, haga uso del revólver que esconde siempre bajo la almohada. Hay jóvenes que juegan a la ruleta rusa en casa de Keith y pierden, y Keith escapa de la policía por los pelos. Hay estados carenciales de heroína descritos al detalle, así como períodos de consumo moderado que llevan a estar 9 días de pie antes de caer desmayado y romperse la nariz contra un altavoz del estudio. Hay incendios de habitaciones de hotel, provocados y no, y otras escapadas milagrosas de la muerte. Hay (¡hay incluso!) un conato de accidente en Marrakech contra un camión cargado …. con un misil. Hay tretas para pasar controles de aeropuertos e incluso un mecanismo muy avanzado para construir jeringuillas a partir de los Operanova que venden en las jugueterías. Y hay jóvenes de 30 años en Australia que aún no saben que Keith Richards les cambió los pañales aquella semana en que su padre no estaba en casa y él ejerció de amante de su madre y padre de familia.
Todo ello se desliza, con ironía, ingenio y muchísimo sentido del humor, por las páginas de “Vida”. Pero hay mucho más: un profundo y muy sincero amor por la música. Una descripción exhaustiva de la creación de hits, y aún más de las fuentes de que estos beben. Un completísimo mapa de la música popular americana del siglo XX de boca de uno de sus mayores voceros, por muy inglés que sea. Todo un pedazo de historia del rock y de sus procesos creativos (imprescindible, como era de esperar, el capítulo dedicado a Nellcôte y la creación de Exile on Main St) de la que “el yonki más famoso del siglo XX”, según definición propia, ejerce de testigo, superviviente y cronista de lujo.
Un excelente libro, sobre todo en su parte central (la infancia y los Stones de 1982 en adelante importan menos, como también cabía esperar) que gana mucho en su versión inglesa. En español abundan los “movida”, “canteo”, “fiestón del quince”, “liarla parda” y demás, poco atribuibles a un glorioso, contradictorio y genial macarra de Dartford de 67 años.


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¡Totalmente de acuerdo!
Me encantó leerlo (en castellano, eso sí) en enero y me encantó que me lo regalase quien me lo regaló!
Y me encanta, como siempre, ver actividad por aquí ¡Cualquiera diría que Muse han dejado de cabalgar!
Por cierto, ¡no se duerman señores! ha salido disco nuevo de los Jayhawks y me falta una crítica por aquí…
Pues creo que soy el único por aquí que no pudo asistir al concierto el mes pasado. Así que me libro y tiro piedra.
De todas formas hay cronistas de LMA que viven en el silencio, aunque te podrían contar historias sobre encuentros backstage con bandas ilustres de Seattle. Y nos dejan así, ávidos de su pluma porque “no tienen tiempo para escribir”. Joder, qué tropa
De los Jayhawks y de Wilco! El de los de Tweedy no lo he escuchado aún, pero el de los Jayhawks no me ha gustado mucho, la verdad…
Sacaremos tiempo un día de estos Billy, no desesperes.
Dale más escuchas Jos! No van a hacer Tomorrow The Green Grass otra vez… Siguen siendo muy grandes…
Oyesss… ¿Qué concierto me perdí el mes pasado? ¿Cuándo y por qué no fui notificado?
A ver si nos vemos!!!
Yo tampoco fui al concierto
Le doy otra vuelta, a ver qué tal!!
Yo tampoco he escuchado aún lo de Wilco, pero siento deciros que todo indica que siguen en la línea de “Wilco (The album)” y “Sky Blue Sky”. Ya sabéis, esa línea que tanto furor, admiración y adeptos ha causado siempre en LMA:
http://blogs.elpais.com/ruta-norteamericana/2011/10/la-desorientaci%C3%B3n-con-wilco.html
Por lo menos nos dará para otro post de 40 comentarios.
Un artículo interesante: http://www.elpais.com/articulo/portada/musica/tiempo/elpepuculbab/20110910elpbabpor_3/Tes
The Economist sacando punta a las habilidades empresariales de Richards.