
Sí amigos: hoy, 2 de febrero, se celebra (no es coña) el Día de la Marmota, esa entrañable apoteosis festiva de palurdos con frío inmortalizada en la película Groundhog Day (de infame título español Atrapado en el Tiempo).
Película imprescindible, clásico moderno, gran última comedia clásica o “Capriana” del cine americano. Una razón, sólo una, justificaría que alguien la declarara bien cultural protegido: en ella podemos ver a Bill Murray…haciendo comedia!! Algo que, desgraciadamente, parece que hemos perdido para siempre. Y es que para ver cada nueva película del gran Bill no se necesitan gafas 3D de ésas no, sino negras de pasta (el boli y la libreta siguen siendo opcionales).
Quién nos iba a decir hace 20 años que Bill Murray acabaría siendo un icono del cine indie y Johnny Depp del de palomitas. Afortunadamente, tras la máscara rígida de carnaval veneciano con que Murray lleva 10 años cultivando su nuevo status de “actor de método” (¿pero qué método?) se sigue escondiendo el mejor cómico del último cuarto del siglo XX. Sí, la grandilocuencia está justificada. Y si no está de acuerdo ya sabe: le remito a nuestro particular ideario.
Y digo que ese gran cómico sigue agazapado tras la fachada de hielo porque el otro día revisé Flores Rotas (Jim Jarmusch, 2005), y durante una fracción se segundo (entre dos horas de témpano) el gran Bill nos obsequia con un gesto, una mueca, un pequeño milagro que justifica toda la película. Véanlo: ocurre hacia la mitad del film, justo después de que Murray se meta en la boca un tenedor con cuatro trozos de zanahoria (en youtube no está, se siente).
Bill sigue ahí. Y cierto cameo en cierto estreno reciente no nos vale: debemos recuperarlo para la comedia.
LMA se lo propone desde este momento. Aun sabiendo que mañana todo será como hoy.