
INVICTUS (Clint Eastwood,2009)
7/10
Mandela acaba de llegar al poder tras luchar durante años contra el poder del gobierno del apartheid en Sudáfrica, con el fin de iniciar una nueva etapa en la historia de su país, pero para ello tendrá que luchar contra los perjuicios de ambos lados negros y blancos. Impidiendo las acciones revanchistas de los negros y eliminando el temor al nuevo gobierno negro de los boers que poseen el 80% de la riqueza del pais, que necesita de ese dinero para desarrollarse y convertirse en una nación próspera.
Allí es donde aparecen los Springsbok, el equipo de Rugby símbolo del gobierno del apartheid venerado por los blancos y odiado por los negros, que además de preferir la victoria de cualquier otro equipo, juegan al futbol y no saben, ni les interesa el rugby juego que por definión es de blancos racistas.
Pero en 1995 el Mundial de Rugby se juega en Sudáfrica, y Mandela se propone que el equipo símbolo de la sudáfrica blanca se convierta en el equipo de toda Sudáfrica. Y para ello, empujará al capitan de los Springboks, François Piennar, a la conquista del título, con lo mejor que ha aprendido en sus años de carcel, el poder de la palabra.
Cualquiera que sea mi opinión cinematográfica de esta película se ve rebasada por su mensaje. A excepción de la actuación de Morgan Freeman, que coge la película a sus espaldas y la eleva a categoría de cine, no merecería ningún premio, y la pelicula es posiblemente un película más entre millones de una cartelera pero su mensaje cala hondo y mientras no la haría ver en casi ninguna escuela de cine, se la podría obligatoria a mis hijos (si los tuviera).
Podríamos enfrascarnos en millones de discusiones, desde la beneplácita acepción o no del mensaje y su proximidad a la realidad en la que está basada, o sobre la idoneidad de primar el mensaje sobre la forma, o quizá podrían decir el panfleto sobre el cine, pero en este caso debido a subjetividad que me lleva no puedo llevar ningún debate que no responda con “se la haría ver a mis hijos”.
Se podría decir que es una película menor de Clint Eastwood, y que desde el principio es predecible y sabes perfectamente como que su banda sonora es en muchos momentos algo similar a otras de sus peliculas y que quizá no pega ni con cola, la fotografía no me parece demasiado cuidada y pasa en mi percepción bastante desapercibida, tanto en el buen sentido como en el malo. Por que aunque en mitad de la película los mismos acordes que se pudieron oir en “Gran Torino”,o “One Millon Dollar Baby” donde la mano de la familia Eastwood ha ejecutado siempre los mismos acordes tristes, y de tanto oirlos, pretendidamente reflexivos.
Pero todo eso se olvida cuando el director decide ser efectista y regalarle al espectador un clásico del cine de emoción, bien ejecutado, y magníficamente interpretado por dos grandes del cine actual. Y aquí hacemos apología, como siempre en Malas Artes, del cine en versión original, porque Morgan Freeman y Matt Damon hablan con un absoluto acento sudafricano (sí, En Malas Artes sabemos distinguir los acentos anglosajones debida a nuestra profunda cultura en VOS).
En honor a la verdad de la historia debemos decir que Mandela no le regaló a François Piennar el poema “Invictus” de William Ernest Henley sino un extracto del un discurso de Theodore Roosevelt “The Man in the Arena“. Este cambio de la realidad no es más que un pequeño punto de como esta película intenta ensalzar la figura de Nelson Mandela, cómo la engrandece (merecidamente), pero no nos deja ver la complejidad de la realidad sudafricana, sólo la vislumbra. Clint solo se centra principalmente en el partido, y la magia del cine nos hace pensar que todos los problemas en Sudáfrica fueron menores ya que el pais se unió. Y aunque no lo hizo del todo, Mandela consiguió que por primera vez lo hiciera.
La única pena que tiene esta película es esa, que no es del todo cierto, Sudáfrica sigue teniendo grandes diferencias sociales entre negros y blancos, pero una cosa que cuenta la pelicula es cierta, si Mandela no hubiese dirigido los primeros años después del Apartheid como lo hizo con el Mundial de Rugby, Sudáfrica habría podido acabar como otros muchos paises aledaños, arrasado por guerras interminables por el poder.
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Voy a tocar un poco los cojones en mi línea. Debo decir sin embargo, que estoy de acuerdo en que el mensaje principal de la película mola y es que el poder de la palabra es inmenso. Claro que esto es mérito de Mandela, no de Clint Eastwood:
Creo que con esta película estamos asistiendo al típico síndrome de “como lo que este tío ha hecho anteriormente me gustó, esto también me gusta”, es decir a un acto de condescendencia generalizado hacia la figura de Clint Eastwood. En líneas generales opino que lo más destacable de la película es la historia y personalidad de Nelson Mandela, que por otro lado no es mérito del director, sino del propio Mandela, y me refiero al de verdad, al histórico. La gente de mi entorno que ha visto la película, suele fascinarse con este personaje, y no es para menos: un hombre que se pasa 27 años encerrado en la cárcel, y una vez liberado no sólo no expresa sentimientos de odio hacia los blancos, que lo han tenido preso, sino que evita que los negros oprimidos durante decadas, ejerzan su aparentemente lícita revancha, merece toda la admiración del mundo. No creo, sin embargo, que el papel de Freeman, ni el personaje adaptado a la gran pantalla por Eastwood, sean algo fuera de lo normal ni di dignos de alabanza, por mucho que Freeman se parezca físicamente a Mandela (and the oscar goes to el maquillador!).
Mandela: En la película, da la sensación de que el personaje de Mandela va improvisando sobre la marcha, de que se le va ocurriendo cómo enfocar su política social “on the fly” sin haber pensado sobre ello antes, cuando lo que ocurrió realmente, es que el hombre se pasó 27 años en la cárcel dándole al tarro. La escena en la que mejor se plasma esta improvisación pretendida por el director, es aquélla en la que el nuevo presidente recibe su primera nómina. Éste se sorprende por su alto importe, y el director nos hace creer que le sale del corazón donar la mitad de su sueldo. ¿No es más lógico pensar que esa maniobra formase parte de un macroplan estratégico de integración y de buena voluntad? También había un motivo importante de diferenciación, de cara a la opinión internacional, frente a los países cercanos caracterizados por la corrupción de sus líderes y las revueltas revanchistas de los negros contra los blancos una vez alcanzada la independencia. Aunque de todo esto no se habla. Eastwood se inventa una historia sensiblera, en mi opinión, torpe e infantilmente, engañando a un público simplón con una escena más propia de una serie para toda la familia en horario de tarde, que de una película digna de los elogios que está recibiendo.
Argumento: El argumento de la película se podría escribir en un par de reglones y está puesto sobre la mesa y prácticamente desarrollado en una fase muy temprana. Esto no tiene por qué ser malo, pero sí lo es cuando hace el guión tan previsible. Me imagino a Clint Eastwood calculando los minutos de película que llevaba grabados: “Sólo llevo 90 minutos, con esto como mucho me dan el óscar al mejor corto. Creo que tengo que meter otros 30 minutos. Se me acaba de ocurrir que podría meter un partido de rugby que tengo grabado por ahí…”
¿Se hubiera visto afectado el argumento de la película si los Springsbok no hubieran ganado la final? Ciertamente no; ya habían llegado mucho más alto de lo que esperaban y de lo que tenían que llegar para que se notasen los efectos que Mandela deseaba, esto es, que los blancos y los negros se sintieran identificados con un símbolo nacional común. El final del argumento ya estaba cerrado antes de la última media hora, pero Clint Eastwood apela al producto barato y simple, de ofrecer al espectador la posibilidad de ver un triunfo.
En mi opinión, tenemos una prueba clara de que el argumento de la película es simplón y escaso, y además el director lo sabe: “Esto es un bodrio y tengo que meter algo que distraiga a la gente para que no se de cuenta de que se la estoy metiendo doblá. Voy a hacer que parezca todo el rato que va a haber un atentado y voy a poner una escena en la que efectivamente el público crea que se va a producir”. Sí, me refiero a la escena del avión. ¿A qué viene esto? ¿Pretende con ello quizás justificar el papel y el sueldo de los actores que hacen de guardaespaldas de Mandela?
François Pienaar: Creo que las palabras que dice Pienaar a lo largo de toda la película, se podrían escribir en una cara de post-it, y ese personaje es el que ocupa el cartel del film. Cuando chilla a sus compañeros de equipo, pierden todos los partidos. Después de hablar con Mandela, está más amansado y ganan el Mundial. Moraleja: trata bien a tus compañeros.
En conclusión, pienso que estamos ante una película simplona con guiños evidentes hacia un público poco exigente al que hay que explicar todo, y que se deja engatusar por sentimientos básicos como el patriotismo (sustituyamos la bandera de EEUU en un jardín de una casa norteamericana de un barrio medio, por el color verde de la camiseta de la selección), el triunfo (no hace falta ni siquiera sustituir la victoria sobre el racismo), y la previsibilidad (el que no sepa que el equipo iba a ganar la final y que todos iban a ser amigos, es el mismo que no sabe que el protagonista principal iba a morir). Podríamos hablar de un producto prefabricado, al que sólo había que dar un par de martillazos para darle una mínima forma, con el único objetivo de venderlo.
No me gustaron muchas cosas de Invictus:
- No me gustó como película de Clint Eastwood, porque no lo parece, pero sí creo que esta historia en manos de, digamos, un Ron Howard, habría sido una cagarruta reseca, y no el film correcto sin grandes alardes que es. Y yo creo que la banda sonora tampoco parece de film de Eastwood: sí, ok, estoy de acuerdo contigo en que está el piano de tres notas compuestas por él mismo que mete en todos los films. Pero es que también hay…temas pop!!!
- No me gustó el guión, me pareció muy torpe: desaprovecha miserablemente un material original fantástico (próximo comment). Me irrita la voluntad del guionista de recordarnos en todas y cada una de sus frases la honorabilidad de Mandela. No era necesario, lo sabemos, sabemos de su carisma. Y es menos necesario si cabe teniendo en cuenta que es un personaje CON-TEM-PO-RÁ-NEO. Sr guionista: lo hemos conocido. Sabemos quién es.
- Me pareció tremendamente torpe también el querer sintetizar décadas de apartheid en un diálogo entre los guardaespaldas blancos y negros en el palacio presidencial. Diálogo previsible, de telefilm de antena3. Echaba de menos a Aaron Sorkin y su capacidad de crear diálogos memorables en palacios presidenciales, sintetizada en 40minutos de maravilla semanal llamada El Ala Oeste de la Casa Blanca (ojo, hablo de las cuatro primeras temporadas, a partir e la quinta la cosa se iba un poco al carajo…justo cuando Sorkin lo dejó).
Pero sí, es cierto, los últimos 30 minutos de Invictus son vibrantes. Y sí, es cierto que Morgan Freeman se caracteriza a la perfección, pero creo que el gran mérito suyo no es tanto imitar bien (no confundamos a actores con imitadores, que si no José Mota de Manolo Escobar estaría de Oscar). No, creo que el gran mérito de Freeman es hacer lo que puede y seguir destacando con un guión tan flojo.