Sé que le ha ocurrido. Le conozco. Ha ido al cine a ver el último advenimiento del genio de turno, el último parto mesiánico del director preferido de la crítica, la última obra maestra que le cambiará la vida, le hará ver el mundo con otros ojos (¡y sin gafas 3D!), le guiará en su camino al nirvana y, en definitiva, dejará sus sentidos a punto de nieve. Obnubilados, asombrados, a los pies de tanta magnificencia.
Sí, ha ido usted al cine con esa expectativa y al salir ha dicho: “¿Pero qué coño?”
Las películas sobrevaloradas existen. Por desgracia. Y al día siguiente de su decepción usted ha vuelto a la oficina, no ha encontrado su nirvana en la máquina de café y todo sigue igual.
¿Todo? ¡No!. Vive usted con miedo. Sabe que le basta con mentar en público lo que opina de verdad sobre la excreción que vio ayer para perder su status cultural granjeado a lo largo de los años con gran coste y sufrimiento. No superó la muerte del Beta, del VHS y del DVD para esto. No, usted se merece algo mejor.
Usted nos necesita.
Las Malas Artes Obra Social tiene el placer de indicarle qué películas están sobrevaloradas. Para que gente como usted no sufra y sus autores paguen por lo que le han hecho. Estará de acuerdo con nosotros, no lo dude. Y si no estuviera de acuerdo, le remito gentilmente a nuestro ideario particular.
Allá vamos:
——————————————————————-

Cidade de Deus, de Fernando Meirelles (2002)
Ciudad de Dios arranca con la formación de las favelas de Rio de Janeiro. Un acertado flashback nos retrotrae a los años 60 para mostrarnos la llegada de las primeras familias a esa tierra de nadie por construir, páramo semivacío en el que ya se intuyen las primeras míseras construcciones, en las que no hay luz ni agua corriente. Sólo sol y balas.
En estos primeros minutos parece que la intención primordial del film sea la de radiografiar ese ambiente, retratar a sus pobladores, denunciar el problema, acusar a sus responsables. Hacer cine que golpee, que duela, que escupa verdad. No nos lo estamos inventando: nos lo dice el film. Y lo hace a través de la excelente ambientación y creación del escenario, de lo creíble de la interpretación de esos niños, de esa fotografía de tonos amarillos en la que el sol pica, lo ilumina todo, no nos oculta la miseria.
Pero en seguida pasamos del verismo a un terrible (por obsceno) efectismo. Me explico:
En cuanto llegamos a los años 70 la puesta en escena deja de rezumar verdad porque parece fabricada en cadena: esos planos cortados, esos tonos verdes y azules, ese granulado de la imagen, esos primeros planos de gallos sufriendo… los hemos visto en otra parte. En varias películas anteriores (Traffic, Amores Perros, etc) y posteriores: en el resto del cine de Inárritu (Babel, 21 gramos) o en esa coña exótica, entretenida y multicultural (pero coña al fin y al cabo) que arrasó en los oscars del año pasado.
Y copiar no es malo, pero crear verdad en una pantalla de cine no es seguir una pauta marcada por otros. Eso es autolimitarse, eso es acotar el espacio de la propia expresión cinematográfica. Algo así como pretender sacar lenguaje fílmico de la retransmisión de un punto de tenis.
La verdad en el cine es otra cosa. Pero ojo, muchos la buscan siguiendo pautas aún peores: en gran parte del cine español reciente, por ejemplo, parece ley de vida que, para que el cine sea veraz, es necesario que ningún actor vocalice.
La verdad en el cine son los 20 primeros minutos de Ciudad de Dios. El resto no es veraz. Y no sólo por los gallos:
El principal problema no es el guión, y eso que da mil bandazos: ningún personaje tiene una verdadera progresión, el 90% son presentados y a continuación aniquilados a balazos. Nacen, amagan con crecer (sin éxito), se reproducen (mucho), quizá se vengan por algún agravio ocurrido en el rollo anterior….y mueren. Pero claro, cómo vamos a hablar de progresión dramática de los personajes si hasta el minuto 110 toda la evolución del protagonista absoluto (Buscapé) de este supuesto film denuncia consiste en sus prolongados esfuerzos por perder la virginidad…
El principal problema de Ciudad de Dios es el toque Tarantino, aunque esa división en capítulos (”la historia de A”, “la historia de B”, “el principio del film”) y la estética videoclipera de las explosiones de violencia nos remitan más a los imitadores de Tarantino (Guy Ritchie a la cabeza) que al propio Quentin. Pero incluso un cineasta tan inane como Ritchie ha comprendido que el toque Tarantino es válido si conlleva una banalización de esa violencia, una separación de la violencia de su contexto. Y si el contexto es identificable (la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo), lo reinventamos, como si nunca hubiera existido (Malditos Bastardos).
Pero banalizar esa violencia en un contexto real e identificable es moralmente obsceno. Y aún más: es cinematográficamente obsceno banalizar un problema que (¡nos lo dijo la película al principio!) se pretende identificar, radiografiar y denunciar. El film se traiciona a sí mismo. Y cuando al final Buscapé tiene miedo a presentar las fotos que demuestran la implicación de la policía en la violencia y tráfico de drogas de la favela, y el film nos intenta decir (o balbucea): “Eso es cobarde, eso es malo”, nuestra respuesta es: “Tú más”.
El acercamiento a Ciudad de Dios sólo es posible pues desde un distanciamiento crítico de la situación, como si ésta no fuese real, como si el arranque del film fuera “Érase una Vez” y no ese “Esto es lo que fue”. Y desde este acercamiento Ciudad de Dios no es un film sobrevalorado: es efectista pero efectivo, tiene ritmo a pesar de sus desvaríos de guión, una buena factura (al parecer inédita y de valor añadido en un film brasileño), y entretiene. Pertenece a la estirpe de las “Películas-Canteo” (género que explicaremos en otra ocasión), pero entretiene.
Ahora bien, pretender (como se ha pretendido) que Ciudad de Dios sea un puñetazo de verdad o un análisis exhaustivo de un paisaje urbano desolado, cine de verdad, del que duele…es sobrevalorarlo.
Y me dirán que un film reciente que consiga eso no existe, que hay que remontarse a Ladrón de Bicicletas o algo así. Pero existe, y es reciente: si quieren ver la cara B de Ciudad de Dios, la radiografía de un entorno desolador sin esperanza a la que aferrarse, puro cine, creíble y doloroso, vean Gomorra, de Matteo Garrone.
Pone a Ciudad de Dios en su sitio. Con las “Películas – Canteo”.


“Ahora bien, pretender (como se ha pretendido) que Ciudad de Dios sea un puñetazo de verdad o un análisis exhaustivo de un paisaje urbano desolado, cine de verdad, del que duele…es sobrevalorarlo. ”
Una cosa es poner Ciudad de Dios como una pelicula que no es de genero y otra cosa es llamar Ciudad de Dios como una “pelicula Canteo”.
Si bien el tratamiento puede ser un poco de peliculero, y realmente efectista hay cosas que son tal cual. Por que la pelicula no deja de presentarnos personajes que sólo desaparecen por un balazo es porque meramente ese entorno es así. Duro, donde el indice de homicidios directamente no se cuenta. Que un tio solo piense en perder la virginidad durante la mayor parte de su adolescencia en un entorno donde los únicos estimulos son las drogas, las balas, y no acabar muerto, no me parece que este muy fuera de lo posible. Es dificil pensar en Kafka cuando tan siquiera se conoce.
Podemos discutir si el modo de presentar la realidad de las favelas con ese tono Tarantino puede ser el adecuado, si lo ocurrido es 100% la realidad, no me parece en absoluto una pelicula “Canteo”.
Sí, todos mueren rapido, pero las leyes del cine (y de la novela) son otras. Se trata de crear empatía hacia los personajes, y esa empatía, en Ciudad de Dios, es nula.
Es como pedir a Shakespeare que empiece todas las obras por el quinto acto. Es como empezar Titanic con el iceberg y el barco que se hunde.
Todos los hijos de Don Corleone acaban muriendo. Por todos sentimos empatía (cinematográficamente hablando).
En Ciudad de Dios, no.
Comprendo la pérdida de virginidad del personaje, y su relación con la chica de la favela. Pero me sobra el rollo del final con la periodista. Gratuito y estúpido me parece.
Los hijos de Don Corleone se cuentan con una mano, los muertos de las favelas en 30 minutos no me caben ni aunque divida las falanges.
Obviamente la pelicula podría haber buscado la empatia con un absoluto perro como es Zé Pequeño, o Bene que es el inteligente triunfador, o con Buscapé. ¿No te hubiera gustado en algún momento ser el Triunfador de Bene? ¿O salir vivo de la Favela como Buscapé? Pero no te has puesto a pensar en qué harías con el chico que mata al grandollón (lo siento pero no me acuerdo).
La pelicula te lleva a un punto en el que no hay salida para nadie. En el que da igual en qué lado estas vas acabar muerto, eres un juguete en manos de las bandas o de la policia. No existe la inocencia, y quien la tiene la pierde de un balazo. Buscapé es la contrapartida, porque no intenta mantenerse al margen, esta en medio pero sobrevive, y por pura suerte sale de ahí (o creemos que sale).
El rollo con la periodista es tonto y estupido totalmente de acuerdo.
Podemos seguir discutiendo las formas pero creo que no es una pelicula vacía que la llevaría a llamarse una pelicula Canteo.
Gran debate. Me está gustando:)
No he explicado lo que es una peli canteo para mí. Una peli canteo es una peli hiperviolenta de temática real vista por un grupo de colegas fumaos un sábado por la noche…y que no impacta. La reacción de éstos (lo he vivido) es “mazo real tío”, “mazo canteo”. Pero cuando acaba la gente vuelve al porro y a la copa y adiós. No ha dolido. Se la suda.
Y para mí Ciudad de Dios no sería un film de estos si no me saliera (aún no hemos hablado de eso) la comparación con Gomorra, para mí, su hermana mayor (y ojo, también posterior!).
- En Gomorra tampoco hay salida ni esperanza
- Sí hay empatía: con esos dos chavales protagonistas, inútiles, títeres, que se pasan la vida yendo en moto escuchando canciones napolitanas. Con ese triste encargado de llevar a las familias de los presos su paga mensual. Con ese becario que se alza ante el desgraciado que trafica con residuos.
- Gomorra duele. Si la ven cuatro colegas un sábado por la noche, les hunde la noche. Ciudad de Dios (a mí) no.
Para seguir este debate deberiamos tomar una cerveza viendo Gomorra que no la he visto.
Totalmente de acuerdo. Y enlazando con el prometido Cineclub: este finde complicado. El siguiente, en cambio, cuando queráis. Incluso en mi casa si os place (silvuplé).
Billy tronco, me temo que aquí no estoy contigo.
No entiendo por qué una película tienen que durar los personajes hasta que empatices con ellos. Una peli tiene que relatar una historia. Y esta va de la vida en las favelas, concepto que probablemente ninguno de los lectores presentes o futuros de este blog puede llegar a entender. Y allí, por lo que nos cuentan, la gente muere sin motivos de peso, la vida no importa mucho … Por eso los personajes aparecen y mueren, sin más, porque es así como suceden allí las cosas.
Esta peli pretende usar el pretexto de contar una historia, más o menos banal (normal, del día a día), para mostrar un escenario concreto, el de las favelas, objetivo y si quieres “crítica social” de la peli. Y yo creo que lo consigue a base de bien.
Por cierto, por seguir en la misma línea, el otro día vi (varios de los redactores) Tropa de Élite. Si quieres realidad sin banalizar, te la recomiendo.
Por partes:
No es necesario que un personaje dure para generar empatía. Existen, en el cine, creaciones geniales de apenas unos segundos.
Vale, es cómica. Pero también creaciones dramáticas de 10 minutos totalmente magistrales. Creo que sigue siendo el Oscar obtenido con menor tiempo en pantalla (Clift sólo sale en esa escena de 8 minutos).
Sí, es demagógico, no tienen que ver churras con merinas. Ahora vuelvo.
Seguimos:
No es necesario que un personaje dure para generar empatía.
En la crítica digo que los fallos de guión, SIN SER el principal defecto de la película, existen. Y para mí el principal problema del guión no es tanto que los personajes mueran antes de ser descritos, sino más bien que que la velocidad de presentación de personajes (el 80% gratuitos) es excesiva. Se nos presentan mil personajes sin parar. No ha aparecido uno y ya hay otro. Se puede seguir el hilo de la historia con la mitad de personajes. Pero no paran de surgir, despistan. Parecen una excusa para mostrarnos otro tiroteo videoclipero.
Pero insisto en que lo peor para mí no es el guión ni los personajes exprés.
E insisto en que me encantan los 20 primeros minutos de la película. Me encanta ese arranque (la idea del arranque) de esos 20 tipos armados hasta los dientes persiguiendo…una gallina.
Es una imagen más fuerte, más poderosa que los 57 tiroteos que la suceden durante dos horas. He olvidado los tiroteos, pero aún recuerdo a la gallina.
También es enormemente poderosa la escena en que Ze Pequeño coge a dos niños (los “pilluelos” o algo así) y obliga a un tipo a matar a uno de ellos (al azar) y a disparar a otro al pie. Y no me impacta sólo por lo insoportable de su violencia, sino porque esa escena está increíblemente bien rodada, genialmente resuelta. La cámara cambia contínuamente de punto de vista, con planos y contraplanos. Pero llega un momento en que que los planos dejan de enseñarnos a los cuatro protagonistas de la escena y sólo vemos al niño que finalmente sobrevive. Desde ese momento sabemos que el otro niño morirá, pero los planos del niño superviviente son cada vez más cercanos, se acercan cada vez más a ese niño que finalmente sobrevive. La cámara nos hace acercarnos a él hasta que nos identificamos con él; y cuando oímos el disparo sentimos (como él) alivio (en su caso por haber sobrevivido, en nuestro caso porque la escena insoportable ha terminado), pero también, como él (y aquí está la fuerza de la escena) sentimos un poso (asqueroso) de alegría. La cámara nos ha identificado (empatizado) de tal manera con ese niño que al final, como él, nos alegramos de no haber recibido el disparo.
Eso se llama cine.
Y para mí el cine, el de verdad, está en esas dos escenas, la del gallo y ésta. Y si Ciudad de Dios durara 8 minutos y sólo contuviera esas dos escenas yo comprendería (como decís) que la vida en la favela es hiperviolenta, que el índice de homicidios no se cuenta, que la vida no vale nada allí e (incluso) que lo mejor que puede hacer uno ahí dentro es sobrevivir intentando perder la virginidad lo antes posible, por si acaso.
Pero para mí el resto del film, sus 57 tiroteos que me la sudan y que he olvidado, son casi material de relleno. Humo.
Está claro que Ciudad de Dios no es un film mediocre, y quizá no merece inaugurar esta sección (uno escribe lo que se le ocurre, se siente) pero sus defectos existen. Y ocupan gran parte de su metraje. Aunque también es cierto que contiene escenas excelentes que se alzan sobre el conjunto.Y son esas escenas las que consiguen daros una impresión general de film tremendamente conseguido, dadlo por seguro.
Billy, empezamos a ponernos de acuerdo.
Es una peli con escenas sobresalientes sobre un conjunto que lo es menos. Pero es que para poder haber escenas sobresalientes, tiene que haber otras mediocres para contrastar !!!
Toma demagogiazo. Zas! en toda la boca.
En serio, a mi el superhabit de personajes secundarios y microhistorias que rodean a Buscapé me parece que ayuda a construir la historia. Es precisamente la clave de la peli. Consigue generar una vorágine en la que no paran de presentarte gente, con más o menos historia, con mejores o peores intenciones, pero que en cualquier caso acaban muertos de la manera más simple, burda, innecesaria y sin sentido. Creo que es todo ese humo el que le da el contexto a la historia de Buscapé, que no es más que una historia de sueños infantiles dentro de es caos.
Otras escenas / micro-historias que me gustaron especialmente y que recuerdo (y hace años que no la veo):
- La del guaperas grande y honrado, Mané Galinha, con su trabajo decente y su novia, que tras la violación de su novia delante suya y el asesinato de media familia como ¿consecuencia? de esa violación, se vuelve el primer matón de la favela.
- Las fotos de la banda de Zé, cuando Buscapé cree que le van a pegar un tiro directamente sin preguntar, y lo que quiere Zé es el “reconocimiento” de salir en los periódicos igual que su contrincante. Muy irónico, infantil, real.
Efectivamente, ayer, cuando me puse a hacer memoria y sacar grandes escenas (me acordé de esas dos) estaba intentando recordar el nombre del personaje ese supernoble que finalmente acaba siendo el matón número uno de la favela. Sí, me gusta ese personaje. Me lo presentan a la hora y veinte de film. Palma a la hora y cuarenta y cinco. Y deja poso. Lo dicho: durar poco en una pantalla no está reñido con generar empatía.
No comparto lo de la escena de las fotos.
Lo que me cabrea y me sigue cabreando de este film es que un director tan capaz, tan consciente de los recursos de su oficio (lo que demuestra en esas escenas contadas) se deje llevar (por exhibicionismo? por querer abarcar demasiado? por no escatimar una gota de sangre?) por los recursos más efectistas del cine reciente; recursos a los que por desgracia nos estamos acostumbrando últimamente.
Hubiera conectado mucho más con una cosa más sobria, más calculada, más estudiada. Como (insisto) Gomorra
Recomendación: Esta peli merece la pena verla en portugués (VO), gana un montón y se entiende bastante bien.
Pregunta: ¿Conocéis la serie Ciudad de Hombres? Continuación de la peli, de Miralles, cuatro temporadas … Billy, ha salido en DVD !!
No he visto Gomorra.
Apúntala al Cine-forum.
La vi en portugués!
Ciudad de Hombres en DVD. No, me temo que necesitas algo más para convencerme
Me apunto, eso sí, lo de Tropa de Élite. Me la han recomendado. Un brasileño, de hecho.
Muy bruta. A mi me gustó mucho, sobre todo por su visión de la doble o triple moralina solidaria.
Iba a escribir un post, pero se me ha pasado el arroz. Además, después de este tuyo, creo que, aparte de hacerlo mejor, te corresponde.
¿Hablamos de Tropa de élite o de la serie?
¿Quién está en posesión del DVD de Tropa de Élite? Informa
De Tropa de Elite. Grande cuando un dueño de favela hace gala de su conciencia social. Yo la vi en casa de Jos, pero no la tenía él … me temo que tendrás que descargar (ups, qué he dicho?!) o adquirir.
Tiempo ha que sigo este grandísimo blog, muy de acuerdo con la mayoría de vuestros posts y aprendiendo siempre al leerlos.
Pedazo de tema y temas, habrá que estar atento. Otro descubrimiento que os debo (con The Antlers, directamente, flipé)
Tiempo hace que no coincidimos en ningún concierto, Jos!
Seguid con el gran trabajo, saludos de un lector agradecido.