
The Incredibles, de Brad Bird (2004)
Seguimos con el ciclo Pixar en malasartes. Tercera de la lista: Los Increíbles.
Como ya dije por aquí, el prólogo de Los Increíbles es excelente. También lo son los 30 siguientes minutos, con la presentación de esa familia de superhéroes condenados a vivir escondidos y mezclados entre la mediocridad común. Con ese marido (Mr Increíble) que odia su nueva vida y sólo respira aire cuando sale por las noches con su colega Frozone a salvar vidas a escondidas, aunque a veces sea descubierto por su irritada mujer (Elastigirl). Hilarante ver cómo ésta no le huele el aliento al llegar a casa, sino que le revisa los hombros en busca de escombros. Nuevamente, como en Monsters Inc. (con aquellos monstruos que temían a los niños), las situaciones cómicas se basan en la inversión de lo establecido.
Pero el caso en que en estos primeros minutos Los Increíbles es de todo salvo una película para niños. No sólo por la ausencia de canciones (gracias, por dios), sino por presentar un conflicto con algo de enjundia entre ese matrimonio: ella supedita todo a la familia, ha olvidado su pasado como Elastigirl, para ella no deja de ser una época de diversión juvenil como cualquier otra. Abraza una vida familiar monótona y conformista, obligando además a sus hijos a no comportarse como superhéroes, sino como “niños normales”. Él, en cambio, ansía recuperar el esplendor de su juventud antes de que sea demasiado tarde. Si ella fuera Annette Bening y él Kevin Spacey estaríamos hablando de American Beauty.
El discurso no es nada Disney y, de hecho, plantea situaciones interesantes con indisimulada sorna: en el mundo de los superhéroes, como en el nuestro, existe el debate de si se debe supeditar el bienestar del individuo a la seguridad común, y es finalmente el individualismo el que triunfa (por medio de particulares que sacan dinerillo con esa costumbre americana de forrarse ganando pleitos).
También hay diálogos interesantes, como esa discusión en la que el padre rechaza pedir a sus hijos que oculten sus superpoderes, y se niega a felicitarlos por la mediocridad (”¿Graduación? ¡Sólo ha pasado de cuarto a quinto curso!”), cual padre de hijo de la ESO indignado por tener que felicitar a éste por pasar curso con tres.
Buenos diálogos pues, divertidas situaciones (esa charla en el coche entre el marido y su colega rememorando viejos días del oficio, recordando las frases del supervillano de turno como si fueran anécdotas del jefe del curro) e interesantes conflictos entre los personajes principales en estos primeros 40 minutos. Por desgracia no se puede decir lo mismo del conflicto de los hijos. Trillando tópicos: a ella le mola el capitán del equipo de fútbol. Él no puede destacar en clase de gimnasia. Falta sólo Zach Morris.
Una vez pasados esos 40 minutos empieza el espectáculo puro y duro. La montaña rusa es de tal intensidad que, con una hora de anticipación, sabemos ya que esa madre volverá a ejercer de superheroína y ésa será la resolución de sus problemas con el marido. El filme se transforma en un espectáculo de acción trepidante, resquebrajando totalmente la columna vertebral de la película. Pero esto nos da igual: es un glorioso divertimento.
Y entretiene sin deslumbrar (como sí lo hacía Monsters) con la originalidad de su puesta en escena y de su imaginario visual: la música y los escenarios aquí deben mucho a James Bond; el final (era inevitable) remite a Spiderman y otros recientes films de superhéroes. Pero Pixar acierta de pleno en lo que ya parece marca de la casa: el fantástico diseño de personajes. Y es que por la pantalla desfilan varios excelentes secundarios:
- Ese jefe enano dictatorial (como tantos enanos dictatoriales).
- Ese funcionario protector de los superhéroes, gris y deprimido por un trabajo que claramente odia (no nos lo dice el diálogo, sino su cara), pues su deber es mantener escondida e inactiva a la gente más capaz de ayudar a los demás.
- Esa delirante diseñadora de moda superheroica (genial el gag de la capa).
- Ese bebé (Jack Jack) de combustión espontánea (excelente el corto – “Jack Jack Attacks” – complemento del film).
- Esa canguro repelente (”No se preocupe señora, haré escuchar a Mozart al bebé”).
- Ese villano francés del inicio, robabancos por medio de bombas. El nombre es una de las mayores perlas del guión: Bomb Voyage.
- …y ese supervillano del final (”¡Ha llegado el Socavador!”) de claras reminiscencias Gallardonianas.
En definitiva, otro notable alto para Pixar.
Mis prejuicios hacia los filmes de dibujos siguen allí, y algo me dice que la próxima de mi lista (Buscando a Nemo) no me va a gustar demasiado. Y es que el espectador aleatorio me asegura que el lastre Disney brilla por todo lo alto en ésta…
Ya os contaré.


Excepcional análisis!!
Y sí, hay rumores de que le pidieron a Gallardón que doblara al Socavador en su traducción al español… el muy rancio se negó…
Tengo entendido que lo dobló Álex de la Iglesia.
NOTA: todas estas pelis las estoy viendo en rigurosa versión original. En ésta me decanté sin duda cuando vi a Ana Rosa Quintana en la lista de dobladores. Eso sí, parece que en los films de Pixar hay una cierta coherencia a la hora de doblar (no como lo de Jack Black en Escuela de Rock, con Dani del Canto del Loco): Ana Rosa Quintana (y Carlos Herrera) son las voces del noticiario del prólogo.
Personalmente me gusta más verlas en inglés: te pierdes algunas expresiones/fondos de la peli, pero no sé: aquí a Frozone lo dobla Samuel L.Jackson.
Y en Monstruos S.A los protagonistas son John Goodman y Billy Crystal. En España Santiago Segura y José Mota…