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Whatever Works (2009), de Woody Allen

De algunos años a esta parte, cada nuevo estreno de Woody Allen viene acompañado de varias entrevistas, estudios y quebraderos de cabeza sobre el motivo que le ha llevado a hacer ésta u otra película. Si algo demuestran todos estos análisis pretendidamente intelectuales es que, quien los escribe, aún no ha comprendido/aceptado/asumido la transformación del objeto de su estudio. Allen, que una vez fue un artista con voluntad de serlo, y no el artista descuidado y casi involuntario que es hoy, lleva bastante tiempo siendo mucho más simple que estos supuestos análisis intelectuales, viviendo en un universo tremendamente sencillo que, sin embargo, mil y un críticos se empeñan en seguir destripando con resultados hilarantes, y si no ahí van varios ejemplos:

1) ¿Qué oscuro misterio ha llevado a Woody Allen a rodar de nuevo en Nueva York, tras la etapa de Londres y el accidente de Barcelona? ¿Será el trilladísimo tópico de que “el director judío no sabe vivir fuera de Nueva York”? ¿Será esa historia tantas veces oída de que debe ir los lunes a tocar el clarinete con su banda? ¿Será, qué sé yo, que “la yuxtaposición interpersonal de su yo neoyorkino sólo encuentra su hueco en la sociedad matriarcal judía de tintes freudianos de la gran manzana”?

Respuesta de Woody: “Volví por accidente. Amo Nueva York. Es una ciudad que respira cine y quería volver a rodar en ella. Pero si he vuelto ahora es por culpa de la huelga de actores. Para esquivarla tenía que rodar en primavera en lugar de en verano. Y en primavera mis niños todavía van a la escuela, así que no me los podía llevar conmigo a Europa”.

.…y ya. Punto.

Seguirán mil análisis de por qué ésto o por qué lo otro. Denlo por hecho.

2) ¿Odia Woody Allen al mundo? Por qué ha escupido, en el film que nos ocupa, un ser misógino y despreciable? ¿Es un reflejo de lo que Woody piensa del mundo actual?

Pues no: “Si la cosa funciona parte de un viejo guión que Woody Allen escribió a finales de los 70 pensando en el cómico Zero Mostel, con quien protagonizó ‘The Front/La tapadera’ (Martin Ritt, 1976), pero la muerte de dicho actor hizo que aparcara cualquier plan. Hasta hoy. Fue el anuncio de la pasada huelga de guionistas en Hollywood lo que animó al realizador de Brooklyn a recuperar alguno de sus viejos proyectos por si la protesta le afectaba directamente y se veía obligado a rodar una película en poco tiempo. Allen asegura que ha mantenido la historia tal y como la concibió al escribirla y que se ha limitado a retocar los detalles cotidianos de actualidad”.

…y ya. Punto.

3) ¿Es la vuelta a Nueva York y al cine de calidad una señal a los críticos, un “puedo hacer buen cine cuando quiera y aquí estoy para demostrarlo”? El personaje de Larry David incide una y mil veces en que es un genio. ¿Está Woody Allen recordando a los críticos que él es un genio?

Pues no, no lo está haciendo. De hecho, existen pocos autores tan autocríticos con su propio trabajo como Woody Allen. Es más, tanta autocrítica y subestimación de la propia obra llega a cabrear, al menos a quien esto escribe. En otras películas Woody ha incidido en su relación con el público. La más notoria sería Recuerdos, que le valió mil y una críticas por lo que aparentaba ser una burla de su propio público. Woody pretendía expresar todo lo contrario, y de hecho, años después, dedicó el 30% de una genial entrevista televisiva con el crítico de cine de la revista TIME (editada en España en formato libro) a desmontar tales teorías.

Pero no hay forma. Los críticos siguen viendo falsa modestia, presunción y aspiraciones artísticas en su discurso. He llegado a leer entre las críticas de Si La Cosa Funciona que “Woody parece querer decir a los críticos que puede hacer una obra maestra cuando quiera” (¿?).

4) Mi preferido: el análisis formal de los filmes de Allen. La cámara al hombro, persiguiendo a sus personajes por las calles de Nueva York, dando mil y una vueltas a la mesa a la que se sientan, con movimiento continuo, nunca interrumpido ….¿es una extrapolación de la inestabilidad emocional de estos personajes?

La respuesta de Allen es genial y se encuentra en el libro de cabecera para todo aquél que quiera comprender su cine: Conversaciones con Woody Allen, de Eric Lax: el motivo por el que rueda cámara en mano, sin montaje es…la pereza. Sí, la pereza. Si incluyera cortes perdería tiempo durante el rodaje y, sobre todo, durante el montaje.

…y ya. Punto.

En fin, aclarémoslo de una vez por todas: Woody tuvo hace años una voluntad artística. Lo repite una y mil veces en el libro de Eric Lax. Al inicio de su carrera se veía a sí mismo como un proyecto del mejor cómico de todos los tiempos, idea que abandonó con el tiempo, afortunadamente para todos, pues nos hubiera privado de ese pesimismo tan encantadoramente suyo que impregna todos sus films. Posteriormente se obsesionó con los grandes directores europeos, Fellini, Bergman o Fritz Lang, imitándolos en ocasiones burdamente (Recuerdos, Interiores, Sombras y Niebla) y, si bien nunca consiguió realmente integrar la obra de estos directores en su discurso, sí se aprecia en muchas de sus primeras películas “serias” (de Annie Hall en adelante) una estilización de la imagen, una voluntad de poner la cámara en el ángulo preciso en el instante preciso. El mejor exponente de ello sería Manhattan.

Pero posteriormente Woody Allen dejó la estilización y se pasó al churro. A hacer películas como churros, se entiende. Una película al año, como siempre, pero descuidando cualquier detalle formal y técnico y dejando todo en manos de su guión y de los actores. Con mejor y peor resultado, saliendo siempre adelante gracias a un enorme talento natural…pero sin esforzarse demasiado.

¿Por qué? Porque Allen, pesimista legendario, se ha vuelto también, con el tiempo, una persona tremendamente nihilista, y ha extrapolado ese nihilismo a la concepción de sus películas y a su forma de rodar. Su cine no le importa, le basta hacer una película al año con más o menos ganas y, si la cosa funciona, la gente irá a verla, se recuperará la inversión y se ganará la confianza de algún productor para hacer otra película el año que viene. Su último film es una manifestación con letras de neón gigantes y señales de humo de esta actitud ante la vida. Pero eso no impide que los críticos sigan dando la marrana con elucubraciones mentales sobre el huevo y la gallina.

Podemos ya empezar la crítica:

Acudo a la cita anual con Woody Allen lleno de ganas, olvidando los últimos grandes baches de su cine, recuperando la ilusión de los días en que regalaba una obra maestra anual. Por varios motivos:

- Oigo que Woody ha vuelto a escupir un personaje encantadoramente deleznable, espejo de todas las miserias propias y ajenas. Me acuerdo inmediatamente de Harry Block, el protagonista (interpretado por él mismo) de la que es, a mi juicio, su última obra maestra: Desmontando a Harry (excluyo Match Point porque me parece un autoplagio – muy conseguido , eso sí– de Delitos y Faltas, en la que Allen ya había contado todo lo que había que contar sobre el tema).

- No sólo recupera a un personaje tipo Harry Block, sino que, además, elige como alter ego de su personaje al gran, gran, gran Larry David, verdadero creador de esa maravilla llamada Seinfeld y alma, o protagonista, o actor principal (difícil saberlo) de Curb your Enthusiasm.

Y veo la película. Y, al principio, la película me defrauda, porque:

- Leo en varios medios que, tras probar con varios actores que interpretaran el papel que siempre ha interpretado Woody (Jason Biggs en Todo lo Demás, Kenneth Branagh en Celebrity, Will Ferrell en Melinda y Melinda, etc) Woody “por fin ha encontrado su alter ego ideal”. Es mentira. Larry David está encerrado, impostado, no consigue salir del personaje de Allen, lo imita (muy bien) pero ya. No es Woody Allen según Larry David, sino todo lo contrario.

- El guión está lejos de ser perfecto, es apresurado, está poco cuidado (como de costumbre últimamente), faltan perlas y sobran situaciones previsibles, todo es déjà vu de otros filmes de Allen (como siempre por otra parte, pero esta vez, por algún motivo, me molesta). Nuevamente Woody ha demostrado una capacidad genial de crear enormes actrices de la nada (Evan Rachel Wood se sale, literalmente), si bien la leyenda de que Woody Allen no hace absolutamente ningún esfuerzo por dirigir a los actores y les deja total libertad parece cierta. Pero no me basta, esperaba más.

Sin embargo, según avanza el metraje, me doy cuenta de todos estos defectos dan igual. Que nada importa. Que si el film es peor de lo que me esperaba, eso no va a afectar a la conjunción de los planetas. Que si Woody ha vuelto a pasar de todo, mejor para él, para mí, para todos, para nadie. Que me ha invadido la idea que defiende el film. Que la película es buena, o mala, o mejor, o peor, o todo a la vez, por eso mismo: porque todo da igual.

Si la cosa funciona
es una declaración de una hora y media del tipo estudia mucho, mejora tu vida, trabaja duro, márcate metas, sé un idealista. Qué más da lo que consigas. Al final, todo muere, todo se consume, nada importa. Todo será polvo.

Ya lo decía Woody Allen en el libro de Eric Lax: “No hago películas para la posteridad. De hecho, cuando me muera, podrían quemar todas mis películas, eliminarlas de la faz de la tierra. Me da igual. No me hará más infeliz. El mejor legado artístico de la Historia de la Humanidad pertenece a William Shakespeare, pero le puedo asegurar que, en este momento, Shakespeare no es más feliz que usted ni que yo”.

Y cuando salgo del cine participo del discurso de Allen. Todo da igual. He pisado un charco y una caca de perro. ¿Y qué? Polvo.

La sensación dura bastante tiempo. Esto suele ser una prueba de que los films son buenos. Pues vale, si a ustedes les sirve para saber que es un buen film, mejor para ustedes. De hecho a los críticos les vale, y siguen buscando el huevo y la gallina en este film suicida, y creyendo que por fin han destripado el pensamiento de Allen…

…y es que no entienden absolutamente nada. O sí. Qué más da.

5 comentarios a Si la cosa funciona

  • Jos

    plas plas plas plas

    “Standing ovation” para esta crítica.

    Sigue así, Billy!

  • Deivis

    Joder qué bueno Billy.

    Coincido en todo lo que cuentas, salvo en que la película me parezca un déjà vu de otras de sus películas … principalmente porque no he visto muchas de ellas. A mi me pareció totalmente original. Bendita ignorancia.

  • espectadoraleatorio

    Ole Ole y Ole… Que bien hice en no escribir yo la crítica.

    Aunque he de decir que acabas de caer en el mismo bucle infinito de los criticos que critican a los criticos y luego hablan de lo que habla una pelicula, algo así como una critica fractal,…

    Se nota que la pelicula es una obra antigua, es además como muchas de sus antiguas obras un guión que puede desarrollarse sobre un teatro, ya que muchas de las escenas son en la casa, en un bar o en el parque. Sin ningún alarde de guión, o vuelta de tuerca, o salto temporal, simplemente escenas muy sencillas, localmente estáticas.
    El guión sigue una estructura muy simple de Introducción, Nudo y Desenlace, y en eso se basa lo buena que es, porque trás intentar ser un Genio, es una maestro del guión y puede escribir como churros estructuras básicas que funcionen.

    Pero como espectador, me da rabia la actitud de Woody, es una lástima que quiera hacer churros y que simplemente se dedique a sobrevivir. Considero a Woody un genio, lo siento Woody, pero el no querer pararse 3 años para hacer una gran pelicula, es algo que siempre me dejará con la duda, con el ansia.

    Yo le daría un Nobel a la Paz, ya que se lo han dado a Obama…

  • Billy Pilgrim

    Sí, Woody consigue hacer guiones como churros de una calidad aceptable, y la gente se lo aplaude, y hacen bien en aplaudirlo, porque es bastante raro hoy en día. En el viejo Hollywood cada peli tenía a un ejército de guionistas expertos en eso, en planteamiento, nudo y desenlace. Pero ahora esto es tristemente tan escaso (en el cine, no en la TV) que Woody, sin despeinarse, destaca sobre todos. Es el Valentino Rossi de la escritura de guiones. Un poco más deprimido, eso sí.

    Yo a Woody le daba el Nobel de la Paz, el de Literatura, le hacía hijo predilecto de Alpedrete y hasta le daba un Oscar honorífico, por rizar el rizo. Todo se la sudaría, pero valdría la pena aunque sólo fuera por el discurso de agradecimiento. Y si no, dos perlas:

    - Al recibir el premio Príncipe de Asturias, haciendo suya la frase de Jack Benny, protagonista de Ser o no Ser: “Gracias, no merezco este premio. Pero en fin, qué le vamos a hacer. Soy diabético y tampoco lo merezco”.
    - Al acudir a los Oscars por primera y última vez para presentar un homenaje a Nueva York en la vigiladísima primera gala tras el 11-S: “Gracias, gracias, su aplauso compensa el cacheo de la entrada”.

  • Billy Pilgrim

    De todas formas no pretendía criticar a los críticos en general, sino a los que sueltan los cuatro tópicos de siempre de Woody Allen y cobran por ello. Pero en fin, como dije en otra ocasión, los pobres críticos tienen ya bastante con el peso sobre su conciencia de pasarse la vida criticando algo que ven siempre de gratis. Si yo invito a amigos a cenar lo último que espero es que me toquen las narices con que “el punto de sal está falto de estructura, de contención, de impulsión dramática”.

    Totalmente de acuerdo en que debería tomarse tres años para hacer las pelis, pero nunca lo hará. Para dejarlo correr quizá lo mejor sea mirar el lado positivo, y no preguntarse por qué no hace pelis cada tres años, sino cómo este tío fue capaz de encadenar prácticamente, entre el 86 y el 97, Hannah y sus hermanas, Días de Radio, Delitos y Faltas, Maridos y Mujeres, Misterioso Asesinato en Manhattan, Balas sobre Broadway, Poderosa Afodita, Todos dicen I love you y Desmontando a Harry. Y eso después de Manhattan, Annie Hall, Zelig , etc y con la gente olvidando pelis memorables que, a mi juicio, están infravaloradas e injustamente olvidadas: Broadway Danny Rose es un ejemplo.

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