Frenchkiss – 2009
9.1/10
Tengo una resaca del infierno. Hoy es día de desfile militar y resuenan los aviones por encima de mi cabeza, como si estuvieran a punto de soltar una bomba H sobre mi cerebro. Me encanta el olor a Napalm quemando neuronas por la mañana. Pienso en que debería escribir algo sobre The Antlers, que se me están resistiendo y me doy otra vuelta en la cama.
Hacía ya años que no me enganchaba a un disco conceptual. Las prisas de esta vida moderna no nos dejan tiempo más que para volar por encima de los discos, uno tras otro. Ojo, utilizo la etiqueta “conceptual” por desdén, la verdad, porque a lo que realmente me refiero es a los discos que te cuentan una historia, de principio a fin, no a los que giran alrededor de un concepto. Ahí sí que hay muchos ejemplos en la historia reciente de la música (Sufjan Stevens, Arcade Fire, Bon Iver, Grandaddy…). Para el primero de los tipos (llamemosles discos-historia), me tengo que remontar al Downward Spiral de Nine Inch Nails, donde Trent Reznor nos contaba la historia de un hombre atormentado que camina por su propia espiral descendente, entre la autodestrucción, la frustración y el odio, hasta ¡bang! pegarse un tiro en la cara, dejando antes una escalofriante nota de suicidio.
Pues bien, nada menos que 15 años después (sí, amigos, sí… nos hacemos viejos), me encuentro atrapado en este disco, sin poder salir.
Hospice es un disco jodido. Muy jodido. No recomendado para gente en horas bajas. O tal vez sí, para ver que se puede estar ahí, en la mierda, y salir. Que la luz que se filtra entre las rendijas de las persianas viene de ahí fuera. Y que ahí fuera es intensa. Pero claro, eso no lo aprendemos en el disco. Lo sabemos porque Peter Silberman, el creador de The Antlers, sigue ahí, dando conciertos y viviendo. La historia les recordará a la del disco de Bon Iver: después de un acontecimiento sobre el que no hay demasiados detalles, un tío barbudo se encierra en su apartamento de Brooklyn, evitando todo contacto con conocidos o amigos, es decir, en completo aislamiento social, durante -atención- un año y medio. Pasado ese tiempo emerge de la oscuridad con un disco entre las manos.
El disco tiene un poco de Bon Iver, sí, pero también tiene un poco de Arcade Fire (y no sólo por la temática fúnebre), y de Múm, como les contaremos más abajo. Es lento, oscuro y con una carga emocional a veces excesiva. Algunos dirán que impostada y falsa, pero yo no he podido encontrar la falsedad en todo esto, qué quieren que les diga. Inténtenlo y comenten.
Hasta aquí, lo que sería la reseña normal. Estén contentos de que haya sabido resumir el disco en dos líneas. Les recomiendo, en cualquier caso, enchufar los altavoces, ir a Spotify y seguir el disco con nosotros. Metan en su mochila el disco y una guía para entender lo que murmuran The Antlers en sus canciones. Y cuidado: a partir de aquí, spoilers.
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El disco cuenta la historia de una persona (supuestamente Silberman) que trabaja en el hospital Sloan-Kettering de Nueva York, donde conoce a Sylvia, una niña con cáncer de huesos. La descripción de la niña, en un estado de desesperación y frustración enfermizo, nos pone la piel de gallina. Desgraciadamente, desde el principio sabemos como va a acabar la historia. En “Kettering“, la segunda canción del disco, nuestro protagonista conoce a Sylvia:
You said you hated my tone, it made you feel so alone
So you told me I had to be leaving.
But something kept me standing by that hospital bed
I should have quit but instead I took care of you.
You made me sleep and uneven, and I didn’t believe them
When they told me that there was no saving you
La fiereza del tramo instrumental después de estos versos nos recuerda a los islandeses Múm. Hay algo de ese post-rock orgánico en las canciones de Antlers, aunque también hay algo de Godspeed You Black Emperor, algo de Arcade Fire y algo de la voz de Bon Iver.
Y entonces, cuando tenemos claro que durante la siguiente media hora vamos a presenciar la lenta muerte de una niña en un hospital, hay un giro inesperado en “Atrophy“. ¿A quién habla Silberman aquí? En lo que parece la descripción de la lenta destrucción de la relación de pareja del protagonista, los sentimientos de culpa y desesperación se suceden, seguidos de la fenomenal “Bear“, todo un himno pop, en la que la pareja decide abortar, no porque no puedan mantener al niño, sino porque tienen miedo de su propia relación:
There’s a bear inside your stomach, the cub’s been kicking you for weeks
And if this isn’t all a dream, well then we’ll cut him from beneath.
Well we’re not scared of making caves or finding food for him to eat,
We’re terrified of one another and terrified of what that means.
¿Cuál es la relación entre esta historia y la de Sylvia? ¿Es Sylvia una mórbida proyección de la relación de Silberman con su novia? ¿Es su muerte la muerte de su matrimonio? ¿O son dos historias paralelas que influyen una sobre la otra de manera imparable? En “Thirteen” es Sylvia la que habla, tras una soberbia introducción instrumental, arrugándonos el corazón cuando la oímos suplicar “Pull me out… Pull me out… Can’t you stop this all from happening? Close the doors and keep them out”. Aunque no sabemos qué Sylvia es.
“Two” es, con el permiso de “Bear” el mejor tema del disco. Aquí llegamos a otro punto de inflexión en la historia, cuando los médicos confirman a nuestro protagonista que Sylvia va a morir. La letra salta entre su relación con la niña y la relación con su novia hasta el “momento-pelos-de-punta”, cuando escuchamos la fina voz de Silberman cantando “Well no one’s gonna fix it for us, no one can. You say that, ‘No one’s gonna listen, and no one understands.’ So there’s no open doors and there’s no way to get through, there’s no other witnesses, just us two.”.
A partir de aquí, la oscuridad del disco llega a su punto cumbre en “Shiva“, donde como pueden suponer, Sylvia muere y el protagonista de Hospice entra en su proceso de aislamiento, al recibir de la niña su enfermendad y convertirse en su huésped: una transmutación de la imposibilidad de vivir, un intercambio de cromos si quieren o, como subtitulan los Antlers, un intercambio de catéter, al que ahora se enchufa Silberman, no Sylvia. “Wake” es la descripción de este aislamiento, pero por fin, vemos algo de esperanza entre toda esta mierda de desesperación y soledad. Los coros Arcade Fire del final de la canción (”don’t ever let anyone tell you you deserve that”) nos elevan, aunque sea durante segundos, al cielo.
Y me llamarán loco, pero veo en “Epilogue” cierto optimismo y cariño hacia la historia vivida. Una especie de recapitulación, de lección aprendida, vivencia procesada y utilizada para aprender a vivir. Retomando la melodía de Bear (y la melodía de “Sylvia – an introduction” del EP “New York Hospitals“), The Antlers se sacan de la manga un fin de disco optimista, que la verdad, era lo último que podíamos esperar.
Este es un disco, en definitiva, tremendamente emocional, morboso si quieren, en el que cada canción es fundamental para contarnos una historia. Y sé que me acusarán de fantasear con él como quien fantasea con una película de antena 3 de después de comer. Pero pruébenlo. Y luego me cuentan.



Menudo análisis que te has marcado. Sólo por eso le voy a dedicar unos cuantas escuchas a esta gente. Había escuchado Two (del top 10) y bueno … suena muy bien, pero no me había enganchado demasiado. Desde luego no me había parado a escuchar la letra.
Veremos a ver cómo suena ahora esto desde la perspectiva disco-story.
Anonadado y patidifuso me tiene este disco, y eso que todavía no me he parado a analizar las letras en profundidad…
No sé si su escucha prolongada tendrá efectos secundarios, pero desde luego bien merece el riesgo.
Kettering, la que más me llega sin duda.
Saludos
Cuando la madre de todas las empresas de este país tenga a bien obviar los 20 días de retraso que ya lleva en mandar a un técnico a mi casa a enchufar un cable y, por tanto, vuelva a tener internet, spotifearé este álbum. Mi primera opción de siempre (FNAC, cd original, fidelidad a los principios, por absurdos que sean) ya fue puesta en práctica la semana pasada sin éxito.
Vamos, que o el disco no se vende en España o simplemente en FNAC Callao no lo tienen, cosa que constatamos con pesar yo mismo y Silvia Superstar, de Killer Barbies, que me la encontré a mi lado. Obviamente ella también estaba buscando este CD…supongo.
Una vez escuchado analizaré la posibilidad de acompañaros al concierto. ¿Habrá entradas para entonces?
OMG !!
The Antlers han desaparecido de Spotify … ¿recortes en la discografía disponible? ¿Alguien ha perdido algún otro disco?
Chúpate ésa siglo XXI…
God bless the CD
Si pulsas aquí, te dice que este disco no se puede escuchar en nuestro país… Estas cosas son las que pueden hacer que todo el invento se vaya a tomar por culo y nos volvamos al plástico, sí señor.
The Antlers otra vez en Spotify !!!!
La naturaleza es sabia, siempre encuentra su camino.
Por cierto que no hemos hablado del concierto de esta gente … se nos va a acumular el trabajo con el Primavera Sound !!
Me acabo de enterar que estos tíos tienen otros dos discos previos, Uprooted y In the Attic of the Universe.
¿Los hemos escuchado?