
Grindhouse (2007), de Robert Rodriguez y Quentin Tarantino
(Nota: contiene “spoilers”)
Grindhouse fue inicialmente concebida como una sesión doble de cine de serie B, con Planet Terror en primer lugar, seguida por Death Proof y, entre medias, una serie de trailers totalmente delirantes de películas imaginarias ideados y realizados por la troupe de “amiguetes” del tándem Tarantino-Rodríguez (Eli Roth, Rob Zombie o Edgar Wright).
El proyecto fue estrenado como sesión doble en EEUU, pero los malos resultados en taquilla obligaron a recuperar la inversión en Europa, con lo que ambas películas se estrenaron por separado y con escenas adicionales (las versiones originales no llegaban a los 80 minutos en EEUU, mientras que en Europa ambas sobrepasan los 110 minutos).
Frente a la tradicionalmente vilipendiada figura del “malvado productor”, es bien cierto que a Tarantino a veces le viene bien un productor que frene sus desvaríos. Fue Harvey Weinstein quien le paró los pies cuando el de Tennessee quiso estrenar Kill Bill como un film único de cuatro horas, pero Weinstein, con buen criterio, vino a señalar que dos horas de miembros cercenados, katanas de Hattori Hanzo, música vibrante y coñonetas en acción, seguidas de otras dos horas de introspección, ritmo pausado y de primeros planos a lo Sergio Leone no es, ni mucho menos, un plato que se sirva frío. Es mas bien un desafío para el espectador….
Lo mismo ocurre con este Grindhouse. La decisión de separarlas en más que acertada, pues el ritmo de ambas partes es totalmente diferente. Planet Terror es una auténtica feria, un divertimento contínuo en el que el ritmo no decae….En Death Proof, en cambio, Tarantino se permite 50 minutos para presentar a sus personajes, para posteriormente arrancar su festival, interrumpirlo durante otros 20 minutos y concluir a lo grande.
En la decisión de estrenar los films por separado sale ganando Rodríguez. Su película se ve con condescendencia, se sabe que es a priori eso tan mal llamado “cine basura”, pero sorprende desde los primeros minutos pues, por encima de los cortes de testículos, los desmembramientos y otras supuestas humoradas, subyace una genial capacidad para situar al espectador inmediatamente en el universo del film. Las presentaciones de los personajes y de los lugares donde trascurre la acción (el restaurante-barbacoa, el hospital, la oficina del sheriff y la base militar) es modélica, con transiciones perfectamente calculadas y una ambientación más que conseguida: genial la sensación de noche permanente, enfatizada con esa escena (cortada en el montaje americano) del matrimonio al que le suena el despertador y se levanta a desayunar bajo la luna llena.
Y una vez presentado el contexto, comienza el festín. Pronto la película se revela como “falsa serie B” (los efectos especiales, por más que se intenten disimular con un falso -por digital- desgastado del celuloide de la cinta, están más que conseguidos). Pero la percepción inicial queda tan impresa en el espectador que por muchos efectos digitales que uno vea, Rodríguez consigue vender su film como una perfecta chapuza hecha con cuatro duros, que venera a tantas otras chapuzas hechas con cuatro duros. No es así, pero al final, realmente, eso es lo de menos: se ha asistido a una autentica montaña rusa de arte, ensayo (y pus) y ni siquiera el cambio de contexto del final (con esa transición inmediata –a lo montaje del productor de Blade Runner- a un mundo de luz, sol y playa) quitan el buen sabor de boca de haber realmente vivido en el mundo de los personajes durante 110 gozosos (siempre que uno no tenga un estomago sensible) minutos. Cortar 30 minutos al film de Rodríguez hubiera sido un auténtico golpe a la línea de flotación del film: su calculadísimo ritmo.
Así que el que sale perdiendo es Tarantino. El principal problema de Death Proof es que le sobra metraje por los cuatro costados. Tarantino saltó a la fama en gran parte gracias a sus diálogos, pero es más que cierto que la chispa de Reservoir Dogs o Pulp Fiction no le ha vuelto a acompañar. En Jackie Brown partía de un texto original de Elmore Leonard. En Kill Bill, como siempre, sus personajes tienen una cierta tendencia a la verborrea, pero el fuerte de la cinta está más en la dirección, el montaje y el tono irónicamente fatal y trascendente que en el guión o los diálogos.
Pero el visionado de Death Proof no es ni mucho menos una pérdida de tiempo. Desde el principio la cámara de Tarantino quiere (algo obsesivamente) a sus personajes femeninos. La, una vez mas, incontenible tendencia a la verborrea verbal de estos personajes (sin los otrora brillantes diálogos made in Tarantino) es pronto aliviada por un entorno en el que el director no podría encontrarse más cómodo: un espacio cerrado (el bar), en los que Tarantino sabe rodar como nadie (véase la excepcional escena de pelea entre La Novia y Elle Driver en la roulotte de Kill Bill vol.2), creando un ambiente de diálogos y situaciones que el desarrollo posterior del film revela inútil y gratuito, pero que se sigue bien, con agrado, a lo que contribuye, entre otras cosas, el hecho de que en el bar haya una gramola que permite a Tarantino construir, una vez más, sus historias a través de temas musicales seleccionados por él mismo. No es una coincidencia, por tanto, que el propietario del bar esté protagonizado por el propio Tarantino.
La introducción al escenario del bar se hace con el tema “Baby it’s you”, de Smith. En el montaje se sucede la imagen (desde fuera del bar) de dos chicas entrando bailando al ritmo de la música. La cámara ya no volverá a salir del bar. Como mucho saldrá al porche, pero siempre con la perspectiva desde dentro del bar, presentando el exterior como el lugar donde esta el “peligro” (el coche) en confrontación con el interior, donde las chicas tienen el control (no en vano están rodeadas de un grupo de perdedores – el personaje de Eli Roth al frente- a los que controlan totalmente). La cámara, pues, acompaña a las dos chicas bailando al ritmo de Baby it’s you, y ya no vuelve a salir. Se encadena esa imagen con el personaje de Jungle Julia moviendo su melena al ritmo de la música, y después otra de las chicas bailando de espaldas (e ignorando totalmente) a uno de los perdedores. La música nos ha acompañado al interior del bar, y ahí seguirá otros 20 o 30 minutos, posiblemente los mejores del film.
Y ello a pesar de que sea justo entonces, cuando los personajes salen del bar, cuando arranca el film propiamente dicho.
Llega entonces el primer momento tarantiniano en sentido clásico, digamos. Tarantino ha indicado en numerosas entrevistas la importancia de la música en su proceso creativo. Dice saber cuándo va a rodar una película desde que tiene en mente el tema musical de los créditos. A veces incluso crea escenas a partir de temas musicales, y no al revés. La escena del tremendo choque a ritmo de “Hold Tight” de Dave, Dee, Dozy, Beaky, Mitch and Tich, parece claramente una de ellas. Es manifiestamente desagradable, y al mismo tiempo abiertamente “cool” e incluso divertida. El montaje es fabuloso, la secuencia antológica, y es, con mucho, el recuerdo más tangible que uno mantiene de la película tras su visionado. Es la conjunción de todo lo que Tarantino no aprendió en una escuela de cine (no ha pisado una en su vida), pero que forma parte de su fantástico instinto para la creación de imágenes por vía “adrenalitica” que se mantienen mucho tiempo en la retina del espectador.
Sin embargo, he aquí que, en pleno clímax, el ritmo de la película vuelve a caer por completo, llegando al máximo del paroxismo: Tarantino REINICIA el film, y los siguientes 20 minutos son una excusa para preparar al espectador para lo que se avecina.
Y lo que se avecina es seguramente el gran motivo que llevó a Tarantino a meterse en la aventura de Grindhouse: rodar (en sus propias palabras) la “mejor persecución de coches de la historia del cine”. Y dicha persecución es efectivamente fantástica, más cerca de un French Connection que de una empanada virtual de cámaras virtuales y personajes con cerebros también virtuales (Matrix Reloaded). El montaje es nuevamente sensacional, el acompañamiento musical fantástico, todo es vibrante en estos últimos 15 minutos, los títulos de crédito del final incluidos.
Conclusión: con Death Proof, Tarantino ha hecho una “gran peor película”.
Conclusión global: al haber tirado por la calle de en medio y haber rodado lo que les daba la gana en el momento que les daba la gana, Tarantino ha hecho su peor trabajo….y Rodríguez su mejor película. Que cada uno saque su conclusiones.

