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Aunque sólo sea por la envidia que nos da la gente que tiene tiempo para hacer estas cosas, aquí les dejamos el último vídeo de OK GO. Espectacular.
Creo que el mejor acercamiento a la historia de Invictus no es tanto ver el film de Clint Eastwood, sino leer el ensayo de John Carlin en que está basado dicho film: Playing the Enemy, titulado en España El Factor Humano: Nelson Mandela y el partido que salvó a una nación. Las primeras 200 páginas del libro son magistrales: la vida de Mandela en la cárcel, su pragmatismo, que le lleva a olvidar la lucha armada de sus tiempos en Umkhonto we Sizwe y decantarse por la palabra, su propio carisma y la comprensión como modo de acercarse a los afrikaner, empezando por aprender su idioma y costumbres. Cómo aplica su plan ascendiendo progresivamente en la escala de autoridad: plan que comienza por los carceleros, sigue con el ministro de defensa, continúa con el jefe del servicio secreto y desemboca en las conversaciones secretas con el gobierno de P.W Botha para negociar su salida de la cárcel.
Das Weisse Band – Eine Deutsche Kindergeschichte, de Michael Haneke (2009) Un pueblo del norte de Alemania en los meses previos al estallido de la Primera Guerra Mundial. Una serie de extraños acontecimientos, al parecer motivados por una voluntad oculta de aplicar castigos rituales, sacuden al pueblo. ¿Quién está detrás de estos actos? Hasta ahí el planteamiento de la historia en tanto que película de asesino en serie o whodunit, que diría Hitchcock. Y a partir de ahí, pura alegoría: sugerente, inquietante, fascinante. Haneke crea una gama de personajes-arquetipo que se adhieren a la memoria del espectador, proponiéndole nuevas preguntas y proporcionando nuevas respuestas semanas después del visionado. Entre esos personajes destacan por encima de todo los niños, que parecen directamente sacados de El Pueblo de Los Malditos, pero también el pastor obsesionado con la pureza del alma; el médico cruel y corrupto de puertas adentro, que sin embargo vende una imagen de corrección de puertas afuera; la familia de campesinos oprimida por el patrón, con el conflicto padre-hijo sobre la mansa aceptación de esa opresión; el barón y la baronesa, ésta última parte consciente de la corrupción y miseria subterráneas que ahogan al pueblo. Con todos estos personajes Haneke construye un intrincado juego de espejos en el que cualquier interpretación es válida. Sin embargo él mismo ha pretendido irónicamente, y con un punto de maliciosidad, centrar toda la atención en los niños para resaltar una interpretación por encima de todas: desde el título original (La Cinta Blanca – Una historia de niños alemanes), al contexto histórico: se desarrolla en Alemania en 1913, luego estos niños serán futuros nazis. Conclusión apresurada: he aquí las causas.
INVICTUS (Clint Eastwood,2009) 7/10 Mandela acaba de llegar al poder tras luchar durante años contra el poder del gobierno del apartheid en Sudáfrica, con el fin de iniciar una nueva etapa en la historia de su país, pero para ello tendrá que luchar contra los perjuicios de ambos lados negros y blancos. Impidiendo las acciones revanchistas de los negros y eliminando el temor al nuevo gobierno negro de los boers que poseen el 80% de la riqueza del pais, que necesita de ese dinero para desarrollarse y convertirse en una nación próspera. Allí es donde aparecen los Springsbok, el equipo de Rugby símbolo del gobierno del apartheid venerado por los blancos y odiado por los negros, que además de preferir la victoria de cualquier otro equipo, juegan al futbol y no saben, ni les interesa el rugby juego que por definión es de blancos racistas. Pero en 1995 el Mundial de Rugby se juega en Sudáfrica, y Mandela se propone que el equipo símbolo de la sudáfrica blanca se convierta en el equipo de toda Sudáfrica. Y para ello, empujará al capitan de los Springboks, François Piennar, a la conquista del título, con lo mejor que ha aprendido en sus años de carcel, el poder de la palabra.
He leído dos veces La Carretera, de Cormac McCarthy. El primero de esos dos acercamientos a la novela fue ciertamente superficial (y algo embarazoso en perspectiva). Ocurrió hace seis meses, la compré al vuelo en una gasolinera como “lectura de verano”, como quien se encapricha de un Larsson. Tengo excusa en reconocer que hasta entonces no había leído nada de McCarthy. Lo conocía como autor del “reconocido best seller en el que se inspiró No es País Para Viejos“. Punto. Y la novela me desconcertó. No leí la sinopsis, me enfrasqué directamente en ella y la abordé como un simple relato de terror (lo sé, relato de terror no es necesariamente sinónimo de simple, como tampoco lo es cierto cine de terror, pero permítame la licencia). Y avanzaba por sus páginas con una sensación incómoda, sí; de miedo, también, con el tema del canibalismo…Pero oiga, era verano y, cual lector de Larsson en el metro, yo reclamaba mi derecho a un giro argumental antes del capítulo 2. Giro que no llegaba, a lo que contribuía el hecho de que el libro no tiene capítulos: consiste en párrafos de 15-20 líneas, describiendo la supervivencia de padre e hijo al detalle. Pero ni siquiera la elocuente evidencia de esa ausencia de capítulos consiguió sacarme del estupor estival y hacerme ver la sustancia: que no era un “simple” relato de terror, que estaba leyendo mal, que mi enfoque era penosamente incorrecto, como el de quien se lee la versión cómic de Hamlet. Y terminé el libro a 40 grados y muy desconcertado. Y diez nevadas en Madrid no han sido suficientes para sacarme de ese estupor veraniego, no: lo que me ha sacado de él ha sido el estreno del film. Porque la semana pasada, con eso de que salía la película, le di una segunda oportunidad a la novela. ![]() The Road No sé si estarán de acuerdo conmigo si les digo que el otro fui a ver “The Road” y me pareció una de las mayores injusticias del cine de este año. Y es que resulta difícil de entender que una película como ésta no haya recibido ni una sola nominación a los Oscar de este año. No me refiero al Oscar a la mejor película (aunque bueno, con 10 nominados este año…), o al Oscar al mejor actor, aún teniendo en cuenta lo soberbios que están Viggo Mortensen y Kodi Smit-McPhee que con sus 13 años se carga media película a la espalda. Me refiero al soberbio trabajo de Javier Aguirresarobe en la fotografía haciendo que veamos, olisqueemos y casi palpemos la desolación y la arrebatadora angustia de un mundo que ha dejado de ser, de existir. La película nos cuenta, en efecto, una historia en un mundo, el nuestro, que ya ha terminado. Una nueva ración de cine post-apocalíptico del que ya hemos recibido unos cuantos best-sellers cinematográficos en los últimos años. De ahí nos llegaba una cierta pereza inicial al aproximarse al film, sobre todo porque no habíamos leído antes la novela homónima de Cormac McCarthy. Sólo sabía que este hombre ya nos había regalado “No country for old men”, de la que había salido la celebrada película de los hemanos Coen, y a pesar de lo que nos gustó aquella, la pereza asociada al riesgo de ver “otra peli de zombies” estaba ahí, palpable. Pero le vamos a dar un gustazo al lector y vamos a confesar que nuestros prejuicios eran erróneos. En efecto, nos equivocamos. O más bien nos pre-equivocamos, porque ahora lo estamos enmendando.
Ratatouille, de Brad Bird (2006) Siguiendo con el ciclo Pixar en Las Malas Artes. Ayer después de comer fui al cine (cosas de las vacaciones) a ver The Road y salí con la misma sensación de crudeza y “bocamarga” con la que te deja esa pedazo de novela de Cormac McCarthy. Buena adaptación de la que espero prometido post de Jos como agua de mayo (sin ceniza). Por la noche seguía con esa sensación incómoda materializada en la absorbente música de la pelicula, que no me quitaba de la cabeza. Y como parece que el prometido fin del mundo de libro y film puede esperar, o al menos no ocurrirá esta semana y jamás de 9 a 18h, decidí que al menos por un día era posible desconectar y hacer como si no ocurriera nada o como si esa novela no nos apuntara a todos con el dedo, hipnotizándonos con él, y posteriormente desplazando ese dedo (y a nuestra mirada tras él) para señalarnos la mayor putrefacción, involución y desesperanza posibles. En resumen, que me enrollo: que me quité la música (y el dedo) de la cabeza viendo Ratatouille, postergando el fin del mundo para momentos más soportables y adaptados a la situación, copa y puro en mano a ser posible: Entretenimiento de primera, comedia más que aceptable este Ratatouille. Nuevamente el mensaje es difuso y la acción bastante predecible, pero el divertimento es de primer orden gracias a sus personajes principales: el ratoncillo Remy y el pimpollo humano (Linguini) que acaba convirtiéndose en su amigo. En cuanto a los secundarios, los hay mejores y peores: sobresale ese crítico culinario (Anton Ego -¿qué genio pone los nombres a los personajes de Pixar?) al que pone voz Peter O’Toole (con lo que aprovecho para volver a aconsejar ver estos films en versión original), y que en el mejor y más delirante diálogo del film pide al camarero que le ponga de primer plato un poco de perspectiva. La “chica” del film (Colette) es un personaje menor, algo antipático y roñoso. No nos creemos su relación con el protagonista. Del chef originario del restaurante lo que más nos gusta es, nuevamente, el nombre: Gusteau. En cuanto a Skinner, el nuevo chef y archienemigo de Linguini, nos invade un déjà vu de que ya hemos visto personajes parecidos en mil películas de dibujos, el típico enemigo del protagonista siempre condenado a salir perdiendo. En cuanto a la colonia de ratas, funciona excelentemente como contrapunto cómico a Remy y sus ansias de renunciar a su naturaleza de roedor comebasura. En resumen, si bien me parece por debajo de otros films de Pixar, se agradece la idea de hacer una comedia de trompazos al más puro estilo slapstick entre fogones. Es agradable y divertida, y permite desconectar de The Road y su prometido fin de ciclo. Por lo menos hasta que llegue su post. Hablado de fines de ciclos: menos dos para acabar este ciclo Pixar. Wall-E, Up y fin.
A Serious Man (2009), de Joel & Ethan Coen Siguiendo con los Coen, ayer vi su último film. No ha reventado la taquilla precisamente, así que por una vez (y que sirva de precedente) no revelaré detalles que arruinen la película a los muchos que no la hayan visto. Un tipo serio se ha vendido como el film más autobiográfico de los Coen hasta la fecha, un acercamiento irónico y crítico de los hermanos a una comunidad judía de Minnesota en los años sesenta como aquélla en la que ambos crecieron. Una versión 100% judía de Fargo. Sin nieve.
Ayer vi la última de los hermanos Coen, A Serious Man. Estaba escribiendo la crítica y he empezado resumiendo lo que me parece la carrera de estos hermanos hasta hoy. No sé escribir y me he enrollado demasiado, pero no se queje, que así me da para dos posts, de los cuales éste es el primero. ¡Dos por el precio de uno, oiga! Me gustan los Coen, siempre los he seguido, y casi siempre he disfrutado con sus películas, en mayor o menor medida. Por orden: Hoy leo no sin cierto estupor sobre las declaraciones del señor Ramón Muntaner, a la sazón director mediterraneo de la SGAE, al hilo de la polémica existente sobre el canon y demás medidas draconianas de las que son responsables estos señores. Resulta que la razón de todo esto es sencilla: los españoles tenemos un nivel cultural muy bajo. Será por el franquismo. Además, mireusté, como los franceses son mucho más cultos que nosotros: no protestan. Y es que tiene toda la razón. Somos unos paletos, unos incultos, unos empecinados, unos brutos. Nos asaltan, bandera de tibias en mastil y cuchillo en boca, y todavía nos atrevemos a quejarnos. Debíamos aprender más de los franceses. ¿Qué os parece el señor Joseph Ignace Guillotin, por poner un ejemplo? Toco y me voy. |
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